Buscando a alguienModerador: Profesorado
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Buscando a alguienHacía unos pocos que había pasado lo de esa chica en la Torre Norte cuando iba hacia Adivinación, ese momento de calor interno que hacía tiempo que no disfrutaba, pero esa noche, era SU noche. Era Halloween, pero también era su cumpleaños, su decimo octavo cumpleaños, por lo que quería disfrutarlo, quería pasarlo bien, quería divertirse, pero para ello debería encontrar a aquella muchacha rubia de pelo largo y ondulado, de ojos verdes oliva, de piel blanca y labios carnosos. Tenía que volver a encontrarse con esa chica, con la dueña de esos labios que estuvo a punto de besar, pero que 'gracias' a su hermanito pequeño no pudo hacer, cómo lo odio en ese momento, cosa que no solía ocurrirle. No era la primera vez que su hermano le fastidiaba algo, ya que tenía la costubre de interrumpirle cuando se divertía, aunque la mayoría de las veces venía bien que le interrumpiera o William podía descontrolarse demasiado.
Durante esos días había pensado en la joven, no le gustaba quedarse a mitad con nada, menos con algo así a no ser que fuera él quien decidiera jugar con su presa. A lo mejor jugaba con la chica aunque no le apetecía, sólo dependería del comportamiento de ella. Durante esos días la vio por el comedor y por algunos pasillos, la ignoró, como si nada hubiera pasado en aquellas escaleras, como si él no hubiera lamido y besado su cuello, como si no hubiera acariciado sus muslos y su trasero, sin embargo esta noche era diferente, esta noche no la ignoraría, sino que iría a por ella, sabiendo que conseguiría de ella lo que quisiera, puesto que siempre lo conseguía todo. A su manera había aprovechado esos días, había aprovechado su poder, había conseguido lo que quería, obtener información sobre la joven. Así, gracias a los que rodeaban a la chica puedo averiguar que su nombre era Nadine Lilienthal, que era una aficionada a la moda e incluso que resultaba superficial, aunque él no estaba tan seguro de eso. Esa noche, aunque podía ponerse algo de ropa diferente a la del colegio, no le apetecía, prefirió ponerse el uniforme del colegio como siempre se lo ponía, peinó su melena larga dejándola caer suavemente por su espalda y sus hombros, para finalmente dirigirse al Gran Salón. Esperó un rato en el vestíbulo a ver si veía a la joven, así que al no verla se decidió entrar al Gran Salón. Nada más entrar se puso de mal humor porque automáticamente su uniforme se transformó en un disfraz de hombre lobo al estilo muggle, como pudo comprobar. Tenía las piernas peludas, las manos con garras peludas, algo de ropa rota que dejaba ver más pelo, pero lo peor era su pelo que estaba alborotado. - Tranquilízate... no serás el único que vaya disfrazado- pensó algo malhumorado al dirigirse hacia adentro del luego pero una vocecilla pseudoinfernal que pretendía asustar le preguntó "Truco o trato?". Se quedó mirando para responder con su ronca voz en un susurro "Truco", tras lo cual recibió un pergamino mientras que la voz le decía "Espera tu truco". William miró el pergamino en blanco, se lo metió en el bolsillo mientras avanzaba lentamente, de una forma muy lenta para lo que él solía andar ya que siempre daba la sensación de ir con prisa a algún sitio. Miraba a la mesa de Slytherin mientras iba a su mesa, buscándola con la mirada. Se paró un momento, volviendo a recorrer toda la mesa. -Es inútil. Nos han disfrazado a todos, así que a saber quién es- pensó algo decepcionado por no verla. ((Creo que ha quedado claro, pero vamos por si las moscas)) ((PRIVADO))
Esa sería su noche. Tras esforzarse tanto por conseguir el vestido perfecto, enterrarse bajo una montaña de libros buscando el hechizo indicado y quemarse más de una vez intentando dar con la poción que necesitaba, se merecía que esa noche fuera especial. Había ido a la biblioteca y más de una vez se había quedado hasta que cerraban. Su mochila estaba llena de bocetos y las escasas tareas que entregaba tenían dibujos en por lo menos una esquina. Se había obsesionado tanto con el vestido que llevaría esa noche que casi no había pensado en nada más.
Sin embargo, por mucho que le pesase reconocerlo había algo más que le impedía conciliar el sueño por las noches, el chico de la torre norte. Justo cuando estaba más concentrada en algún boceto o en alguna carta importante su mente volaba al beso en su cuello y un escalofrío le dejaba la mente en blanco por un momento. No se había atrevido a preguntar quién era hasta el día anterior a la hora de la cena, aunque se lo había topado más de una vez por los pasillos. Había aparentado haber olvidado momentáneamente su nombre y refiriéndose a otro chico que estaba sentado a su lado supo por fin quién era. William Jackson, 7º de Gryffindor, tenía un hermano gemelo llamado Edgard, lo cual explicaba la aparición del otro chico idéntico. No pudo pegar ojo la noche anterior, estaba demasiado nerviosa preguntándose si el vestido que había pedido llegaría mañana a tiempo, si quedaría bien el collar y los pendientes con el vestido, si la poción se cocería lo suficiente, si el hechizo que había estado practicando le saldría bien… Pero sobre todo se preguntaba si lo volvería a ver esa noche y si la recordaría. Se regañaba mentalmente por estar tan preocupada por algo tan superfluo como eso, pero no podía evitarlo. A la mañana siguiente necesitó más maquillaje de lo normal para cubrir las nada favorecedoras ojeras que le recriminaban la noche en vela. Pasó gran parte de la mañana bostezando en clases y dormitando escasos ratos. Alrededor de la hora de la comida llegó el tan esperado paquete. Nadine lo llevó hasta su habitación en un momento libre y volvió a sus clases radiante. Ya no parecía haber nada que la preocupara y todo estaba listo para la gran noche. Pero aunque exteriormente parecía muy segura de sí misma, en realidad no era más que una máscara para ocultar su inseguridad y el temor a que cualquier cosa echara por tierra tanto tiempo de trabajo. Cuando por fin terminaron las clases la rubia era un manojo de nervios que respondía de mala manera a cualquiera y lanzaba miradas asesinas a quien hablara un poco más alto de la cuenta. No soportaría esperar a que terminasen de arreglarse sus compañeras de habitación, por lo que se fue casi corriendo hasta su habitación esperando ser la primera en apropiarse del baño. Tras una larga ducha y beberse un buen trago de la poción aclaradora salió rauda a preparar el resto del disfraz. Sacó el vestido por primera vez y se lo puso, le quedaba como anillo al dedo. Tras contemplarlo por unos momentos comenzó a colocarse el resto de accesorios. Un collar de plata y unos pendientes discretos que brillaban un poco y finalmente unas sandalias planas apenas visibles bajo el vestido. Finalmente un trago más de poción aclaradora y apenas un poco de maquillaje. Un último vistazo al espejo le hizo darse cuenta de que estaba simplemente soberbia. El suntuoso vestido de novia de un pulcro blanco brillante había sido entretejido con hilo de demiguise y hacia los pies parecía ir desapareciendo poco a poco hasta llegar al suelo, donde apenas era visible cuando se movía. Su piel estaba mucho más pálida de lo usual gracias a la poción que había tomado y su cabello había dejado de tener el color de oro fluido para adoptar un tono más platinado. Se colocó el velo para cubrir sus ojos, pues era lo único que seguía manteniendo su color original, un verde olivo que ahora destacaban más que nunca. Sin darse cuenta de cuándo se había quedado sola en la habitación. Recordaba vagamente haber ayudado a alguien y quizás habría cruzado más de dos palabras con sus compañeras de habitación, pero había estado tan concentrada en ella misma que se había olvidado de todo. Ya sólo faltaba el toque final, un hechizo que había encontrado casi por casualidad que haría que brillara con una tenue luz propia. Agitó su varita y pronunció el encantamiento. Con una sonrisa de suficiencia salió por fin de la habitación lista para impresionar. Atravesó la sala común atestada de hadas, zombis y algún que otro hombre lobo y salio a las frías mazmorras. El frío se colaba sin contemplaciones, pero estaba demasiado emocionada como para prestarle atención. Finalmente llegó al vestíbulo donde otra horda de monstruos esperaban para entrar al gran comedor. Divisó a algunas de sus amigas perdidas entre la multitud y se acercó a ellas. Comenzaron a cotillear sobre sus compañeros, sus parejas y sobretodo los disfraces tras los acostumbrados cumplidos entre ellas. Entre alabanzas a algunos pocos afortunados y críticas ácidas al resto se fueron acercando cada vez más a la entrada. Nada más entrar Nadine escuchó una tétrica voz. “¿Truco o trato?” Preguntaba ésta a la rubia. “Trato.” Sentenció ella tras un momento para pensárselo, no quería arriesgarse a que le pasara algo desagradable con el truco. Un paquetito de color verde apareció en sus manos, y estaba apunto de desenvolverlo cuando alguien detrás de ella la empujó para que entrara por fin. Intentando mantener la compostura guardó el paquete en una bolsita camuflada entre los pliegues del vestido junto a su varita. El enfado por haber sido empujada no le duró demasiado, estaba perpleja con la cantidad de personas que había en el comedor. Quizás fuera sólo por la diversidad de color, pero Nadine notaba el comedor un poco más pequeño que cada noche. Pequeñas hadas reían por ahí, un par de zombies acompañaban a un grupo nutrido de momias y logró divisar una cabellera oscura conocida aunque un poco alborotada entre algunos vampiros. Le daba la espalda y se había detenido mirando hacia la mesa de Slytherin, como buscando algo. -O a alguien.- Simplemente pensar en algo así le hizo recordar lo poco que había pasado en las escaleras de la torre norte. Quizás podría sorprenderlo llegando por la espalda y susurrándole algo al oído, pero era consciente de que no era algo que pasaría desapercibido. – Ya no estás en medio de unas escaleras desiertas.- Se recordó con amargura. Quería que la viera, que viera lo hermosa que estaba esa noche y que se quedara sin aliento como en los cuentos de hadas, sin poder articular una sola palabra, sólo contemplándola. Soltó un bufido nada más pensarlo y puso los ojos en blanco, qué idea más infantil había tenido. Soltó una risita por lo bajo y siguió su camino hacia su mesa sin fijarse aparentemente en si pasaba cerca de él o no. ((Siento tardar, pero creo que valió la pena. Te paso los links de las imágenes para que te hagas una idea de cómo está vestida. Vestido Joyas Efecto))
((Por supuesto que valió la pena, contigo merece la pena esperar.))
Estaba tan espectante, tan ansioso en cierta forma de volver a ver Nadine, de verla esa noche, que en medio de todas aquellas voces que había en el comedor, tanto realmente como en su mente, la voz de ella resonó en su mente como si fuera la única, por encima de todas las demás. Supo de sus intenciones e incluso de su inusitada alegría al verle mirando hacia la mesa de Slytherin, pero se decepcionó al darse cuenta de que no intentaría sorprenderlo por la espalda, por lo que él decidió hacer como que no sabía nada, dirigiéndose más lentamente hacia su mesa, dánde la oportunidad de pasar cerca de él. Aún y todo, él dejó escapar un ligero 'jujuju' grave, como ya lo hubiera hecho en la torre a su oido, debido a los pensamientos supuestamente infantiles de la joven, de los deseos de Nadine, deseos que él cumpliría sin problema alguno, porque esa noche, quería cumplirselos, tanto a ella, como a él mismo. William quería algo de ella, algo que le podría costar más o menos conseguir, algo que prefería que le costara mucho conseguir, porque si le resultaba fácil obtenerlo sería porque utilizaría la fuera bruta con ella, cosa que no le apetecía. Quería que ella se rindiera ante él, cosa que conseguiría. Se acercaba la joven, de forma que él se paró en seco de forma que cuando ella pasó a su lado William la cogió de la mano, dio un tirón de ella hacia él, dejandola ante sí mismo. Se quedó mirándola, sorprendido en cierta forma de lo que veía, ya que la chica parecía emanar una luz propia muy tenue. Clavó sus ojos en los de ella, estudiándola, sin decir nada al menos durante un momento. "Qué pena no seguir en esa torre solos, no Nadine?" le mirándola a los ojos, lentamente, con su voz grave en un ligero susurro. Llevó su mano izquierda a la cintura de la joven, arrimándola un poco más a él mientras que con la mano derecha le daba una suave caricia por su mejilla, apartando un mechón de pelo rebelde que había ido hacia su cara. La observaba de arriba a abajo -Desde luego se ha lucido para impresionarme- pensaba mientras seguía estudiándola con la mirada. Por un instante para él había desaparecido el resto del mundo, el resto de personas que estaba en el comedor, había desaparecido, sólo existía ella. -Qué leches te pasa?- se preguntó a sí mismo indignado, pero recuperó la compostura, garraspeó un poco antes de hablar:"A dónde crees que vas? Porque tú esta noche cenas conmigo, y yo no me voy a sentar en un nido de serpientes. Tenlo claro, al igual que yo tengo claro que hoy estás guapísima". Miró para su mesa, poco convencido de que una Slytherhin fuera del todo bien recibida allí, además de que Edgard aparecería por allí, siendo probable que le fastidiara los planes para esa noche. La llevó de la mano hasta la mesa de Hufflepuff, al llegar a la mesa la soltó brevemente para hacer el gesto de apartar la silla, para que SU chica se sentara, mientras él volvía a hablar con su voz ronca y grave: "Mejor un sitio neutral, donde ambos podamos sentirnos algo incómodos por la misma razón, ¿no te parece?" le preguntó sin dejar de mirarla.
