Licántropos, Slytherins y Ravenclaws

Una gran sala llena de estanterías que llegan hasta el techo. Millones de libros las ocupan. Dispone de mesas amplias y sillas donde la gente estudia, hace los deberes, lee o simplemente se distrae con los demás. Pero cuidado con la bibliotecaria.

Moderadores: Daynes, Norberta McKenzee, Profesorado

Licántropos, Slytherins y Ravenclaws

NotaAutor: Lucid Atray el Vie Nov 14, 2008 10:41 pm

¿Cuántos días debían faltar para Navidad?, se preguntaba, calculando sin fijarse en los días que, con el rápido y violento descenso de la temperatura, debía de faltar muy poco, ya seguramente estaban en invierno, o a días de él, siendo que hacía unas semanas en realidad que la nieve había comenzado a hacerse presente.

Lucid estaba en la biblioteca como hacía ya una hora, inicialmente, había llegado por petición de su amigo Byron, quien nuevamente parecía haberse quedado sin dormir para escribir, y como siempre (y también nuevamente) le había pedido a él que leyese aquellos versos.

El joven Atray había ido allí gustoso, como siempre que Raymond le pedía, y había estado leyendo unos cuarenta minutos, luego el Slytherin de sexto tuvo que retirarse para reunirse con sus otros dos amigos, según él para ‘hablar sobre algo importante’. El menor ni se preocupó en preguntar sobre qué, porque los temas que trataban esos tres al estar juntos estaban muy por debajo de su interés. – son tan inmaduros cuando quieren…-

Como no tenia nada que hacer, y mucho menos alguien a quien ver, decidió quedarse en la biblioteca, tomar un par de libros y abrir el primer tomo, de dos, acerca de la Licantropologia Británica, tal y como decía el titulo de los libros. Ya le había dado un vistazo unos días antes, pero no les había podido dar la atención suficiente, así que aprovechando su tiempo libre, comenzó a leer, no sin antes colocarse sus anteojos, abriendo el estuche de éstos y luego dejándolo sobre la mesa.

En esta ocasión no leía solo, sino que había llevado a su pequeña mascota con él, quien estaba en ese momento sobre su regazo, hecho un lindo ovillo y ronroneando de vez en cuando, aunque muy bajito, por estar adormilado y con algo de frío. Lucid lo resguardaba con su capa también, comprendiendo que tuviese tanto frío.

Pasados ya unos cuantos minutos, en los que la biblioteca estaba casi desierta, a excepción de uno o dos alumnos, Liam se desperezó del regazo de su dueño, mirando con curiosidad como un nuevo chico entraba, alertado por su agudo oído, y levantándose, aunque quedándose aún sobre Lucid.
Éste noto el cambio y miró al felino, mientras se acomodaba el par de anteojos que había llevado. “¿Qué sucede, Liam?... estate tranquilo” susurró, sin querer causar alboroto, a sabiendas de que la bibliotecaria siempre observaba.

Y no se dio cuenta en ese momento, de que efectivamente, alguien más ingresaba.

((Privado con K. Makepeace))
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Lucid Atray
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NotaAutor: Kyle Makepeace el Mar Nov 18, 2008 8:49 am

No podía ser cierto lo que le estaba pasando. No debía serlo, más bien, porque él debía estar imposibilitado para ese tipo de cosas. Pero así eras y se sentía patético, notando lo mucho que su mundo había cambiado de dirección y ahora gran parte de su existencia se basaba en lo que Eysenck hacía y no hacía, a dónde iba y a dónde no, con la excusa de no desear verle, de evitarle, cosa que sí hacía, pero que de cualquier forma le valían de poco. Estando en la misma casa, era casi obligatorio verse un par de veces al día. Pero ahora que Eysenck parecía distante, perdido y sin buscarle, Kyle se sentía... abandonado. Un poco solo, por decirlo de alguna forma y falto de aquella presencia molesta que le causaba aquellos sentimientos encontrados.

