Acto de Curiosidad

Grandes y pequeñas, llenas de mesas y sillas, algunas con bancos de madera y con pizarras enormes. En algunas se dan clases.. otras están vacías.

Moderadores: Daynes, Profesorado

Acto de Curiosidad

NotaAutor: Ludovico Szewski el Dom Jun 15, 2008 5:34 am

Tediosa espera. En alguna parte de su corta vida, lo habían calificado como alguien paciente, ahora de verdad dudaba si lo era. Estaba sentado en uno de los bancos con los pies cruzados arriba de la mesa y la vista fija en la lectura del folleto que tenía en frente. Se balanceaba en la silla despreocupado leyendo el pequeño fascículo, se lo había enviado Iara desde Escocia. Ya había leído el condenado cuadernillo como cinco veces seguidas e increíblemente empezaba a memorizarse el contenido. Bostezó sin decoro alguno y echó una ojeada a la puerta de la sala... también era cerca de la décima vez que lo hacía.

El pequeño salón daba la impresión de que se encogía con el tiempo. O era eso, o Ludovico estaba realmente aburrido (que era lo más posible versus la primera opción). De una de las paredes colgaba un cuadro roñoso que le recordaba a los que había en la casa de sus tíos. No tenía más que un paisaje donde el 90% de la pintura había sido usada para simular malamente una colina con césped. El reloj de pie de la esquina marcaba casi las tres de la tarde de ese domingo. El otro mueble que había en el lugar, además de los pocos banquillos que habían por allí, era una estantería que exhibía cinco pobres libros en la primera repisa y sólo telarañas en las otras dos. Claramente era una sala en desuso.

"Talentos del Quidditch" leyó bostezando otra vez el gran título en verde escarlata que rezaba en la portada del librillo. Bajo las primeras palabras se mostraba una imagen de gente volando en un campo de quidditch. La escena no duraba mucho y se repetía una y otra vez. Finalmente en letras pequeñas y cursivas se leía 'Scotland Wizardry Academy of Quidditch'. No había tenido tiempo de madurar aún la posibilidad que le entregaba su hermana.

Sintió pasos en el pasillo que lo sacaron de su distraída lectura. Dejó el folleto sobre la mesa y detuvo el balanceo de la silla para asegurarse que los pasos se dirigían hacía la sala en la que se encontraba. Al fin llegaba quien sea que fuese el que estaba llegando... porque la verdad era esa: Ludovico esperaba a alguien y no sabía a quien. Había llegado allí casi por intuición, aunque la mayor parte del crédito lo tenía un mensaje matutino escrito en una de las hojas de los apuntes que había olvidado en clases. Los pergaminos pobremente escritos habían llegado por lechuza en el desayuno. Mantuvo la mirada enfocada en la puerta que estaba entreabierta cuando los pasos se detuvieron ante ella.

(( Libre ))
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NotaAutor: Hikari Kónogan el Lun Jun 16, 2008 12:00 am

((Permiso...))

Acababa de levantarse. Lo cierto es que ni siquiera a almorzar había ido. La noche anterior se había quedado hasta muy tarde dando vueltas en la Sala Común y todo eso. Además, era el último día del fin de semana y tenía que aprovecharlo al máximo antes de querer tirarse por una torre al comenzar las clases al día siguiente. En definitiva, creía que solo dos días de descanso eran muy pocos, especialmente cuando se tenía en cuenta que las clases en los grados mayores se volvían bastante pesadas. Algún día autorizaría el uso de las Vuelaplumas para la toma rápida de apuntes, o alguna clase de modificación constitucional que hiciera las clases más repartidas. También podría agregarle un día al fin de semana, o reducir a cuatro los días hábiles. No era mala idea, la verdad es que no.

Ni siquiera se había molestado en buscar a nadie o en intentar imaginar donde demonios podría estar Tamashi en esos momentos. No le buscaría, suficientes malos recuerdos le traían la última vez que lo había hecho. Tan solo dejaba que sus pies la arrastraran, como era su costumbre cuando no tenía nada que hacer. La placa de prefecta había sido olvidada en su mesa de luz, aún no se acostumbraba a andar por ahí con eso.
Su mente divagaba mientras avanzaba hacia Merlín vaya a saber donde. Quizás más tarde le escribiría a sus padres y a Jim, para contarles un poco sobre lo de Halloween o quizás tanteando terreno para ver qué tal iban los planes para volver a casa en vacaciones ese año. No estaba segura que le dirían, en realidad no estaba segura qué diría ella, si quedarse o irse. Lo cierto es que se divertía mucho en el colegio, pero resultaba que era cuando más extrañaba a su hermano menor. Siempre revoltoso y ansioso por abrir los regalos, especialmente los que ella le llevaba del mundo mágico.