Sintió que alguien tomaba su mano y tiraba de ella. Sabía quién había sido, pues había estado pendiente de las personas que estaban a su alrededor, pero eso no le impidió quejarse un poco. Soltar un ligero “¡Auch!” y mirar la amenazadora garra que la aprisionaba con indignación. En cuanto quedó frente a él fijó su mirada en esos ojos oscuros que había parecido aprenderse hasta el cansancio en la torre, la estudiaban. Una media sonrisa se dibujó en su rostro fugazmente, estaba muy tentada a romper el momento preguntándole qué quería, pero antes de que pudiera articular palabra él se le adelantó.
Quería gritarle que sí, que realmente lo lamentaba, pero el gesto que acompañó a sus palabras la hizo tensarse y contener la respiración. Estaban en medio del gran comedor, con muchas personas mirándolos, ¿cómo podía hacer algo así? Se suponía que nadie se había enterado siquiera que se conocían, excepto por el hermano… ¿no? Desvió la mirada, pero no apartó su rostro de esa mano de aspecto amenazante por las garras. Pudo ver de reojo a sus amigas, sus ‘inseparables’ amigas que ahora cuchicheaban entre ellas y la señalaban descaradamente. Muy bien, si así estaban las cosas les daría verdaderas razones para que cuchichearan y de paso se divertiría todo lo que quisiese, esa noche no se preocuparía por las consecuencias. O por lo menos no tanto como el resto de los días. Un carraspeo demasiado cercano la sacó de sus pensamientos y volvió a centrar toda su atención en el moreno. Rió tontamente con el comentario ¿qué más daba que esa noche tuviera que sentarse en territorio hostil si le había dicho que estaba guapísima? ¡Qué importaba, le había dicho lo que había estado esperando oír! Se dejó llevar hasta la mesa de de Hufflepuff sin quitar esa tonta sonrisa de su rostro. ¡Se habría dejado llevar hasta el mismo centro del bosque prohibido y no se habría dado ni cuenta! Notó el gentil gesto de William y de pronto una duda la asaltó, ¿cómo podía alguien ser tan poco delicado un día y al poco tiempo ser todo un caballero? -Pasar de ser un chico lindo con malos modales a un hombre lobo caballeroso es demasiado radical.- Pensó divertida aunque bastante intrigada. Desde luego no es como si lo conociera de toda la vida, pero tenía la impresión de que en realidad él no era así. –Esperará algo a cambio, pero ¿podré pagar ese precio?- La simple idea le hizo bajar la mirada, azorada. “Supongo que tienes razón, algo de terreno neutral viene bien de vez en cuando.” Dijo monótonamente mientras tomaba asiento en la silla que le ofrecía. Recogió su vestido con cuidado y se sentó, un poco incómoda pues el vestido estaba hecho casi únicamente para permanecer de pie, pero algún precio debería de tener ¿no? – Como todo…- Alejó de sí esos pensamientos y volvió a colocar su típica sonrisa postiza que le daba ese aire de superficialidad mientras miraba a su alrededor. Una momia bastante estrafalaria sacaba un paquete de color amarillo, lo que hizo que recordara el propio con un ligero ‘Oh!’. Entre tantos pliegues del vestido no podía encontrarlos, pero finalmente logró sacar su paquete por casualidad. Al abrirlo varios dulces de colores variados aparecieron. Recordaba haber visto algo así en Honeydukes el año pasado, pero no recordaba la sección en la que estaban… “¿Quieres? Me los dieron en la puerta.” Ofreció sonriendo a su acompañante. Si tenía que haber un conejillo de indias no sería ella. Las dudas aún no se iban del todo de su mente, pero no podría hacer nada si no disimular. ((En el paquete hay caramelos un tanto especiales: “De un aspecto oscuro y opaco, de colores fuertes, rojo sangre, verde sin brillo, un naranja fuerte, uno casi negro. Tienen un sabor dulce suave, nada demasiado excesivo, con sabores diversos, de limón, naranja, mandarina... no obstante, algunos son los caramelos pellizcadores, cuando los tocas con la lengua, estos pueden saltar y pellizcarte en cualquier parte, la cara, la mano o la misma lengua!! Un producto de Honeydukes. Obviamente no hay manera de diferenciarlos, están entre los normales, pero lograr comer uno otorga un sabor dulce y agradable.” Tú eliges. xD))
((Perdona la espera, pero quería que esto fuera algo especial))
Queriéndolo o no, Nadine se había quejado cuando William la había agarrado, pero eso a él no le importó, sabía que la joven haría patente su supuesta fragilidad, así que simplemente dejó escapar un ligero 'jujuju' ronco. Sabía que ella deseaba estar con él por mucho que no dejara de mirar a sus amigas, - Estúpidas e ignorantes, que no sirven para nada- pensó para sí mismo, orgulleciéndole comprobar que ella lo eligió antes que a ellas, aunque también le pareció curioso, ya que sin duda la joven parecía decidida esa noche a que no le importaran las apariencias, a no preocuparse por las posibles consecuencias. -Aún tiene mucho que aprender- se decía algo divertido, con unas extrañas ganas de separarla de todo eso que la rodeaba, de hacer que sólo él la rodeara, que él fuera su mundo. -Déjate de bobadas, comienzas a parecerte al Edgard- Sonrió ante el pensamiento de la zagala, le gustaba que pensara de él de esa forma, alimentaba su orgullo sobremanera, cosa que no es que le vienera bien porque ya tenía el orgullo bastante fuerte aunque le gustaba sentirse así, que el orgullo ya no le cabía en el pecho, que alguien a pesar de tenerle miedo a ratos, de alguna forma no se lo tenía, cometiendo el gran error de hasta casi llegar a confiar en él, cosa que casi nunca era bueno. Lo mejor de todo, es que parecía ser que la chica no era tan tonta como sí le gustaba aparentar, tenía clara que él esperaba algo a cambio.-Y tendré lo que quiero- "Nadine, aprede que siempre tengo razón" dijo con una gran seguridad en sí mismo, con una sonrisa de medio lado perdonavidas, que solía haber en su rostro, con una gran confianza que era imposible revatirle tal afirmación, que parecía ser una verdad absoluta, mientras la joven tomaba asiento con una cara en la que no se esbozaba su tradicional pero falsa sonrisa de siempre, eso que le daba su aire de superficialidad. William sabía que la joven estaba preocupada, sabía cuales eran sus temores, intuía cuál sería la debilidad de la joven esa noche, sabía qué deseaba de ella, sabía que deseaba que ella fuera vulnerable ante él, que ella fuera incapaz de esconderle nada esa noche, deseaba que ella le contara hasta el más oscuro, el más retorcido sentimiento que tuviera. Acabaría consiguiendo lo que deseaba -Si no hoy, otro día, mejor no darse prisa-. Ese fue un pensamiento que le extrañó de sí mismo, al a vez que la joven urgaba entre las telas de su vestido. La rubia fantasmagórica le tendío un paquetito con un caramelo dentro, ofreciéndoselo, miró el paquete para luego mirarla a ella. "Imaginaba que si tenías el valor suficiente para destrozar la reputación de los demás con tu lengua viperina, también lo tendrías para hacer un truco esta noche. Ya veo que nó" comentó sarcástico, irónico, incluso hiriente, con un tono de voz suave, ronco y bajo cerca de ella. Sin reparo alguno cogio un caramelo de color negro, lo llevó lentamente a la boca, sin prisas, con calma, extendiendo el momento, haciendo que la joven disfrutara su momento de curiosidad, aunque algo pasó en ese instante: cuando ya tenía el caramelo cerca de la boca, éste saltó de los dedos de William para caer en los labios de Nadine, pellizcándolos. William no lo pensó dos veces. -Es mi oportunidad para todo- cruzó por su mente cuando acercó su boca a la de ella, cuando rozó los labios carnosos de la joven con sus dientes, atrapando al juguetón caramelo, llegando a partirlo en dos, para luego introducir un trozo en la boca de Nadine empujándolo con su lengua a la vez que cogía su trozo apoyándose de los labios de ella. Cuando tuvo el caramelo en su boca, después de asegurarse de haberle metido a ella un trozo se apartó masticando con dureza la golosina dulce, de sabor agradable que tenía en su boca. Cuando terminó de masticarlom, tragó para después hablar con su tono ronco, leve, pausado. "No ha estado mal el caramelito, aunque prefiero algo más consistente. ¿Qué te apetece cenar?" dijo ignorando el hecho de que acababa de besar a la joven, como si no hubiera pasado nada, aunque en su interior comenzaba a prenderse un chispa. "Qué patéticos sois. No sois más que piezas prescindibles y no os dáis cuenta de ello"
Había obviado el primer comentario acerca de que él tenía siempre razón desviando la mirada, como haciendo que en realidad no había escuchado nada; pero ese segundo comentario, esa ironía que acababa de decir como si hablara del tiempo, no la podría pasar por alto. Por un fugaz momento su rostro mostró lo molesta que estaba, pero en segundos volvió a colocar su sonrisa de siempre.
“Oh, ¿en serio imaginabas algo así William? Se nota que no me conoces...” No iba a darle explicaciones de por qué había escogido en trato, no podría entenderlo. El tono había sido casual, como si realmente no le diera importancia. Observó cómo el moreno tomaba el dulce negro de entre todos los demás y se disponía a comerlo con una lentitud inusitada. “Además, no soy Griffindor como para tener que probarle mi valor a na... ¡Auch!” Había querido seguir hablando para que no se notara tanto la curiosidad que sentía por el caramelo en cuestión, pero éste había saltado de la mano que lo sostenía para caer a sus labios, pellizcándolos. Se intentó llevar una mano a la zona afectada, pero antes de que pudiera mover un solo músculo el chico se ‘abalanzó’ sobre ella. Fue demasiado rápido como para darse la oportunidad de dejarse llevar por las circunstancias, por lo que apenas y le dio tiempo de parpadear un par de veces y quedarse estática mientras él hacía todo el ‘trabajo’. Aprovechando que se había quedado boquiabierta por la exclamación había introducido la mitad del dulce dentro de su boca y la otra mitad se la había llevado con él junto a ese beso robado. El chico se separó con la misma naturalidad con la que se había acercado dejándola aún boquiabierta y sin saber qué hacer. El ruido que hacía William al masticar el caramelo le hizo reaccionar. Cerró la boca rápidamente saboreando el dulce y recorrió con la mirada los alrededores, aunque manteniendo en su rostro el asombro. Un par de chicas cerca de ella cuchicheaban y un duende se había quedado boquiabierto por lo que acababa de ver. – ¡Reacciona!- Se regañó mentalmente mientras cambiaba su expresión por una más confiada en sí misma, como si todo aquello hubiera sido premeditado. Dirigió una mirada de desprecio a las chicas y, dándose cuenta de que aún tenía en su mano el paquete con los dulces, se lo ofreció al pequeño duende con una sonrisa. “Saben muy bien, pero ten cuidado, pellizcan.” Le comentó cuando aceptó el regalo un poco vacilante. “Oh, espera. Creo que me quedaré con este rojo si no te importa.” Agregó tomando el caramelo en cuestión antes de que apartara la mano y colocándolo en una servilleta. Le dirigió una última sonrisa confiada y volvió a prestar a tención a su acompañante. ¡Por Merlín, qué mal momento le había hecho pasar…! Aunque, quizás no hubiera sido tan malo después de todo había terminado, por fin, lo que había iniciado en la torre antes de ser interrumpidos por su hermano... Perdida en pensamientos de ese tipo, aún debatiendo si había sido un mal rato o no, volvió a encarar a William. El chico había dicho algo sobre la cena, algo que ella no había escuchado atentamente como se esperaba que hiciera. Odiaba cuando le pasaba ese tipo de cosas, no podía evitar sentirse perdida en la conversación y a veces debía pedir que le repitieran las cosas. Intentó salir del apuro con un comentario lo suficientemente ambiguo como para que no sonara raro. “¿Cenar? Claro, como quieras…” Dijo arreglando su vestido distraída y mostrando de nuevo su sonrisa postiza. Jugaba con el trozo de dulce que tenía en la boca, dándole un aire aún más distraído. Tomó su plato y se lo pasó al moreno sin fijarse en si la comida ya había aparecido en la mesa o no. No podía dejar de lanzar miradas a su alrededor disimuladamente, intentando ver el impacto que había creado y calculando el daño que había hecho ese roce a su imagen. Toda ella pendía de una frágil hebra en ese momento y su futuro dependía de cómo reaccionara el resto. -Olvídate de todo.- Se dijo al recordar su ‘promesa’ de no darle la más mínima importancia a toda esa madeja complicada de escalafones sociales, debía centrarse y divertirse y dejar que esa noche fuera sólo ‘Dine’, como la llamaban sus hermanos. Cerró los ojos fuertemente, intentando no escuchar nada*, intentando olvidarse que estaba sentada en la mesa de Hufflepuff, intentando olvidar que sus ‘amigas’ estaban pendientes de todos sus movimientos, intentado olvidar todo excepto a su acompañante… Pero no podía, había demasiadas cosas en juego. “Yo… William… No, no puedo… Los demás… Yo no, no debo… Hay cosas en juego que…” Había encarado a William con el firme deseo de sincerarse, de darle a entender que debía irse, que no podía sentarse con él. Pero al verlo había comenzado a tartamudear, a desviar la mirada y ahora enredaba sus dedos en su vestido pidiendo a todos los dioses que no la dejaran seguir haciendo el ridículo de esa manera. Le lanzaba miradas fugaces, pero no lograba armarse del valor necesario como para poder decir más de cinco palabras seguidas en un volumen tan bajo que apenas y ella misma se escuchaba. ((*Eso significa que si William dice algo Nadine no lo escuchará.))