Y así, sin la atención usual y sin que él tuviese lago o alguien en quién distraerse, no hallaba algo qué hacer. Había intentado vagar aquí y allá, pero el frío, aunque agradable, le había terminado fastidiando y la nieve que había caído sobre él unos días antes y que le había empapado, parecía haberle enfermado de algún leve resfriado. Por un momento se arrepintió de haber tomado la decisión de quedarse en el castillo, pues le esperaba un mes de soledad casi completa, sólo soportada gracias a Guillame, que se quedaría. Seichii se marcharía, al igual que Demian y sabía que los hermanos Eysenck también regresarían a casa. Y aunque a él le hubiese gustado regresar al hogar, había cosas que le frenaban y no estaba seguro de querer ver a su tutor. Por más que deseara volver a mirar ese rostro y sentir el tacto ligeramente rugoso de esas palmas sobre su piel, dentro de sí sabía que tal anhelo era malo y debía resistirlo.

Soltó un suspiro, en su caminata por el pasillo, notando que se encontraba en un lugar cercano a la biblioteca. Decidió, sin pensarlo mucho, que podría ir, buscar un libro y leer o quizá aprovechar y estudiar un poco, lo cual era provechoso y así no estaría simplemente de vago por ahí. No esperaba que hubiese muchas personas en el lugar, además, por lo que esperaba encontrar tranquilidad y paz. No tardó en llegar, observando, como había supuesto, el lugar casi vacío. Su vista se topó de inmediato con la de un felino en el regazo de su dueño. - Un gato siamés.- Sentenció, sin poder evitar dibujar una sonrisa plena. Era un hermoso animal, de ojos celestes, grisáceos, una mirada curiosa. Sabía poco de gatos, pero en el tiempo en que le miraba trató de saber qué tipo de gato siamés era, de las distintas variedades, sin saber cuál era el nombre. Entró al área de los libreros, tomando un libro casi al azar y regresando rápidamente a las mesas.

Aunque había muchos sitios vacíos, dudaba. Mientras avanzaba, pensó que hubiese sido lindo llevar a Missy con él, en vez de dejarla dormida en su cama. - Es una pequeña dormilona.- Sentenció, divertido a la vez y con cariño. Realmente no estaba del todo solo, porque la tenía a ella. Su mirada volvió a fijarse en la del gato, deteniéndose en seco, sonriéndole al animal. Imposible ignorarle, era hermoso y su mirada era atrayente, la gracia de sus movimientos pequeños, todo aquello. Tomó una decisión, probablemente precipitada y se acercó hasta la mesa del chico, colocándose al frente de este.

"Disculpe, ¿puedo sentarme aquí o espera a alguien?" Preguntó, apenas ahora notando al dueño, no habiéndole hecho caso antes ni mirado. Lo conocía, aunque fuese sólo de vista y sabía que era un Slytherin, de su mismo año. Quizá incluso era compañero de habitación de Guillame y conocía a Asriel. En fin. Trató de mirar al chico, pero no pudo, volviendo a observar a la mascota, interesado y volvió a regalarle una sonrisa, con el pequeño deseo de tocarlo.
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Kyle Makepeace
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NotaAutor: Lucid Atray el Vie Nov 21, 2008 4:57 pm

No era usual que Liam se llevase bien rápidamente con desconocidos. No, el minino había adoptado varias de las características de su dueño, entre ellas, la desconfianza, lo que hizo que no se fiase ante quienes apenas conocía de vista.
Fue por esa razón que Lucid se extrañó tanto al ver a su felino en cuatro patas sobre su regazo, en vez de estar recostado por el pesar del clima, mientras el gatito miraba fijamente al alumno que acababa de entrar.

Ante sus palabras, Liam solo dio una delicada vuelta y maulló bajito, mientras que su dueño, intentando ver qué pasaba, siguió aquellos celestes ojos, hasta encontrarse con otro par de ojos algo parecidos, pero azules...