Había llegado al sector de las aulas que casi no eran utilizadas. Frunció el gesto ante ello, no le hacía gracia. Era como si instintivamente su cuerpo se moviera hacia... Hacia ¿qué? Hacia golpearle la cara al imbécil de la otra vez hasta poder dejarlo sin dientes y miembros (todos ellos). Se acercó hasta una puerta, estando completamente segura de que no había entrado antes, a excepción de que tuvieran la manía de cambiar y rotar por todo el castillo como le había ocurrido una vez en tercero. ¡Já! Que recordarlo ya le causaba rechazo.

Se detuvo frente a la tabla de madera. No entendía ni siquiera por qué se estaba tomando tanto tiempo para abrir la estúpida puerta que tenía enfrente. Solo tenía que hacerlo y ya. Tomó el picaporte y tiró hacia abajo de él, entreabriendo suavemente la estructura de madera que susurró contra el rose del piso. Pasó la mitad de su cuerpo por el agujero, esperando no ver nadie, pero se topó con la mirada de alguien que parecía haber estado esperando que ella hiciera eso. Se rió por lo bajo al ver su rostro concentrado, o serio, o quizás solo mirando. No dijo nada porque, básicamente, no se le ocurría nada para decir. Además, teniendo en cuenta la generalidad de los estudiantes de Hogwarts, no tardaría demasiado en develar su voz.
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NotaAutor: Ludovico Szewski el Lun Jun 16, 2008 7:16 am

(( Adelante ))

Y al fin apareció algo trás la puerta. Se quedó observando el rostro femenino que acababa de asomar en silencio, sin pronunciar palabra. No era lo que esperaba en realidad. Con el paso de las horas se había estado autoconvenciendo que la notita enviada era una simple broma en su contra y él, ingenuamente, había ido hasta el lugar indicado para ser víctima de ella. Pero por la cara de la chica, podía casi jurar que una treta era justamente en lo que no había pensado al entrar.

Un chispazo de familiaridad hacía ese rostro pecoso hizo aparición en su memoria. Eso le ocurría con regularidad y la mayor parte de las veces nunca llegaba a recordar algo... veía a tanta gente a diario en ese colegio que ya dudaba de sí mismo cuando creía conocer a alguien o no. De todas formas, daba igual, no cambiaba el hecho actual.
Ludovico despegó la vista de aquel rostro luego de unos largos segundos y la desvarió por el lugar. Regresó el rítmico balanceo en la silla y tomó nuevamente el cuadernillo de promoción que había estado hojeando instantes antes sólo para volver a hacerlo rápidamente en menos de un segundo. Era obvio que no tenía su atención puesta en el librillo.

Al menos Charlie ya se había ganado algo con la aparición de la chica y ahora Ludovico tendría que pagarle 3 Sickles por la apuesta hecha en la mañana, junto con otros 4 si a la recién llegada además se le ocurría lanzarle sobre la cabeza un caldero, lo que era algo improbable... Aún así y sólo para cerciorarse de no terminar inconciente en esa sala examinó el espacio libre que quedaba en la puerta, bajo la mitad de cuerpo que se asomaba. Sonrió sutilmente: no había nada.

Subió la mirada de nuevo hacía el rostro de la chica y carraspeó para hacerse notar, sólo por si ella ya había olvidado que estaba dentro del pequeño salón. Poco probable, nuevamente, pero en realidad en ese colegio nunca se sabía. No tenía idea qué preguntar, porque ni siquiera sabía si a ella era a quien debía preguntar. Transcurrieron milésimas de segundo envueltas en silencio.
"Supongo que no traes un caldero ahí contigo... " finalmente no preguntó. Sólo terminó por desenbocar con voz pausada sus pensamientos sin sentido en una frase con intento de pregunta que, por cierto, tampoco parecía tener algo de cordura. El tono casi de precaución usado contrastaba con la imagen desparramada del chico sobre la silla con los pies apoyados en la mesa y ese balanceo casi hipnótico que perduraba acompasado por el leve crujir de una de las patas.
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NotaAutor: Hikari Kónogan el Lun Jun 16, 2008 8:07 pm