Miró a la joven durante unos segundos, estudiándola aún más de lo que ya lo había hecho durante esos días que la había visto por los pasillos, más de lo que había hecho días antes en la Torre de Adivinación, más de lo que lo había hecho al cogerla entre sus brazos instantes antes. Había escuchado sus palabras, eso de que no la conocía realmente, aunque ella no sabía cuán equivocada estada, cosa que él estaba dispuesto a demostrarle, demostrándole así que siempre tenía razón. "No. No estoy equivocado. Lo sabes." dijo secamente con su voz ronca para luego, transcurridos unos segundos volver a hablar lenta y pausdamente, con su leve tono un poco por encima del murmullo de las conversaciones que había al rededor, sin dejar de mirarla fijamente, dejando notar que ella era un ser viviente al que William estudiaba.
"Te escondes. Tu sonrisa nunca es sincera. Al menos, en estos días no te he visto una sonrisa totalmente sincera. Te escudas en ella para no demostrar lo que realmente eres. Te da miedo ser tú misma delante del resto de las personas que te rodean, porque le tienes demasiado miedo al qué dirán. Siempre muestras una fachada ante el mundo. Lo peor, es que también te escondes ante tí misma, tal vez te avergüence demostrar lo que eres, o simplmente te cuesta aceptarte tal cuál eres, porque te han inculcado que no debes ser así" Siguió mirándola fijamente, dejando que cada palabra que había dicho calara en la mente de la fantasma rubia. "Sin embargo, a mí no podrás ocultarme quién eres realmente, ni cuáles son tus miedos. Como el que sientes ahora de que tus amigas cuchicheen. Por un lado deseas estar ahora con ellas, siendo tú la que cotillee de otra chica, pero también deseas estar aquí, conmigo. Y sabes que yo no voy a dejar que te marches ahora. Quiero que estés aquí." Le sonrió con su sonrisa particular. "Siempre tengo la razón. Siempre obtengo lo que quiero. Ahora mismo, te quiero a tí. Ya te he conseguido, sólo que tú no te has dado cuenta aún". Sólo entonces dejó de mirarla, como si no hubiera dicho, siendo consciente de que al menos la mitad de sus palabras podrían calar hondo en la joven. -Lo harán, lo sé- Sin ningún tapujo ni reparo, William se había abalanzado sobre la joven para simular coger parte del caramelo, para besarla disimuladamente, pero no había motivos para ocultar eso, al menos no para él. -Será divertido ver lo nerviosa que se pondrá- Pensaba mientras la besaba, ya que la había interrumpido. Él disfrutó el beso, sabía que ella también lo había disfrutado, sabía que la joven se sintió aliviada al besarla porque era algo que ella deseaba deesde la torre. -Y yo- llegó a reconocerse a sí mismo, haciéndole poner una cara de pocos amigos, que pasó de nuevo a ser su cara inexpresiva de siempre, con su gesto de mirar a los demás por encima del hombro, aunque a Nadine comenzaba a mirarla a su propia altura. -Al menos será así mientras me divierta- cruzó por su mente a la vez que su sonrisa perdonavidas cruzó sus labios. Tras ver la no reacción de la joven después de su beso, para luego reaccionar rápida y estúpidamente, mirando en derredor, a las chicas que cuchicheaban, al elfo doméstico boquiabierto, para después ofrecerle el resto de los caramelos, William comenzó a reír por lo bajo intentando no soltar una sonora carcajada. Este tipo de actuaciones, este tipo de reacciones, este tipo de formas de proceder ante situaciones desconcertantes, le producía mucha diversión. Suspiró hondo tras reírse, mientras se volvía otra vez a mirarla, algo extrañado. La zagala parecía estar distraída, William sabía que estaba distraíada, que su beso la había dejado casi en shock, que aún trataba de recuperarse, así que le dio tiempo, hasta que poco después, Nadine le dio su plato, sin mucha antención. William le sirvió algo de comida, puso en el plato un poco de patatas hornedas, algo de carne asada, un poco de salsa para que la carne no estuviera tan seca, un trozo de pan, a la vez que miraba a la joven de reojo, que volvía a mostrar su postiza sonrisa; algo que molestó a William, pero la joven seguía pensando en lo suyo, estaba en su mundo. Él prefirió no intervenir en su discurso mental, así que se le puso el plato delante, para luego servirse el suyo con lo mismo, para que justo al terminar de servirse mientras ponía el plato en la mesa, Nadine volvió a hablar, pero era incapaz de articular una frase con sentido. La observó juguetear nerviosa con el vestido, mirando a otro lado, como si no pudiera mirarle a él, no podía mirarle, él sonrió orgulloso, se levantó bruscarmente, para colocarse de otra forma. Volvió a sentarse en el banco, pero esta vez, estaba perpendicular a Nadine, con una pierna a cada lado del banco, con las piernas totalmente separadas. Se sentó muy cerca de ella, deslizó suavemente su mano por la cintura de la joven, casi abrazándola por la zona, a la vez que su otra mano iba a su barbilla, que agarró con firmeza, como ya lo había hecho anteriormente. Sin dejar de darle esa especie de abrazo, clavando sus castaños ojos en los verdes de la joven, con cara seria, volvió hablar. Esta vez su voz ronca sonaba un poco más alta que antes, con un tono de voz más exigente, pero a la vez más dulce que antes. "Antes de nada, preferiría que no volvieras a sonreírme de esa forma tan falsa, como has hecho hace un momento". Siguió clavando sus ojos en los de la joven, con más violencia, con más firmeza, sin parpadear. "Ahora, dime aquello que no te atreves a decirme. Dime que quieres levantarte para irte con tus amigas, porque no quieres dar una mala imagen por estar con un Gryffindor, o tal vez, por el simple hecho de estar con un chico. Dime que te avergüenza estar a mi lado. Dime que quieres marcharte" Esperó cinco segundos antes de continuar. "No me lo vas a decir. No porque no tengas el valor suficiente, sino porque lo que quieres, es estar a mi lado, pero te da miedo. Hay algo más profundo que hace que te de miedo tenerme a tu lado, pero lo escudas con el miedo al qué dirán tus estúpidas amiguitas cotorras" sentenció William, tajantemente.
La estudiaba sin contemplaciones, como si quisiera memorizar cada milímetro de la rubia. Se sentía incómoda, estaba acostumbrada a ser observada, pero nunca de esa manera tan directa, como si quisiera pasar la barrera de la piel y mirar un poco más profundo. Nada le impidió poner los ojos en blanco al escuchar que se empeñaba en decir que siempre tenía razón, tenía que desviar la mirada y hacer como si eso no tuviera importancia alguna. Una media sonrisa sarcástica apareció en su rostro sin proponérselo y sus cejas se arquearon para recalcar su gesto.