Lucid creía conocerlo, era un Ravenclaw de su edad, lo había visto en las clases, era una persona tranquila, y alguien a quien el de cabellos violáceos había observado un poco más de lo usual justamente por serlo. Por cualquiera que fuese un poco… distinto a los demás, al menos superficialmente, Lucid sentía curiosidad, ya que entonces, se parecerían a él.

En cuanto el chico se acercó y le habló a su dueño, Liam primero dio un pasito hacia atrás, con la gracia que caracterizaban no solo a la raza, sino a su propia personalidad, pero en cuanto el Atray se dispuso a responder, pareció calmarse, después de todo, si su dueño se fiaba, él no tenia por qué no hacerlo, siempre y cuando estuviese su instinto a favor.

“No espero a nadie, puedes sentarte… mi nombre es Lucid” fijó sus celestes ojos en el Ravenclaw al responderle, haciéndolo de forma condescendiente y educada, indicándole que podía sentarse a su lado si quería, y regresando poco después a la lectura, llegando a las bases de la Licantropología, siendo la primera pregunta '¿Cómo reconocer a un licántropo?'.-algo bastante sencillo, resta decir... si sabes pensar...- alzó sus cejas pensativo al llegar a ese título, con una actitd orgullosa, y aunque iba a comenzar a leer, se detuvo antes de hacerlo.

No era la clase de personas que no podía leer solo porque sentía la vista de alguien más encima, pero eso no significase que no lo notase. Se daba cuenta de que el de cabellos negros no miraba su libro, e incluso, casi podría decir que no estaba muy seguro de qué libro había agarrado.

Sintió el movimiento de su mascota en su regazo, quien luego de estar algunos minutos examinando al otro, y ante las sonrisas de Kyle, finalmente decidió confiar y maullar a modo de aceptación, dando unos pasitos en los asientos y ronroneando para llamar (aún más) la atención del Ravenclaw, buscando caricias. Aquello no pasó desapercibido por su dueño, que mientras bajaba el libro para dejarlo en la mesa, miró a Kyle pestañeando y sonriendo para sus adentros. – era de esperarse que este chico le cayese bien…- “al parecer le simpatizas, ¿quieres tomarlo? Seguramente te dejará” sin cambiar un ápice su tranquilo tono de voz, tomó a Liam entre sus brazos, cargándolo, de forma que el otro entendiese que podía hacerlo también.

((Lamento la leve demora xD))
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Lucid Atray
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NotaAutor: Kyle Makepeace el Mar Dic 30, 2008 11:53 am

No sabía exactamente cuál era su propósito acercándose ahí, con aquel chico, más específicamente a aquel gato. Escapaba de su razocinio y más que eso, le motivaba a actuar impulsivamente como lo había hecho en esos momentos, al pedirle al otro que le permitiese sentarse con él. Iba, definitivamente, en contra de sus costumbres y corría el riesgo de relacionarse con alguien, lo cual, ahora entendía, siempre llevaba consigo la posibilidad de que ese alguien le agradara. Ya bastante tenía con temer estar arrastrando a Guillame dentro de su mundo al haberle tomado tanto cariño, como para ahora arriesgarse a sentirlo por alguien más. Pero no, debía convencerse, no era posible que alguien más penetrara su barrera sin que él lo permitiese. Y no iba a permitirlo, sencillamente.

Asintió, observando nuevamente al dueño, por educación, aunque no fuese él la fuente de su interés. "Gracias" Musitó, tras observar la indicación de que podía sentarse al lado, que era mucho más de lo que él esperaba. Pero tenía aquel permiso dado e iba a aprovecharlo, por lo que se decidió a tomar asiento ahí, al lado del joven. "El mío es Kyle" Dudó por momentos si decir el apellido también, Makepeace, el de su madre, que era el que usaba en lugar de Odergand, aunque no era un dato verdaderamente oculto su verdadero apellido, el cual él prefería no usar. Pero por lo mismo de que era un dato que seguro se conocía, decidió cortar en eso su breve presentación. Siendo el joven Lucid un compañero de su mismo curso, debían compartir alguna clase. Suficiente se conocían, entonces.