Al escuchar su monólogo su rostro no dejó de cambiar casi con cada frase. Primero un gesto burlón alzando aún más las cejas; en un momento desvió la mirada al escuchar la verdad sobre su sonrisa que nunca era sincera, algo demasiado real como para negarlo. Al momento siguiente una mirada escrutadora y un poco incrédula, un ‘¿Me has estado observando todos estos días?’ murió nada más ocurrírsele sin atreverse a interrumpirlo. Tras esto de nuevo una protesta silenciosa que se quedó en un gesto de indignación poco creíble y que fue luego incrementada con un claro gesto casi de desprecio por sus palabras tan atrevidas acerca de su fachada. Estuvo muy cerca de soltar un bufido de incredulidad al escuchar que a él no podía mentirle, que al instante se quedó congelado en su garganta a la vez que la rubia se preguntaba cómo podía saber lo que sentía y pensaba. Finalmente desvió la mirada intentando recobrarse un poco de lo que acababa de escuchar. Había sido un golpe bajo, la verdad pura y dura sin palabras bonitas para poder entenderlas según su gusto. – Excepto la última parte…- Ella no podía decidir si era la verdad o no. Quería creer que no, pero la seguridad con que había hablado el moreno la hacían dudar de sí misma. Intentó dejar de lado ese tipo de pensamientos, concentrarse en cosas más mundanas, como la lucha de casas, como la fiesta en sí… Cualquier cosa sería buena para evitar pensar en esas palabras. La oportunidad se le dio con el beso, intentando mantener las apariencias su mente se vio absorbida por completo, aunque como siempre el inconsciente trabajaba mientras tanto incrementando las dudas y haciéndolas tan fuertes que su parte consciente no pudo más que volver a prestarles atención. En el momento en que jugaba con su vestido, intentando encontrar las palabras adecuadas y reunir el valor suficiente como para enfrentarlo, su mente dejó fluir todo a la vez. Estaba abrumada con tantas cosas. Por un lado los comentarios que no dejaban de ser la cruel y fea verdad y por otro el beso. No sabía qué pensar ni cómo actuar, ni siquiera sabía si esperaba que hiciera algo en especial o no. Pocas veces se había sentido así, tan vulnerable, tan impotente ante una situación. –Ni mil Kath’s podrían haberme preparado para esto…- Se dijo con amargura intentando ordenar sus pensamientos. Lanzó una mirada de soslayo a su plato. Papas asadas, carne con salsa y un trozo de pan. Nada de eso se le antojaba, de pronto había perdido todo el apetito a pesar de que no había comido más que una manzana a la hora de la comida. Notó que William se levantaba. – Quizás haya comprendido el mensaje y se vaya…- Dirigió su mirada a hacia él, para asegurarse de que no se fuera de su lado, para decir alguna tontería en caso de que realmente se alejase de ella. No quería que la dejara, no ahora. Pero no, el muchacho volvió a sentarse, pero esta vez perpendicular a ella. Nadine se tensó notablemente en cuanto notó el contacto de su mano en su cintura y se resistió un poco a encararlo, aunque finalmente la firmeza con que la había tomado de la barbilla la forzó a moverse. Se obligó a sí misma a mantener el contacto visual y a no parpadear más de lo estrictamente necesario. Asintió levemente al primer comentario, ni siquiera se dio cuenta de que lo había hecho. Boqueó intentando encontrar las palabras, ahora le había dado la oportunidad de terminar con toda esa farsa y volvía a quedarse muda. Pero ¿realmente quería hacerlo? Hacía un momento no había querido que él se fuera. – Pero eso era porque se vería mal que me dejara plantada a MÍ.- Se volvía a mentir a sí misma, con las mismas y gastadas excusas de siempre. Intentó convencerse que en realidad no quería estar allí, que había sido obligada por él, que todo volvería a la normalidad si se levantaba y se iba… Pero en segundos vino el reto. A Nadine las palabras del moreno le parecieron más bien una provocación. ¿Quién se creía él para decir que no le iba a responder? Y el resto… el resto no importaba, Nadine no había esperado a escuchar el resto, se había quedado con la primera frase, un ‘No me lo vas a decir.’ tan fanfarrón que la hizo reaccionar casi por inercia. Las palabras del chico le dieron fuerzas para encararlo y responderle, y el hecho de que de alguna manera sabía que se acercaba peligrosamente a la realidad, a la odiosa y terrible realidad que se había ido ocultando a sí misma. “Te equivocas de nuevo.” Su acostumbrada sonrisa volvía a estar presente en su rostro, pero ahora más tirante y falsa que de costumbre. Le restregaría por la cara lo equivocado que estaba con ella. No sería sumisa y disciplinada como esperaba. “No es cierto que TÚ me des miedo. No eres nadie y bien podrías estar a seis metros bajo tierra y nadie notaría la diferencia.” Finalmente había encontrado el valor para decirle los típicos comentarios de los que cualquier Slytherin que se precie estaría orgulloso. Ni siquiera en la torre había sacado a relucir ese lado suyo que había ido desarrollando durante todo ese tiempo en la casa de las serpientes. Pero ya iba siendo hora de hacer honor a su casa. “Y desengáñate, ni tú, ni ninguna otra cosa que tu Gran Imaginación conciba, me dan miedo. Y sí, me preocupa lo que piense la gente de mí ¿Te molesta de alguna manera o el simple hecho de que tú no te puedas contar entre ‘la gente’ es lo que hace que te comportes como un idiota?” Ya iba con carrerilla. No sabía de dónde le llegaban las palabras, simplemente se limitaba a decirlas con la entonación adecuada para que fueran hirientes. No estaba haciendo un escándalo como estaba acostumbrada, más bien se limitaba a mirarlo y hablar tranquilamente en un tono frío manteniendo en todo momento su sonrisa. Si lo hubiera escuchado hasta el final se habría dado cuenta de que en realidad no estaba respondiéndole, si no que más bien se limitaba a responderse a sí misma. Si hubiera prestado atención quizás la venda que por tanto tiempo había llevado en los ojos se habría caído y la dejaría ver la realidad como era y no como quería que fuera; o simplemente se habría limitado a apretar un poco más el nudo como hacía ahora. Ya todo eso no importaba pues la rubia parecía no querer volver a saber nada del chico. Había apartado la cara y miraba hacia otro lado intentando aparentar que en realidad no estaba siendo casi abrazada por el Gryffindor. Se volvió un momento para soltarle un escueto: “Creo que ya puedes soltarme, si no te importa claro.” Ya no parecía ni remotamente feliz, ni siquiera cómoda en ese lugar. Su gesto era de hastío e indiferencia y su postura indicaba lo mismo, con la barbilla apoyada en su mano para evitar que la volviera a hacer mirarlo. Quería parecer molesta, pero en realidad no dejaba de darle vueltas a lo mismo: lo que le había dicho. Se odiaba por pensar en eso, pero no podía evitarlo, sus palabras habían pasado la gruesa capa de superficialidades y había calado hondo en ella. Algo la estaba haciendo reflexionar de verdad, no era algo que se viera todos los días. ((Siento la tardanza))
((Espero que realmente sepas perdonarme por la tardanza y por lo extenso del post))
La chica ahora se sentía incómoda ante la mirada escrutadora de William, pero eso a él no le importaba. Sólo quería llegar a lo más profundo de su ser, cosa que parecía más fácil de lo que ella pensaba, de lo que jamás pudiera imaginar. Observaba sus movimientos, sus gestos,sin embargo, no se atrevía a interrumpir al joven moreno, sólo le dejaba hablar a sabiendas de que lo que decía era la realidad, por mucho que no quisiera admitirlo, por mucho que no quisiera reconocérselo a sí misma. La joven rubia no paraba de preguntárse cómo William sabía tanto de ella, aún no le interrumpía, sólo hacía algún gesto impertinente para intentar dejar claro que lo que él decía no le importaba, que eran cosas absurdas, aunque en su mente sabía que William tenía razón. Durante el beso, él había seguido estudiándola levemente, llegando a preguntarse quién era Kath, pero ya lo averiguaría, conseguiría que ella se lo contara, tarde o temprano, conseguiría todo lo que quisera de ella. -Y más- pensó de forma orgullosa, seguro de sí como siempre lo había estado. Nadine se contradecía a sí misma sin parar, primero quería que se fuera de su lado, segundo no quería que se fuera, tercero, se engaña a sí misma diciéndose que estaría mal que la dejaran plantada a ella, pero por mucho que ella intentara engañarse, no podía engañar a William porque él sabía que ella no quería que lo dejara, aunque también sabía que intentaría, vanamente, aparentar lo contrario. William volvió a sonreír de medio lado, con su mirada infranqueable, punzante, estudiosa sobre ella. Volvió a decirle que se equivocaba, que no la conocía, comenzando con un monólogo apenas inteligible que sólo servía para que Nadine se convenciera de todo lo contrario a lo que realmente sentía. William, sin dejar de abrazarla por la cintura la escuchó en silencio, mordiéndose el labio intentando no hacer lo que quería hacer. La Sly miró a otro lado intentando disimular ciertas cosas, aunque volvió a mirarle para decirle que la soltara. Fue ahí cuando William no pudo resistirlo más, apoyó su frente en la cabeza de la joven, dejando sus labios cerca del oído de Nadine, comenzando a reír levemente. Instantes después la risa del moreno era una auténtica carcajada, así que apartó su cabeza de la de ella, echándola hacia atrás, sin dejar de reír, para luego volver a acercarse a ella, cogerla una vez más de la barbilla haciendo algo de fuerza para que la chica le mirara, pero al no conseguirlo y no querer usar su fuerza para obligarla a hacerlo, le susurró una vez más a su oído: "Ese discurso, ¿ha sido para mí o para tí misma?." Una risita leve, un 'jujuju' volvió a escapar de sus labios muriendo en el oído de la chica que tenía a milímetros de sus labios. "Eres más divertida de lo que piensas." Le dio un suave beso en el pelo, sobre el oido. "Lamento que la cruda verdad sea tan dolorosa". La volvió a besar en el mismo sitio que antes. Algo se movió en el bolsillo del joven captando su atención, por lo que soltó a la joven, para meter la mano en donde notaba algo vibrando. Sacó el trozo de pergamino que le habían dado a la entrada, lo leyó en silencio. Su cara fue cambiando poco a poco, miró de golpe a una fuente que había en la mesa de Gryffindor, se quedó lívido, más pálido de lo que se podía esperar. No, no le había gustado lo que había leído. Estaba muy serio cuando volvio a pasar su mano por la cintura de la joven, cuando pasó su otra mano por el cuello de ella, deslizándola a la mejilla que quedaba del otro lado, su voz sonó seria, más de lo que nunca le pudo sonar a la joven, cuando le susurró una vez más al oido. "Confía en mí Nadine. No te haré más daño del necesario. Te lo demostraré". Se levantó de golpe, caminó hacia la mesa de Gryffindor hasta colocarse delante de la fuente que había mirado poco tiempo antes. Se remangó la camisa mientras suspiraba profundamente sin dejar de mirar el contenido de la fuente: hielo, unos entraños dulces que parecían cebreros en miniatura congelados y una tijeras, su objetivo. Colocó la mano sobre la fuente, la cerró varias veces antes de decidirse a meter la mano de golpe en la fuente, tenía que coger esas tijeras. Un escalofrío recorrió su cuerpo de arriba a abajo, el líquido de dentro de la fuente estaba congelado, cosa que a William le sentó mal, ya que no soportaba el frío en absoluto. Encima, los dulces raros que había allí se abalanzaron a su mano, mordiéndole, dejándole marcar, succionando su piel cual sanguijuelas intentando impedir que él obtuviera las tijeras, por lo que sin dejar de rendirse, terminó de hundir la mano en el sitio hasta que las cogió, sacando las manos de golpe, respirando tranquilo. Ahora su mano estaba manchada con un líquido gelatinoso, dejando que el pelaje de su garra del disfraz que le había impuesto, se apelmazara a mechones, dejando ver parte de su auténtica piel que ahora se veía rojiza por los chupetones de esos dulces, de los que por cierto, tenía aún uno colgando, así que le dió un golpe con el dedo corazón después de haberlo sostenido un momento con el pulgar. El bichejo salió volando, estampándose en la cara de un alumno que pasaba en esos momentos, aunque William lo ignoró, volviendo a la mesa de Hufflepuff, acercándose a Nadine otra vez. Acarició el cuello de la joven con la mano que tenía seca, con la que no sostenía las tijeras, dejando que de la otra mano escurriera algo de líquido pegagoso hacia el suelo. Agarró un mechón del precioso pelo rubio de Nadine, para acto seguido cortarlo, sin importarle la reacción de la joven, ni sus posibles quejas, para luego ponerlo sobre la mesa, a su lado. Después cogió un mechón de su larga melena morena, en la parte de la nuca, se lo cortó, para ponerlo sobre la mesa junto al pelo de Nadine. Volvió a sentarse mientras clavaba fuertemente las tijeras en la tabla de la mesa con la mano derecha a la vez que con la izquierda sacaba su bolsillo la varita. Una vez sentado, apuntando a los dos mechones de pelo con la varita, los unió trenzándolos entre ellos, creando una preciosa pulsera de pelo natural. Luego la cogió delicadamente por una punta, cogió la mano izquierda de Nadine con fuerza, para colocarle a la joven la pulsera de pelo que le había hecho, atándola con fuerza. Por último, la miró una vez más a los ojos, clavándole otra vez la mirada a la vez que volvía a sonreírle de forma orgullosa. ((EL TRUCO: Has pedido truco y eso es lo que tendrás: En algún lugar de la mesa de Gryffindor hay unas tijeras. Está dentro de una fuente llena de hielo donde nadan unos extraños dulces que parecen cerebros en miniatura congelados y que si alguien mete la mano dentro de avalanzan sobre ella y succionan, dejándola llena de pequeñas marcas que parecen chupetones. Impedirán por todos los medios posibles que cojas las tijeras. El líquido, parecido al almibar está ultracongelado y por consiguiente las tijeras estás heladas. Has de conseguir esas tijeras metiendo la mano sin guantes y sin ninguna protección ni medio mágico, cortarle un mechón de pelo a Nadine sin pedirle permiso, cortarte tu uno después y regalárselo. Todo sin una palabra. El fin en este caso justifica los medios. Si se te caen las tijeras o simplemente no quieras hacer el truco, atente a las consecuencias. Feliz Halloween xD ))
La volvía a observar, no, la estudiaba. Estudiaba sus movimientos, sus palabras y a toda ella. Parecía estar totalmente concentrado en ella, mordiéndose el labio y con una sonrisa de medio lado la había escuchado sin mover un solo músculo, hasta que se le ocurrió decirle que la soltase. Entonces Nadine comprendió que en realidad no estaba concentrado en ella, que no le importaba lo más mínimo lo que decía. Sólo estaba intentando contener la risa. ¿Tan patética se había visto? La ira creció aún más en su interior, se iría en cuanto le diera oportunidad, no quería compartir el mismo aire con alguien como él. Apartó la cabeza en cuanto notó el contacto casi asqueada de que la tocara.
“No le veo la gracia.” Lo dijo en tono tan gélido que cualquier otro habría dejado de reír en el momento, pero él no. Él se limitó a seguir carcajeándose de ella. Si las miradas matasen William habría muerto en ese mismo instante, fulminado por la de la rubia. Apartó la mirada ofendida, volviendo a sostener la barbilla con su mano y mirar hacia el lado opuesto a donde estaba él. Pero sus carcajadas terminaron y volvió a intentar hacer que lo mirara. En vano, Nadine tenía la firme decisión de que no lo volvería a mirar y forcejeó hasta que desistió en su intento. Mas lo que optó por hacer el moreno no fue tampoco del agrado de Nadine, comenzó a susurrarle al oído de nuevo, esta vez más cerca que antes. Frunció el cejo ante el primer comentario. - ¿Me viste hablando con alguien más?- Se limitó a pensar sarcástica, había hecho la promesa de no mirarlo y la cumpliría. Su gesto de enojo se incrementó aún más cuando escuchó que era ‘divertida’ y se le escapó un bufido cuando la beso, pero se quedó pasmada cuando el chico volvió a hablar. ¿Cómo podía saber que eso era lo que había pensado? ¿Tan fácil era leer sus gestos? ¿Tan transparente era? Notó cómo la soltaba, pero no pudo reaccionar. ¿Por qué le daba cosas para pensar justo antes de que le diera la oportunidad para terminar con todo eso? Se habría levantado airada de la mesa de no ser porque intentaba recordar el momento en que su rostro había mostrado más de lo que debería. Si su memoria no le fallaba en ningún momento había dejado que ni un gesto, ni un solo atisbo de reconocimiento aflorara a su rostro, ni siquiera cuando el golpe había sido tan directo y duro. Ni siquiera después del beso cuando se había quedado desarmada, ni cuando había reaccionado como toda una Slytherin. – Pero en algún momento tuvo que haber pasado porque si no… no hay manera de que lo sepa. – Tan sumida estaba en sus pensamientos que se sobresaltó cuando volvió a notar su mano alrededor de su cintura y la otra en su mejilla. Apartó el rostro, solo consiguiendo acercarlo más a donde estaba el chico, acortando la distancia entre ambos. El tono la puso en un estado de alerta, nunca lo había escuchado tan serio, pero el golpe de gracia fue el comentario. - Se supone que NO debes hacerme daño, así, sin más. No otra vez, no lo soportaría…- Su mente voló a cuando aún contaba con 14 años, a ese verano que había vivido engañada y a esa herida que aún no terminaba de curarse. Lo miró levantarse y alejarse con un gesto de angustia, pero su mente no estaba allí, recordaba fragmentos sueltos del verano de hacía dos años. Sus ojos siguieron su recorrido hasta la mesa de Gryffindor. – Ahora es cuando se acercará a la primera chica que se le cruce y la besará con pasión en mis narices. O la traerá y me dirá que en realidad todo había sido una apuesta y todo el comedor se reirá de mí. – Entre pensamientos de esa índole sus ojos miraban ausentes al moreno en su mesa y no observaron hasta que William metió la mano en una fuente. Vio cómo su cuerpo se tensaba de pronto, como si el chico hubiera sentido algo que no fuera de su agrado. Hundió un poco más el brazo ante la expectante mirada de Nadine y finalmente sacó de golpe unas tijeras. Un gesto de desconcierto se apoderó de su rostro, volvía, solo y con unas tijeras en la mano. De esas tres características solo una era medianamente buena, regresaba solo. No acompañado de una linda chica, no acompañado de un compañero con sonrisa burlona, no acompañado simplemente. De las otras dos, una no estaba segura de si era buena, o de si quería que fuera buena, y la otra era simplemente mala y sospechosa. ¿Para qué necesitaría unas tijeras? Por un momento que se le hizo eterno temió por su vestido, temió que de pronto se volviera loco y comenzara a cortar a diestro y siniestro su hermoso vestido. Lo observó atentamente imaginando las miles de posibles aplicaciones que le podría dar a unas tijeras hasta que se detuvo a su lado de nuevo. Un temeroso “¿Qué vas a hacer?” se le escapó en un hilillo de voz mientras notaba la caricia en su cuello. Era como el beso traidor del que tanto hablaban a veces su padre y sus hermanos, un gesto cariñoso antes de clavar el cuchillo en su corazón. Cerró los ojos y se preparó para sentir el golpe, para notar cómo de pronto destrozaba algo. Pero nunca llegó, tomó un mechón de su cabello y sólo escuchó el cerrarse de las tijeras muy cercano a su oído. De pronto comprendió lo que había hecho, se llevó la mano instintivamente a la zona donde había cortado. El muy idiota se había atrevido a cortarle un mechón de su precioso cabello. Nadie hacía algo así a Nadine Liliental, era de dominio público que la rubia apreciaba más su cabello que la vida de muchos de sus compañeros. Lo cuidaba como si fuera oro en finas hebras, como si su vida dependiera de ello, y el Gryffindor había pasado totalmente por alto ese mínimo e insignificante detalle. “¿Qué demonios crees que haces?” Le espetó furiosa cuando logró recuperar el habla. Lo peor de todo era que no le había cortado un mechón de la parte de atrás, el cual podría haber sido fácilmente camuflado con el resto de su larga cabellera, si no que había sido uno de la parte de delante. Ahora se vería asimétrica, con un lado más largo y otro considerablemente más corto, sería el hazmerreír de toda la escuela. Y todo por culpa de William. Pero el chico no se había quedado allí, ahora también cortaba un mechón suyo. La rubia notó muy molesta que él sí cortaba uno de la parte de la nuca. Abrió la boca en un gesto de indignación. Faltaba poco para que se pusiera despotricar contra él y todas las generaciones que le precedieron y le precederían, pero el chico fue más rápido y con un movimiento limpio clavó las tijeras en la mesa. El súbito movimiento y el sonido hicieron que Nadine se tragara todas sus protestas de golpe, no quería que lo próximo en ser ensartado fuera su mano en vez de la tabla. Observó pasmada como el chico sacaba su varita para trenzar ambos mechones, después tomaba su mano izquierda con fuerza para atarle la ‘pulsera’ y finalmente se le quedaba mirando como si tuviera que agradecerle el gesto o algo así. Eso fue ya demasiado para Nadine, le importaba poco que sus manos fueran ensartadas o que de pronto además de cortar su cabello se pusiera cortar su vestido, eso no iba a quedar impune. “Se puede saber…” Un tono demasiado tranquilo salió de sus labios, la típica clama que precede a la tempestad. Su mano libre se crispó sobre la mesa, agarrando lo que estaba debajo que casualmente era un cuchillo de carne. “¿QUÉ DEMONIOS HAS HECHO?” Gritó desesperada aún manteniendo su mano en la mesa. No esperó a que le respondiera para continuar. “YO TE DIRÉ LO QUE HAS HECHO. ¡HAS FIRMADO TU SENTENCIA DE MUERTE MALDITA SEA!” Seguía gritando como si no hubiera un mañana, su cara comenzaba a ponerse de color rojo por el esfuerzo y ahora blandía el cuchillo a pocos centímetros del rostro del muchacho. “Pero claro, a ti no te importa lo más mínimo lo que me pase, claro. No importa que a partir de ahora deba de usar cabellos postizos o recurrir a complicados hechizos que pueden tener un peor efecto sobre mi imagen. ¡Pero eso a ti no te importa lo más mínimo por supuesto! Porque, cómo, ¿tú preocupándote por alguien más que por ti mismo y tu estúpido truco? Im-po-si-ble.” Había bajado la voz hasta hacerla casi un susurro cargado de odio. “¿Pues sabes qué? Ya puedes ir pidiendo disculpas y esperando a que te perdone ¡sentado! Porque desde luego esto no se quedará así.” De pronto se fijó qué era lo que estaba blandiendo y una idea pasó por su mente. Tomó el cuchillo de otra manera y comenzó a cortar la ‘pulsera’. Tras un par de pinchazos que apenas notó, pero que lograron que su piel se ruborizara y en uno de ellos casi salir sangre, desistió. El cuchillo no cortaba lo suficientemente rápido y se resbalaba provocándole los pinchazos. Soltó un bufido de frustración y sacó su varita. “Diffindo.” Con un susurro apenas audible pero aún cargado de ira contra el moreno pronunció el hechizo. No pudo controlar la intensidad del encantamiento pues no era dueña de sí misma siquiera y terminó haciéndose una herida peor en la muñeca. El rojo de su sangre manchó la pulsera, el mantel y dejó un par de gotas grandes sobre el blanco impoluto de su vestido. Recogió la servilleta donde estaba el dulce que había guardado y se la colocó para parar la hemorragia, mientras que con la mano afectada recogió el manojo de cabellos y se levantó airada. “Si esperabas un gracias o algo así ya puedes seguir esperando.” Le espetó fríamente al moreno mientras le arrojaba lo que antes había sido una pulsera a la cara. Se dio la vuelta decidida, aún sujetándose la servilleta alrededor de la muñeca. Debía irse de allí, volver a su ‘nido de serpientes’ como él lo había llamado al principio, por lo menos allí no tendría que verlo y quizás consiguiese arreglar el destrozo un poco. Habría sido perfecto irse a su habitación o por lo menos a la sala común, allí no podría seguirla y no tendría que respirar el mismo aire que él. Pero para su desgracia los profesores habían dejado más que claro que no estaba permitido salir del Comedor hasta que el banquete hubiera terminado. Cruzó el pasillo central sin levantar la mirada, por lo que apenas y pudo evitar atravesar a los fantasmas que aún bailaban un par de veces. La sensación de ser mojada con un balde de agua fría la dejó por un momento en el sitio y sin aliento, había traspasado un fantasma sin querer y no era, para nada, una sensación agradable.
((Espero que seas capaz de perdonarme por mi error))
La joven estaba molesta por su risa, cosa que en parte era normal ya que había interpretado mal la risa del chico, que no se reía de ella, sino de su actitud falsa, estudiada, haciéndose la ofendida con él, cuando realmente estaba ofendida con ella misma, porque lo que William Jackson había hecho, era escupirle a la cara la cruel verdad, que al ser terminado con un 'creo que ya puedes soltarme' cargado de indignación fue lo que le hizo reír de esa forma. Sabía que la joven intentaría llevárselo al terreno personal, que lo dramatizaría, pero no esperaba ese reflejo de niña malcriada, mimada, que siempre hace lo que le da la gana, aunque la gran mayoría de las cosas se las concedan para que no suelte la lagrimita. "No me rio de tí" le susurró al oído, dudando que la joven le hubiera escuchado ya que en ese momento retiró la cabeza, fingiendo estar asqueada de él. HAbía notado a la joven sobresaltada cuando volvió a cogerla de la cintura, cuando le hizo mirarle una vez más, notó su temor, escuchó claramente en su cabeza el pensamiento de la joven, diciéndose a sí misma que simplemente no debía hacerle daño, que otra vez no lo soportaría.-Ya averiguaré más sobre eso- se dijo a sí mismo, dejando a Nadie con todas sus dudas en mente, mientras él iba a su mesa a hacer cierto encargo. Observó el cierto grado de alivio que mostraba Nadine en su cara, aunque había un gran desconcierto en su rostro, al saber el motivo, William no rió. -¿Celos? Interesante- pensó orgulloso de sí mismo, muy orgulloso ya que su ego se había incrementado de forma exponencial con ese gesto de Nadine. La notaba tempblorosa, con miedo a lo que hiciera cuando la acariciaba. Todo pasó rápido, le cortó el pelo sin darse cuenta de que no era un mechón de la nuca, sino otro de una zona más visible, por lo que la joven se indignó con razón, siendo acallada por el moviemiento de William al clavar las tijeras en la mesa, aunque no tardaría mucho en saltar. -Con toda la razón, me he pasado... Qué te estás diciendo Willie?- Se dio la vuelta para colocarle a la chica el brazalete que le había hecho, para ver cómo la joven comenzaba a echarme una bronca que hasta él mismo, sabía que merecida, pero de paso, Nadine usaba la excusa del pelo para descargarse con él por todo lo dicho anteriormente. Se quedó quieto, mirándola fijamente, estudiándola una vez más, dejando que se desahogara todo lo posible. Prefirió no interrumpirla al verla cortando el mechón de pelo con el cuchillo, que luego cortó con un 'Diffindo', cortándose a ella misma también. Fue a curarla, pero no hizo nada porque sabía que era mejor no actuar en ese momento, dejarle unos segundos para que se calmara, a la vez que la joven se levantaba, tirándole la pulsera a la cara, con una servilletaba en la muñeca para cortar la hemorragia. Se quedó mirándola como se marchaba con aire ofendido -Admite que te has equivocado, lo sabes, sabes que no tuviste que cortarle el pelo de ahí, pero lo hecho, hecho está. Al fin y al cabo, por bajar la cabeza una vez con ella, no tendrás que volver a bajarla. Podrías ganar algo si lo haces, sino, perderás...¿Y no te gusta perder, verdad William?- Algo hablaba en su interior, alguien con quien William no se llevaba muy bien, él mismo, su verdadero ser. Respiró hondo y se lenvató llendo deprisa hacia Nadie que se había quedado de pie en medio del pasillo porque había atravesado un fantasma. Al levantarse cogió las tijeras, al caminar se cortó un mechón de pelo justo de delante de la cara, para al llegar a ella desde atrás, pasó su mano derecha por el hombro de la joven poniéndola a la altura de sus ojos, para soltar su largo mechón de pelo recién cortado, dejándolo caer la suelo, mientras que con la mano izquierda guardaba las tijeras en el bolsillo del pantalón que llevaba. La envolvió por la cintura con ambos brazos, con suavidad, arrimándola a él, para volver a susurrarle. "Lo siento. Me he equivocado y he cortado donde no debía. Mi truco consisitía en no decirte nada y hacer lo que hecho. Claro que también quería que tuvieras un recuerdo mío, de esta noche. Queria ser yo quien regalara,no el regalado" dijo suavemente, acercándose más a ella, dejándole sentir su propio pecho en la espalda de la joven, subiendo lentamente su mano izquierda hasta la cara de ella posándola en su mejilla derecha, mientras William movía su cabeza para llevarla al oído izquierdo de la joven rozando sus secos labios por la nuca de la joven, respirando contra su piel. "Realmente lo siento Nadine. Siéndote sincero, debes saber que nunca me disculpo ante nadie, eres la primera"-Ante nadie que no sea Eddie- se matizó a sí mismo. Era cierto, William Jackson nunca bajaba la cabeza ante nadie, excepto su hermano Edgard, con el que se sentía en dueda, al que debía proteger a toda costa, motivo por el que tal vez William solía quedrse muchas veces sin palabras, sin saber qué decirle a su hermano pequeño, consiguiendo éste que fuera el propio William quien se sintiera el pequeño de los dos. "No deberías preocuparte, estás y estarás guapa siempre, te pongas lo que te pongas." Inclinó su cabeza para darle a la joven en un beso en el cuello, suave, tierno, sincero. "Parece que no te quedaron marcas del otro día, me alegro." Hizo una pequeña pausa antes de continuar de nuevo, susurrándole al oído "Vuelve conmigo, quédate a mi lado, aunque sea sólo esta noche, por favor". Se quedó ahí, abrazándola desde detrás, esperando la respuesta de la joven. Quería pasar esa noche con ella, al menos parte de ella, era su cumpleaños, su decimoctavo cumpleaños, cosa que era especial para él, quería compartir esa noche con ella, haciéndola sentir especial, pero como siempre no sabía cómo obtener lo que quería. "Qué patéticos sois. No sois más que piezas prescindibles y no os dáis cuenta de ello"
El frío la había devuelto a la realidad. En medio del Gran Comedor con una servilleta alrededor de la muñeca y haciendo el ridículo como nunca. El eco de sus gritos aún resonaban en su cabeza, los cuchicheos ya se hacían sonar y las miradas clavadas en ella la hacían azorarse. Dirigió su mirada a la mesa de su casa. Sus queridas e inseparables ‘amigas’ cuchicheaban entre ellas señalándola sin ninguna clase de disimulo. Una de ellas con una sonrisa triunfal en su cara mirándola, regodeándose de su desgracia. Desvió la mirada paseándola por el resto de su mesa, la mayoría la veía con repulsión, desprecio y algunos hasta con burla. Bajó la mirada avergonzada, notaba cómo el calor subía a sus mejillas. Ya se imaginaba los comentarios ácidos de sus compañeras de casa cuando se sentara con ellas, no podría soportarlos. Intentó apartar esos pensamientos de su mente, pero ya era capaz de escuchar la estridente voz de Sue preguntándole ‘inocentemente’ qué le había pasado. Pero tampoco podía volver, había dado un ultimátum y se había enfadado. Estaba atrapada en una encrucijada de su propio juego y no sabía qué hacer para escapar.