Ya sentado, colocó el libro en la mesa, abriéndolo. Estudio de los objetos malditos más peligrosos alrededor del mundo, rezaba el título. Vaya suerte la de él, tomar justamente un libro escrito por Owley. Ya casi imaginaba que el libro comenzaría a insultarle en voz baja o algo parecido. Desvió pronto la vista del dichoso libro y la mantuvo en el felino en el regazo del chico. Era difícil dejar de mirarle y era también difícil desdibujar aquella sonrisa casi imperceptible que se había formado en sus labios. Aunque justo cuando él se había acercado, el minino había retrocedido, ahora era distinto y parecía haber perdonado la violación al territorio que Kyle había cometido. El maullido le sorprendió, eso sí, pues no esperaba que realmente el felino buscase su atención, como lo parecía. Necesitaba tocarlo, sentía el cosquilleo en los dedos, el reclamo de atención y la búsqueda de caricias que quería satisfacer en el animal.

Repentinamente, la voz del otro le hizo apartar los ojos del gato y observarle a él. Esperaba no haberle molestado con su presencia ahí, inquietando al gato y por lo tanto dificultándole la lectura al chico. Sin embargo, no creyó ver signos de molestia en el joven Lucid. Al contrario, su voz sonaba tranquila, suave. Adecuada para la biblioteca. ¿Tomar al gato? No se esperaba tanto, pero de inmediato asintió, viéndole tomar al felino y alzarlo, cargándolo. "Gracias..." Dijo, mientras se atrevía y acercándose un poco más tomaba al felino entre sus brazos, acariciándole suavemente el pelaje que se sentía suave bajo sus dedos. "Es un gato muy lindo..." Comentó. Lindo, hermoso más bien. Cálido, lograba sentirlo y hasta podía ya sentir un ligero ronroneo apenas perceptible. "¿Cómo se llama?" Inquirió, curioso, aunque, recordando que estaban en la biblioteca y que ahí se iba justamente a leer y estudiar, se prometió a sí mismo no entretener demasiado al dueño de esa linda bola de pelos.

((n_ñu perdón por la gran tardanza~ ))
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Kyle Makepeace
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NotaAutor: Lucid Atray el Mar Feb 10, 2009 9:22 pm

Prontamente, mientras el chico de Ravenclaw se sentaba a su lado luego de musitar un leve pero educado agradecimiento, el Slytherin lo miró de reojo unos segundos hasta que éste se sentó, abriendo el libro que tenía en manos y viéndolo con distracción; la forma en que releyó el titulo le hizo estar seguro de sus anteriores cavilaciones. – me imaginaba… no se dio cuenta qué libro había agarrado – pensó, mientras dejando en suspenso la hoja del libro de los Licántropos, observaba las marcadas letras del título del otro libro, y también el nombre de su autor. Él había visto ejemplares de ese libro tanto en la mansión de su padre como en la casa de su madre, por ello lo había leído más de una vez, en su afán de extrema curiosidad.

En cuanto Kyle lo abrió, Lucid desvío su mirada, volviendo a poner su atención en el suyo hasta escuchar los reclamos de su minino para con el otro chico, pidiéndole la atención que el de ojos azules más oscuros no le daba. Eso le hizo volver a mirar a su regazo, sin enojo, aunque sí con algo de gracia en el fondo, por lo mucho que le gustaba la atención al felino. Posó su mirada en el actuar de Kyle y le llamó la atención ver cómo se esforzaba en mirar el libro, terminando siempre concentrado en el pequeño gato que había en sus piernas; observaba aquellas reacciones de manera disimulada, de forma que sus anteojos de lectura se mantenían algo bajos, y él parecía estar fijo en el capítulo de la diferenciación entre hombres lobo.