De pronto una garra dejó caer un mechón de cabello negro delante de sus ojos y al momento sintió que dos fuertes brazos la tomaban por la cintura. Alguien más había decidido por ella qué camino tomar. Se dejó llevar olvidándose de todo, de las miradas, de los cuchicheos. Se dejó acercar un poco más a él, se dejó abrazar, se dejó acorralar por sus brazos de nuevo. Escuchaba en silencio, pero escuchaba como nunca antes lo había hecho, atesorando cada palabra como si fuera oro. Se disculpaba con ella, lo que nunca creyó escuchar era realidad. ¿Había dicho que lo sentía? ¿El chico malo se había equivocado? ¿Y qué quería decir eso de ser el que regalara y no el regalado? Demasiadas preguntas en su cabeza que se le olvidaron de pronto, en cuanto sintió su mano de nuevo en su mejilla y su respiración peligrosamente cerca de su oído. Era 'la primera'. Esas palabras resonaron en su mente. Eso explicaba la torpeza. Cualquier otro habría dicho algo sobre lo impulsivo que había sido, sobre que en realidad no deseaba hacerlo, sobre que lo habían obligado… Cualquier mentira había sido válida para que lo perdonase. Pero él no, él se limitaba a decir que se había equivocado al cortar sin lamentarse por haber cortado realmente. Pero todo eso se le olvidó en un instante. Había dado en el clavo al disculparse comentando sobre su belleza, su maltrecho ego pedía a gritos algo así de inmediato. Y después el beso en el cuello, otro punto a su favor que la dejaba a su voluntad. Pasó unos escasos segundos deleitándose con el sonido de sus palabras en sus oídos hasta que su cuerpo recobró su movilidad. Llevó su mano izquierda hasta la garra que aún estaba en su cintura, manteniendo la servilleta contra su propio cuerpo, y la apretó, haciéndose saber que seguía allí y que no la dejaría a su suerte. “No es justo ¿sabes?” Comenzó negando levemente con la cabeza aún sin mirarlo. “No es justo que tú, de alguna manera, siempre sepas hacer lo correcto en el momento preciso, no es justo que sepas tanto de mí cuando yo sólo sé tu nombre y que tienes un hermano y no es justo nada de esto que me dices y mucho menos la forma en lo que lo haces. Sabes que de alguna manera no puedo enfadarme contigo así me hubieras dejado calva y si lo hago sabes exactamente qué decir para que lo olvide.” Se volvió a mirarlo y notó que uno de los mechones del moreno, uno de los que estaban justo delante de su cara, estaba más corto de lo normal. “O qué hacer…” Musitó antes de alargar su mano derecha para acariciar su cabello, la curva de su mandíbula y finalmente sus labios secos. Por un momento estuvo a punto de dejarse llevar y besarlo, pero se contuvo antes de comenzar a acercarse. Apartó la mano y volvió a mirar hacia algún punto cercano a la puerta. Tragó saliva con dificultad para intentar pasar el apretado nudo que se acababa de formar en su garganta antes de seguir hablando. “No es para nada justo…” Tuvo que respirar muy hondo para contener todas les emociones que comenzaban a aflorar y que durante tanto tiempo habían sido reprimidas. Soltó un bufido y se mordió fuertemente el labio inferior mientras un amago de sonrisa triste asomaba por las comisuras de su boca. “Lo peor de todo es que tú tienes la culpa de todo esto, tú y tu estúpida sonrisa de suficiencia. Si de pronto soy el hazmerreír del colegio tú serás el culpable de todo.” No podía mirarlo a la cara o el ruido del comedor volvería a desaparecer peligrosamente. Tomó por fin una decisión. “Quiero… olvidar que estoy enfadada contigo y que las arpías esas están diciendo mil y un tonterías de mí. Quiero olvidar todo lo que me has dicho y volver a empezar. Quiero que esta noche sea si no perfecta algo que se le parezca mucho. Y si para conseguirlo debo volver a esa mesa y poner cara de arrepentida por haberte gritado no lo haré, así deba pasar toda la noche aguantando a mis ‘amigas’. Así que ya puedes comenzar a pensar una alternativa para salvar lo poco de mi reputación que aún sigue en pie, porque a mí no se me ocurre ninguna.” Volvió a mirarlo de nuevo, pero ahora la determinación le impedía volver a quedarse embobada mirándole. O eso esperaba. “A menos que prefieras que me vaya.” Terminó encogiéndose de hombros luciendo un gesto de desafío, con una media sonrisa apenas asomada y una ceja arqueada. Inconscientemente había acortado las distancias para intentar reafirmar sus palabras, pero ese acercamiento dramático había logrado otra cosa. El volumen del comedor volvía a bajar peligrosamente y ella no podía apartar la mirada de esos ojos oscuros.
La joven rubia se dejaba abrazar, se dejaba acorralar, se dejaba acercar al cuerpo de William no sin cierto miedo a mirarle, a volver a caer en su profundo instinto, a volver a caer en perderse a sí misma siguiéndole a él. Pero William lo conseguiría, conseguiría que Nadine se dejara guiar, costara lo que costara, que de momento era un mechón de su melena junto a una disculpa torpe del joven. Sabía cuáles eran sus dudas, quería respondérselas, estaba dispuesto a eso, estaba dispuesto a contarle cosas siempre que ella preguntara sus dudas, siempre que ella sacara de su cabeza esas dudas, exponiéndolas ante él. Nadine se dio la vuelta entre sus brazos, mirándole, para comenzar a hablar, mientras William no dejaba de clavar sus castaños ojos en los verdes de ella, volviéndola a estudiar una vez más, con su sonrisa de suficiencia en los labios. Movió suavemente la cabeza cuando ella comenzó a acariciar su pelo, luego su mandíbula, intentado dejarle claro que le gustaba esa caricia, para luego, al sentir los dedos de la joven en sus labios, besarlos suavemente sin dejar de mirarla nunca.
Cuando ella retiró la mano, para mirar hacia la puerta, William subió su mano derecha por la espalda de la joven, marcando el camino con el dedo índice, hasta llegar a su nuca, donde apoyó la palma entera, para después subir un poco más la mano hasta la coronilla de la joven, haciéndo algo de presión hasta conseguir que la joven apoyara su cabeza en su pecho. William dejaba que Nadine hablara tranquila, que se desahogara, que no se cortara, que por una vez dijera lo que realmente sentía, lo que realmente pasaba por su cabeza, lo que realmente pasaba por su corazón, por lo que sin perder la sonrisa, William la escuchaba acariciando su pelo suavemente. Al terminar, se tomó su tiempo para responderle. Antes de volver a hablar, bajó de nuevo su mano por el cuerpo de la joven, dedicándole una vez más una caricia suave, una caricia tranquilizadora, que sin duda alguna para el gryffindor, tenían respuesta rápida en la fantasma slytherin que tenía entre sus brazos. Cogió su mano, la que tenía herida por la muñeca, la llevó a sus labios para lamer la herida suavemente con la punta de la lengua, limpiándola dulcemente con su saliba, manchándose la boca dándole una apariencia extraña, a la vez respulsiva pero a la vez sexy. Se pasó la lengua por los labios, limpiándose a sí mismo, sin dejar de mirarla nunca a los ojos. Guió la mano de la joven que aún tenía agarrada hasta su propio pecho, dejándola apoyada ahí, para volver a bajar su mano a la cintura de Nadine. La acercó más a él, más si aún se podía, dejándola sentir los latidos de su corazón que iba tranquilo, pero palpitaba fuerte. Volvío a hablar una vez en un susurro, con su barbilla apoyada en la sien de la joven. "Si prefiriera que te fueras, no estaría aquí abrazándote. Sobre tu reputación" puso cierto retintín en 'reputación' "es fácil. Tenías que hacer un truco" un ligero 'jujuju' volvió a salir de su boca, para continuar hablando. "Del resto, sólo puedo decirte que yo sólo sé de tí que te llamas Nadine Lilienthal, que estás en Sexto, que eres una Slytherin." Se paró unos segundos. "Eso es lo que sé a ciencia cierta, lo que intuyo" - por decirlo así- pensó para sí. "es que te interesa demasiado el qué dirán por cómo te comportas, por cómo no paras de mirar alrededor mirando quien te mira, mirando quien cuchichea. Y por cómo has reaccionado por lo del pelo, es fácil adivinar que te preocupa tu aspecto, por lo que no me extrañaría que hbieras pasado horasarreglándote esta noche, tal vez para mí. No soy tonto, ni ciego. Te he visto mirándome estos días como si no lo hicieras" volvió a sonreír una vez más con su aire suficiente. Llevó una mano hasta la barbilla de la joven para levantarle la cara, para hacer que lo mirara una vez más. A su vez, él se acercó a ella, dejando sus labios a menos de un milímetro de los de ella, de forma que cada vez que los movía no podían evitar rozarse el uno contra el otro. "¿Quieres saber algo más? Hoy es mi cumpleaños. Quiero pasarlo contigo y voy a pasarlo contigo" Había total confianza en sus palabras, como si dijera una verdad universal.
Una lucha interna hacía que el volumen del comedor subiera y bajara en los oídos de Nadine. Cuando conseguía volver a escuchar claramente el sonido de conversaciones y de los cubiertos contra los platos de metal podía notar las miradas de las personas clavadas en ellos, pero cuando se perdía en la profundidad de los ojos que miraba el resto desaparecía momentáneamente.
Notó que soltaba su mano herida cuando se volvió a mirar la puerta, pero no pareció darle la más mínima importancia. No intentó retener la mano que ‘apresaba’ a pesar de que soltarla para ella significaba casi perder ese punto de apoyo. Reprimió cualquier tipo de reacción a su contacto el mayor tiempo posible, pero cuando volvió a bajar su mano hacia su lugar de origen no pudo evitar que un leve escalofrío apenas perceptible la recorriera. Esa misma garra que había apretado con fervor momentos antes volvía a su mano herida, pero esta vez para llevarla hasta su boca. No le importó lo más mínimo que la servilleta cayera al suelo, estaba demasiado intrigada por lo que iba a hacer con su mano como para preocuparse por ello. Elevó una ceja en una silenciosa pregunta mientras observaba lo que hacía con su mano. Su saliva ardía un poco, pero todo tipo de protesta o queja se quedó en una inspiración un poco más profunda y ruidosa que mantuvo apresada en sus pulmones hasta que William colocó su mano herida sobre su pecho. Notaba su corazón palpitando, tranquilo y regular, en la palma de su mano sin necesidad de acercarse más, pero aún así se dejó llevar. Parecía no tener voluntad propia, como si fuera una muñeca articulada, sin vida. Y lo peor de todo es que le daba igual. Reprimió un bufido junto con las ganas de apartarse cuando la abrazó. Odiaba que la ‘abrazaran’ así, la barbilla se movía con cada palabra y eso se transformaba en leves pero molestos golpes en su sien. Paro aún en contra de lo que se decía, el abrazo la hacía sentir protegida y calmada, como si no tuviera que preocuparse por nada. Su hermano Daniël, su confidente cuando estaba en Hogwarts, la abrazaba así cuando las cosas no salían como ella quería y por eso para ella significaba una muda promesa de que estaría bien, de que todo volvería a la normalidad. Inconscientemente la tensión que se acumulaba en sus músculos se relajó y sin saber cómo comenzó a juguetear con un hilo suelto de su camisa. Escuchaba a medias entre la maraña de recuerdos que venían de pronto a su mente. Pero volvió a la realidad cuando escuchó su nombre. -¡Qué bien suena!- Pensó al escucharlo dicho con su voz tan grave. Sonaba como si fuera el nombre de una mujer ya madura, quizás alguna exitosa trabajadora del ministerio, quizás la respetable esposa del ministro o quizás una sanadora experimentada… Tantas posibilidades que no se parecían para nada a la pequeña ‘Dine’, esa niña caprichosa que se sentía de pronto. Pero fue sólo por un momento, una ligera regresión a cuando su vida no era tan complicada. No le prestaba mucha atención a lo que decía William, oía pero no escuchaba, estaba más entretenida enredando su dedo en el hilo suelto. Hasta que comentó su preocupación por su aspecto. No pudo evitar soltar un bufido por lo bajo como protesta por decir eso de ella. ¡Ella no lo miraba! ¡Ni siquiera disimuladamente! Sus amigas se habrían dado cuenta demasiado pronto… Quizás le hubiera lanzado una fugaz mirada de vez en cuando, como esas que se le dan a las armaduras, lo justo para estar segura de no chocar contra ellas. Se había puesto a la defensiva y ahora sólo rumiaba una posible respuesta lo suficientemente hiriente como para que la dejara en paz. Pero no pudo pensar en nada, de pronto había acortado demasiado las distancias. Invadía su espacio personal y no podia hacer nada para evitarlo. Casi saboreaba las palabras pronunciadas por él de lo cerca que estaban el uno del otro. Cada movimiento de sus labios provocaba un leve roce electrizante para la Slytherin. De esa manera se enteró de que era su cumpleaños y que estaba más que decidido a pasarlo con ella. Boqueó por un momento demasiado largo a la vez que deslizaba su mano derecha por el pecho de él subiendo por su cuello hasta su mejilla y acariciándola suavemente. Su mente estaba en blanco, pero una idea descabellada comenzaba a formarse en su cabeza. “Felicidades.” Murmuró sin apartarse, haciendo que sus labios rozaran un poco más y apresando por un momento el labio inferior del chico con sus propios labios. Fue sólo un pequeño roce antes de interponer los mismos dedos que acariciaban su mejilla entre los labios de ambos y dar un pequeño paso hacia atrás. Esbozó una sonrisa divertida, la primera sincera de toda la noche, tenía ganas de divertirse un rato. “Pero ¿sabes? Es de mala educación y de mal gusto decir que una chica se arregla para alguien, y de alguna manera debes aprenderlo.” Desvió la mirada y observó su propio dedo enredando aún el hilo de su camisa, su sonrisa se ensanchó antes de volver a mirarlo. “Así que dime, ¿qué harás si me niego a pasar lo que queda de la noche contigo? ¿Volverás a acorralarme en una torre aislada o esta vez serás más original? Porque no pareces ser del tipo de chico que tiene un plan B.” Se mordió el labio inferior sugerentemente mientras volvía a mirarlo a los ojos. Volvía a jugar con fuego, lo sabía, pero esta vez se divertía como nunca antes. Además estaba matando dos pájaros de un solo tiro, mantenía su imagen ante el resto, pues podría decir con pruebas consistentes que alguien le había echado un ‘Confundus’, y a la vez podía hacer lo que quisiera sin preocuparse por el resto, sólo tenía que parecer desorientada, lo suficiente como para que nadie sospechase. Pero, como todo, su plan maestro tenía su talón de Aquiles: William. Y por desgracia en ese mismo instante sería puesto a prueba pues veía a Sue acercarse por el rabillo del ojo. No es que tuviera miedo de esa chica dientona de piel tostada y ojos verdes, sabía muchas cosas de ella que podrían hundirla en un segundo, pero para su desgracia era lo suficientemente perspicaz como para descubrir su pequeño engaño. Y si ella lo descubría el resto del colegio lo sabría en menos de tres segundos y su reputación se iría a pique. – Haz que sea un truco. No lo estropees…– Pensó casi desesperada a la vez que le guiñaba el ojo disimuladamente al moreno para intentar hacerle saber que le siguiera el juego. Su corazón iba a mil por hora cuando colgó su brazo derecho del hombro de William, ladeó su cabeza y puso un gesto de total idolatración. “¿Sabías que tienes unas cejas perfectas?” Dijo con tono tan inocentón y chillón como pudo, tanto que casi pareció dicho por una niña de tres años. “Sí, están un poco tupidas, pero eso tiene arreglo. Si conseguimos delinearlas con un sencillo hechizo te verías genial.” Siguió como si hablara del tiempo mirándolo fijamente, sin dejar de ladear la cabeza de un lado a otro ni de repetirse mentalmente que se tranquilizara un poco. Había hecho algo así antes, cuando sabía algo que no debería y debía esperar hasta el momento idóneo para decirselo a la persona que necesitaba. Era casi rutinario, excepto que esta vez era su propia imagen la que estaba en juego. – No lo estropees.– Pensó desesperada volviendo a guiñarle un ojo disimuladamente. Era ya lo único en lo que podía pensar mientras seguía con su papel de niña pequeña. – No lo estropees.– Sue ya estaba demasiado cerca y en cualquier momento haría como que la reconocía y trataría de llevársela con ella a la mesa de Slytherin. ((Siento muchísimo la demora.))
Lo estaba consiguiendo, estaba haciendo que Nadie Lilienthal poco a poco se fuera vaciando de todas aquellas cosas vanas que la preocupaban, que su mente se fuera quedando en blanco, que nada le importara, que nada la importunara. Daba igual que la servilleta cayera al suelo, que su saliva le quemara en la herida, que las manos de William realmente fueran garras, que el colegio en peso estuviera en ese comedor. Por fin Nadine se iba dejando llevar, comenzando a dejarse llevar por sus más ocultos instintos a pesar de odiar que la abrazaran así, porque a pesar de lo molesto de los golpecitos con la barbilla en la coronilla, se sentía protegida, segura. Todo iba bien entre los brazos del joven, si se quedaba ahí, si siempre estaba dispuesta a estar entre ellos, él se encargaría de que nada malo le ocurriera, pero dependía de ella, que por instantes parecía sentirse mayor, para luego volver a ser una niña caprichosa.
Un leve 'jujujú' volvió a salir áspero de su garganta, sin poder reprimir la suave risa cuando ella dio un bufido sobre su comentario respecto a su preocupación por su físico. La tensión había vuelto a ella, haciéndola maquinar para intentar hacerle daño, cosa que no podría pasar, porque a Willial Jackson todo le daba igual, no había nada que le hiciera daño, ya que daba igual las palabras, lo realmente importante era lo que se sentía, así que sabiendo lo que realmente ella sentía, a él le daban igual sus palabras, dijera lo que dijera, aunque sabía que poco se atrevería a decir porque nada se le ocurría a penas, nada que pudiera herirle, o que ella pensara que con esas palabras podría herirle. Pareció sorprenderse un poco por la seguridad de las palabras del muchacho acerca de los planes para pasar su cumpleaños, pero a William le importaba un pimiento, lo iba a pasar con ella, sí o sí. "De nada" le respondió en un susurro que se apagó en los dedos de la joven, ya que ésta después de apresar momentáneamente el labio inferior de él interpuso los dedos para que él no pudiera hacer más, pero no importaba, esos labios serían suyos, unos labios que por primera vez en toda la noche sonreían de forma sincera, de forma divertida. William no pudo evitarlo, la imitó, sonrió de forma divertida, con cara pícara, de nicho que acaba de romper algo o de preparar una travesura y espera que no le pillen, haciendo que estuviera aún más sexy que cuando sonreía de esa forma perdonavidas. Mientras la joven hablaba seguía enredando un dedo de forma juguetona en un hilo de su camisa, se distrajo a mirarlo antes de seguir 'regañando' al gryffindor, que se quedó mirando a la joven con esa cara pentrándole los ojos verdes con su mirada marrón, momento que el Gryffindor aprovechó: "Se supone que también es de mala educación mentir. ¿Qué prefieres que haga? ¿Que sea arrebatadoramente sincero, aunque eso suponga desvelar ante tí tus propios secretitos? ¿O prefieres que mienta?". Tras la reprimenda volvió a hablar "Cierto, no tengo un plan B, no lo necisito. Los dos sabemos que no vas a negarte a estar conmigo esta noche, porque ambos sabemos que deseas emociones nuevas, que quieres alejarte de la rutina de siempre de estar criticando a los demás, aunque también ese cambio te asusta. Pero si vas de mi mano, no tendrás nada que temer, quédate a mi lado para que el fuego te acaricie no para que te queme" Otra vez una nueva verdad universal salía de su boca, o eso creía él, mientras ella se mordía el labio de forma sugerente, haciendo que él estuviera a punto de perder los estribos, apunto de que él la sacara por la fuerza de ese lugar, para terminar lo empezado en la torre. En un segundo, un grito desesperado surgió en la mente de él, proveniente de ella, una súplica, pedía ayuda, quería que le siguiera el juego, que no estropeara algo. Su voz mental parecía desesperada, mientras que su exterior parecía como si nada pasara, ya que tan sólo le había guñado un ojo.-Mujeres!- pensó, mientras ella colgaba su brazo derecho de su hombro, haciendo parecer que le estaba idolatrando. Sin embargo para el desagrado de William, la Nadine tonta, estúpida, superficial, aquella Nadine que se mostraba al resto del mundo diariamente, la que reía falsamente, volvió a aparecer ante él. La miró de una forma fría, distante, sin vida en su mirada, algo que solía asustar a muchos, porque era cuando su furia se desataba, cuando su fría y temible furia se desataba de esa forma que él tanto odiaba. Algo en su interior intentaba salir a la superficie. -Esta noche, no te dejaré, así que tranquilízate- se dijo a su otro yo. "Todo en mí es perfecto" dijo con la suavidad en la voz que le caracterizaba, pero imprimiendo a la vez un deje de frialdad, una pizca de crueldad y un poco de indiferencia, a pesar de que Nadien interiormente intentaba tranquilizarse, e inconscientemente le pedía que no entropeara nada, momento en el que William compredió qué pasaba: alguien que podía estropear 'la imagen' de Nadine se acercaba. -Juguemos pues- se dijo resignado mientras su interior intentaba calmarse. "Eso me han dicho, pero de momento me gusta como tengo las cejas, pero a lo mejor debería hacer algo con pelo, creo que tengo las puntas abiertas" dijo imitando el tono altivo, alegre, superficial y altanero que usaba Nadine en esos momentos. "Qué patéticos sois. No sois más que piezas prescindibles y no os dáis cuenta de ello"
Un deje de confusión se dejó ver en su cara cuando escuchó su respuesta. ¿Por qué ‘de nada’? Pero tampoco le dio mucha más importancia pues quedó cautivada por su sonrisa, era divertida, como la suya, y le daba ese aire de niño travieso que tanto le gustaba. La adoró en el momento en el que la vio. Era un hecho que esas sonrisas siempre le habían encantado, de una manera demasiado literal. Y como siempre que un chico sonreía de esa manera, el impulso de alargar la mano y delinear suavemente sus labios tuvo que ser reprimido rápidamente. Sus dedos que antes estaban en su boca fueron retirados lentamente, como si le costase mucho trabajo moverlos, hasta que quedaron de nuevo en su pecho.