Sobre su regazo, Liam maullaba lentamente, sin hacer mucho escándalo por pura costumbre (y por darse cuenta que el lugar era silencioso), y al ser tomado en brazos por su dueño se removió un poco, pensando en un momento que se lo llevaría de allí, y alegrándose al ver que no era así; luego, ya en brazos de Kyle y recibiendo sus caricias, se relajó instantáneamente, dejando de lado sus maullidos y reclamos de atención y comenzando a ronronear profunda y suavemente, pudiendo sentirse un cosquilleo sobre su cuellito, mientras los dedos del Ravenclaw se deslizaban en su pelaje y el minino se acomodaba, a gusto por la atención. Fue entonces cuando el joven Makepeace le habló a su dueño, el cual durante unos segundos había vuelto su vista al libro, para no incomodar al otro chico haciéndole pensar que le molestaba aquello; Lucid le devolvió la mirada y asintió entre agradecido y con cierto orgullo hacia su animal. “Lo es, muy bonito…sobretodo sus ojos” comentó en respuesta, para luego contestar el nombre de su mascota “Liam, y al parecer le agradas” le explicó, haciéndole entender que su gato no solía ser tan manso a la primera, pero Lucid creía entender porqué…: Liam debía sentir en Kyle muchas de las características que su dueño poseía, lo que haría que fuese normal la confianza que el felino estaba logrando formar con el chico del águila.

El hecho de que su propio felino lo aceptase rápidamente influía más de lo que se podría creer en la serpiente, porque ese dato era importante para él: el instinto de los animales era más confiable que las apariencias, y el que su propia mascota se acercase y abriese rápidamente indicaba que no había peligro alguno, y que él mismo podía confiar. Ya de por sí, Kyle era uno de los alumnos que llamaban su atención, tenían cosas en común que en sus dos primeros años en Hogwarts le hicieron darse cuenta al ingles de que no era solo él, y de que había otros chicos que se le parecían; extrañamente, nunca habían tenido comunicación antes (más que meramente visual), probablemente por la usual conducta solitaria de ambos. Porque a ojos del Slytherin, que estuviesen en casas distintas no influía en nada.

Probablemente, además de la personalidad calma de ambos, la similitud que más captaba su atención era la de sus apellidos; no era desconocido a qué familia pertenecía Kyle, y tampoco lo era el que soliese presentarse con el apellido de su madre… justo como él. Era conciente también de que su propio apellido no era desconocido para los alumnos, sobretodo al tener tantos descendientes en Hogwarts al mismo tiempo, y era muy curioso para él como, así como Kyle escondía en palabras el apellido Odengard, Lucid mismo escondía el apellido Wittelsbach tan antiguo, refugiándose tras el apellido muggle de su madre. Ni conocía ni tenía una remota idea del porqué del actuar del Ravenclaw, así como tampoco nadie conocía el suyo (excepto quizás por una persona, que era su primo Julius), pero estaba seguro de algo...: que esas razones existían, existían.

((Lo mismo digo XDU prometo ser más rápida a partir de ahora XD))
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NotaAutor: Kyle Makepeace el Mar Mar 24, 2009 10:15 am

Le incomodaba un poco la sensación de estar molestando al otro al interrumpir en su lectura, pero no parecía notar molestia alguna en el joven Lucid, aunque después de todo no era él el más adecuado para entender a los demás, así que no sabía si molestaba o no, pero de igual forma lo dejó pasar, centrándose más en el animal que en el dueño o que en la propia lectura que se suponía que él iba a hacer a ese lugar. Pero lo cierto era que tampoco le interesaba mucho el libro de Owley, no lo suficiente como para mantener su atención lejos del felino que ahora estaba entre sus manos, que sentía y escuchaba ronronear bajo las caricias y cuya calidez llegaba a percibir a través de la yema de sus dedos. Tenía a Missy, pero las mascotas ajenas, cuando eran gatos tan bonitos, no podían dejar de llamar su atención de una manera bastante poderosa. Sinceramente, le tranquilizaban, los animales. Se sentía más clamado, como si de pronto todo estuviese bien, porque no había en esas criaturas lo que había en las personas. No había tantas mentiras ni había necesidad de fingir. Missy no diría lo que viera ni le tendría lástima, ni le llamaría mentiroso. No podían. Con ellos, él estaba bien.