Cuando bajó la mirada para mirar su dedo no pudo evitar soltar una risita por lo bajo. “No creo que ‘arrebatadoramente’ sea un buen adjetivo para sincero, quizás para...” Se detuvo en seco antes de continuar. ¿Pero qué le pasaba? ¿Desde cuando era tan directa? “...otra de tus cualidades pero no sincero.” Terminó susurrando rápidamente sin siquiera mencionar cuál opción prefería, cómo si no hubiese entendido la pregunta o no la hubiese escuchado bien. Era preferible eso que pedirle que mintiera para no herirla o podría verse aún más infantil y tonta de lo que creía que ya se veía. Su sonrisa quedó disminuida a una de medio lado cuando escuchó lo que le decía William. ¿Eran sólo imaginaciones suyas o de pronto había dicho algo que podría catalogarse como romántico? Ese ‘quédate a mi lado para que el fuego te acaricie no para que te queme.’ Había sonado taaan... raro. Pero tampoco pudo darle muchas vueltas pues en segundos tuvo que comenzar con la pantomima, Sue se acercaba. Tragó saliva con dificultad cuando de pronto la mirada del chico cambió por completo, ahora no había la calidez de antes, de cuando sonreía divertido como ella, si no una frialdad que hizo que su sonrisa de anuncio temblara por un momento en su boca y la mano izquierda, que aún mantenía en su pecho, se apartara rompiendo el hilo, que se había terminado por enredar demasiado en su dedo. Pero en un momento logró recuperar el control de sí misma y no arruinar todo. Si después de cinco años no había aprendido a disimular aunque sea un poco realmente estaría perdida. Una risita tonta sucedió al comentario del chico sobre su perfección, aunque lo que realmente tenía ganas de hacer era poner los ojos en blanco y mirar a otro lado. ¿Cómo podía ser tan egocéntrico? Pero de momento eso daba igual, debía tranquilizarse y seguir con la tontería que se le había ocurrido. Dio gracias a todos los dioses porque William por fin había comprendido el mensaje y le seguía el juego, aunque el tono que había utilizado sonaba tan raro viniendo de él. Prefería mil veces cuando susurraba con voz grave y ese tono autoritario, que como había hablado ahora. Sonaba tan... tonto y... superficial. Sonaba como... como... ¿como ella? No, ella no podía sonar así. Ella no sonaba así, ella podía sonar como una niña chillona pero nunca como él ¿cierto? Quizás sonase como Sue cuando hablaba con ella o directamente como esa chica menor que siempre estaba siguiéndolas y que parecía tener el cerebro de un gusarajo. Si, quizás sonara como esas dos pero nunca como ella. Nunca. Jamás. ¡No! Alejó su mente de esos pensamientos concentrándose de nuevo en Sue, la cual se había detenido a hablar con un chico de Ravenclaw a sólo unos pasos de ellos. Las miradas nada discretas de su compañera de casa provocaban que un sólo pensamiento llegase a su mente. -¡Huye!- Se repetía intentando que sus piernas le respondiesen. Su barbilla tembló por un segundo antes de hablar de nuevo con ese tono chillón que tanto irritaba al resto y que intentaba ocultar su nerviosismo. “¡NOO! ¿En serio? Eso es Te-rri-ble. A ver...” Tomó un mechón del negro cabello del chico con dedos temblorosos pero ademanes firmes y se acercó para observarlo mejor. Con un gruñido de desagrado y un gesto de frustración dejó su cabello para tomarlo de un brazo y tirar de él. “No hay muy buena iluminación por aquí, volvamos a la mesa.” Dijo con tono que intentaba parecer contrariado. Lo único que quería era escapar de allí, de la trampa que ella misma había creado, el método para hacerlo le traía sin cuidado siempre y cuando se alejase más de cinco metros de Sue. Tiraba del brazo del chico pero no fue hasta un momento después del primer tirón que sus piernas respondieron y comenzó a caminar. A pasos pequeños fue aumentando la distancia de su compañera mientras el nudo, que de pronto se había formado en su estómago, se aflojaba cada vez más. Cuando estuvo a una distancia que consideró prudencial, y tras evitar atravesar a un par de fantasmas, se volvió hacia el chico esperando a que se colocase a su lado. Cruzó una mirada con su compañera que sonreía y negaba con desaprobación, le mandaba un claro mensaje cargado de burla. ‘Me he dado cuenta. Diviértete mientras puedas que mañana será otro día.’ Casi podía escucharla diciéndole eso con su típico y siseante tono malicioso. Asintió casi imperceptiblemente, aceptaba el reto y las consecuencias de sus actos. “Así que al final tendrás razón y tendré que pasar la noche contigo.” Susurró con falso tono resignado cuando William estuvo a su lado. La misma sonrisa sincera y divertida de antes volvía a sus labios, después del momento de tensión se sentía capaz de todo. “Sólo compórtate y no hagas muchas tonterías.” Dijo volviendo a andar hacia la mesa de los tejones, aunque recalcando un poco la palabra ‘muchas’. “Yo... intentaré comportarme también. Aunque no puedo prometerte nada.” Le dirigió una mirada insinuante y coqueta mientras volvía a tomar asiento en el mismo lugar que antes. Quizás no estaba tan equivocado cuando decía que estaba cansada de la monotonía. Y quizás, sólo quizás, tuviera razón al decir que deseaba emociones nuevas, y ¿qué mejor que un Gry para experimentar algo totalmente nuevo y excitante? ((Ok, tardó lo suyo pero por fin escribí algo que puede hacerse pasar por decente. Moví un poco (bastante) a Willie, si te molesta avísame y edito sin demora.))
((Siento muchísimo la tardanza... tan sólo espero que te guste lo que he escrito para tí))
Nadine tuvo que reprimir el instinto de acariciar sus labios ante la sonrisa infantil y traviesa que había dibujado en su rostro, cosa que hizo que esa sonrisa se acentuara un poco, incitándola, pero no, ella no caería, no en ese momento. Pero William Jackson ya sabía otra arma con la que atacar a las defensas de la rubia. La miraba detenidamente, viendo sus suaves movimientos, como ella retiraba su mano hasta su pecho. La acercó más a él, agarrándola de la cintura pengado sus labios a la mejilla de la joven, arrastrando sus labios por su piel hasta llegar a su oido, donde una vez más le susurró, suavemente, con su voz grave, lenta, pausada "Para qué otras de mis cualidades?" Le besó en la oreja. "Dímelo... no seas niña, no entre mis brazos" Otro beso. "No seas tonta, quiero oírlo de tus labios, no me hagas averiguarlo" Una pequeña amenaza implícita en sus sauves palabras, algo que él sabría que la haría estremecer entre sus fuertes brazos. Sus fuertes brazos que la rodeaban por la cintura, dejando que una de sus manos descansara al final de su espalda, donde ésta comenzaba a perder su nombre. Le dio otro beso en la oreja. "No voy a volver a pedírtelo, Nadine, así que dímelo" Un último beso. "Aunque eso que has dicho... ¿crees que no soy sincero?" Puso su dedo índice derecho en la barbilla de la rubia, obligándola a mirarle a los ojos. Volvió a sonreír con su aire de suficiencia. -Romantico?- Fue por respeto por lo que no se rió en su cara. -Qué poco me conoce... que mona!- Pero a ella sólo le interesaba que su máscara no cayera, por lo que después de que su falsa sonrisa temblara ante la fría y amenzadora mirada de William, apartó bruscamente su mano, rompiendo el hilo con el que había intentado distraerse para no caer ante la tentación que suponía William. Tentación que ella no quería admitir, pero él sabía que ella acabaría cayendo, que tarde o temprano acabaría teniéndola donde quería. Odiaba esa risita tonta que soltaba la zagala de vez en cuando, ya le quitaría esa costumbre, de alguna forma. No sabía cómo, pero lo conseguiría, al menos conseguiría que dejara de soltarla cuando estuviera ante su precensia. Volvió a sonreír al sentir otro de los pensamientos de la joven. -Sí, todo gira en torno a mí- Su sonrisa se puntializó un poco más al notar que a ella eso le 'daba igual' en ese momento. Estaba nerviosa, tenía que evitar estarlo porque debía disimular. Alzó una ceja. -Disimular que? Que se derrite por mi? Creo que será divertido si...- Se mordió el labio inferior en un pequeño reflejo de 'voy a cometer una travesura'. Ella seguía con su jueguecito, mirándole el pelo, cogiéndole un mechón, examinándolo, pero se había puesto nerviosa. Él aposta, la había imitidado. Había imitado su tono chillón, superficial, tonto, estúpido, absurdo... Podría seguir dándole calificativos nada bueno a ese tono de voz. Y no le había gustado. Ella prefería su voz de siempre. -Punto a mi favor-. Él le siguió el juego. Volvió a poner ese tonto tono de voz. "Sí, es cierto! Han puesto una luz horrible para esta fiesta! Así no se puede ver bien los disfraces de la gente! Y es una pena, porque el tuyo es SIM-PLE-MEN-TE-DI-VI-NO!" su tono de voz sonó más... aflautado en sus últimas siete sílabas, acompañando esas dos palabras con un gesto de la mano de su brazo libre, ya que el otro brazo lo tenía agarrado Nadine. La siguió hasta la mesa, muy de cerca. En cualquier momento el sistema nervioso de Nadine colapsaría, sólo por una estúpida criaja de Slytherin que tenía su misma lengua viperina. -Le está bien empleado- no pudo evitar pensarlo. Onbservó cómo la rubia se volvía para mirar a aquella sucia serpiente. Alzó la ceja, comprendiendo lo que allí ocurría. Pero al menos por un momento calló. No dijo nada. Ya lo diría cuando estuvieran lejos de la otra, y de las antenas que tenía por orejas. "Ya te he dicho que no me gusta que me mientas. Sabes que quieres pasar la noche conmigo, así que no uses ese falso tono de resiganación." Su voz volvía a ser grave, pausada, lenta, pero con su deje autoritario. Ése que tanto le gustaba a ella. "Que no haga qué?" Dijo algo molesto, mientras caminaba hacia la mesa de los Hufflepuff junto a ella. "Cosas como éstas?" dijo cogiéndola de la mano fuertemente, dejando claro que no iba a soltarle la mano hasta que se sentaran. "Y por cierto, me reitero en mis palabras anteriores. Ese tono de voz tuyo tan falso, suena horrible. Me da igual que esté delante la próxima vez que estemos juntos, pero no se te ocurra volver a usarlo en mi presencia". Habían llegado a la mesa. William se puso delante de ella, mirándola seriamente, con una ceja alzada, sin sonrisa en sus labios. Hablaba completamente en serio, ella debía saberlo. Ella debía tener bien claro que él no iba a volver a soportar esa vocecilla estúpida. Se sentó a su lado, Volviendo a deslizar una mano por su cintura, volviendo a atraerla hacia él, con fuerza, con furia, con deseo. Volvió a acercar sus labios al oído de la joven, acariciando con la punta de su nariz la suave piel de la mejilla de la joven "Por mí, no hace falta que te comportes..." Le dio otro beso en la oreja, al que le siguió otro en el cuello de la joven. Después de eso, William se colocó bien sobre el asiento para seguir comiendo. "Qué patéticos sois. No sois más que piezas prescindibles y no os dáis cuenta de ello"
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