Asintió suavemente, sin apartar la mirada del minino, corroborando lo dicho por el dueño, observando esos grandes ojos, tan expresivos y sinceros, que le miraron unos momentos. Sumamente hermosos, todo el gato en sí era tan lindo y era tan agradable. Manso, sin ser sumiso. Kyle siempre había admirado a esos animales, su orgullo, su independencia y su astucia, aunque a veces la curiosidad fuese mala, pero incluso eso les apreciaba. Con una mano acarició la cabeza peluda del animal, bajando por su cuerpo y sintiendo el ronroneo del felino como un temblorcillo que imitaba el ruido de un motor bajo su piel. La oleada de orgullo le golpeó al escuchar las palabras del Slytherin. Podía ver a través de ellas y sentirse halagado por ser del agrado del felino, por no pasar desapercibido para éste y porque simplemente se sentía bien saberse aceptado, aunque fuese simplemente por un animal, pues para él valía bastante. "Me alegra mucho" Confesó con tinte suave en sus palabras, siendo sincero, aunque no muy seguro de lo correcto de mencionar ese tipo de cosas, las que hablaban de él mismo.

Pensó hasta ese momento en el dueño. Podía recordar de muchas veces al joven Atray, sabiendo bien que ese no era el verdadero apellido. Usaba el materno, justo como él y por momentos sintió la curiosidad repiqueteando en su piel, por la coincidencia. Era su mismo caso, ocultando su origen. ¿Sería por la misma razón? No, era imposible. Dentro de su mente tachó al posibilidad, porque realmente no deseaba que eso fuese cierto. Ni siquiera a Eysenck, que tanto solía fastidiarle, le desearía algo como ello, así que se forzó a pensar en otros motivos, aunque no encontró ninguno, distraído continuamente por el felino, cuyo nombre acababa de conocer. "Es muy bonito nombre" Agregó entonces. Liam. Sonrió un poco más ampliamente. Si bien recordaba, Liam era uno de los muchos derivados del nombre William. Apartó el pensamiento de su mente lo más rápido posible, para no contaminarse más con él, porque no quería desearle más, porque había otras personas a las que esperaba querer más. Regresó entonces a sus pensamientos y análisis cuyo centro era el joven Lucid.

Notaba ahora actitudes parecidas, ciertas costumbres y características que en otros tiempos pasaron desapercibidas, pero ahora podía verlas claramente. No por nada, pensaba, Liam le había aceptado con tanta rapidez y facilidad; debió ver algo en él que le resultase familiar, que viese con agrado, que relacionase con alguien conocido y querido. - Tal vez...- Le dijo su voz anterior, sin terminar de formular aquellas hipótesis que no lograba concretar con todo el sentido que necesitase. Alzando la vista, la mantuvo en el chico, observando su semblante y grabándose aún más hondo en la memoria sus rasgos y el aire que emanaba, el peso de su presencia, distinto al de muchas personas. Atisbó un poco, leyendo el título del libro del chico. No era amante de establecer conversaciones y solía mantener más bien un rol pasivo dentro de las relaciones sociales, dejando que otros hablaran, quedándose él al margen y eran pocas las veces que él había iniciado una conversación, pero a veces, repentinamente, sentía la necesidad de iniciarla, de tratar de ver dentro de una persona que le resultaba interesante. Y ese era el caso con Lucid Atray. "¿Tiene mucho con él?" Inquirió, desviando la vista hacia el minino, para indicar que era de él de quién hablaba.
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