Se mantuvo en silencio, cavilando varias cosas que no iban al cuento. No tardó demasiado en posar la atención en el chico que, ahora que lo veía mejor, no se le hacía tan extraño pero, al igual que había ocurrido con Melissa, la retención de nombres no era lo suyo. Mantuvo su imagen en su mente unos segundos, ya se le había hecho extraño que no dijera nada. Aunque, en realidad, no se sentía fuera de lugar, un poco extraña sí, pero jamás fuera de lugar. No era su estilo y principalmente porque muy pocas veces llegaba a percatarse que estaba de más en un lugar o que debería marcharse. No porque le interesara la vida de los demás, el problema básicamente estaba erradicado en que el setenta por ciento de su tiempo se encontraba en otra órbita.

De pronto parecía haber olvidado su presencia, pero no se movió, en realidad porque estaba pensando que esa aula era muy parecida a la que había visto en tercero, curioso, aunque probablemente se debiera a que eran todas en extremo similares. En un momento pensó en irse, ¡vamos!, que ya le había llegado la hora de despertar realmente pero le vio subir la mirada y se quedó estática. Le vio observarla e instintivamente se echó un vistazo para volver a mirarlo luego. No le estaba observando, parecía mucho más interesado en buscar otra cosa más allá de ella.

Carraspeo. Bien, iban por ¿buen? camino, había llegado la hora de hacerse notar y se preguntaba con qué le saldría en ese momento. No tuvo que esperar demasiado para saberlo, pero diría que esa pregunta disfrazada de oración no era precisamente lo que estaba esperando. En realidad no esperaba nada, pero tampoco una consulta de ese tipo. Caviló unos segundos antes de contestar y reprimió una sonrisa. ¿Un caldero? ¿Eso necesitaba? Podría darle un caldero por unos momentos. “¿No se suponía que era eso lo que tenía que traer?” Cuestionó con completa seriedad mientras miraba hacia su costado, donde su mano vacía había golpeado ligeramente la puerta intentando simular el golpe del objeto contra la estructura. No le había salido del todo metálico, pero podría pasar desapercibido, teniendo en cuenta que las puertas estaban tan viejas y humedecidas que el golpe se habría visto apagado si hubiera sido de verdad.

Le observó unos segundos, esperando una respuesta que le permitiera continuar o terminar con eso. En realidad no le interesaba todo el asunto del caldero, pero su frase había sonado demasiado tentadora como para dejarla pasar así como así. Además, no tenía nada mejor que hacer en esos momentos.
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NotaAutor: Ludovico Szewski el Mar Jun 17, 2008 6:47 am

"¿Eso se suponía que ibas a traer?" preguntó a su vez alzando levemente ambas cejas al escuchar el golpecito. Con toda seguridad lo que primero se vislumbró en el rostro del chico fue un gesto de incredulidad difícil de esconder. Aunque la peligrosa convicción de la chica hacía tambalear un poco su escepticismo natural. Con algunos movimientos algo torpes a primeras luces para el que no lo conociera, logró ponerse de pie, dejando el cuadernillo sobre la mesa, y metió ambas manos en los bolsillos del polerón.

Se rascó la nuca. En verdad no entendía nada. "Pensé que sólo venías a hablar... pero si traes un caldero" hizo una pausa meditando falsamente las próximas palabras "pues algo se podrá hacer con el caldero" agregó algo más versado que de costumbre y encogiéndose de hombros. Acortó distancia sin llegar a la puerta aún, subiendo los dos escalones que dejaban sobre nivel el lugar destinado al profesor y su espacio físico para dictar la clase. La madera crujió en cuanto se paró sobre la especie de tarima.

Era la primera vez en su vida (o al menos que él recordara) que estaba dispuesto a continuar allí. Su primer instinto, sin dudarlo, habría sido salir del aula y caminar sin rumbo hasta toparse con algún conocido o con algo imprevisto. De hecho, ni siquiera habría considerado la posibilidad de aparecerse en aquellos parajes; el mensaje le habría dado lo mismo o hasta lo habría olvidado antes de darle lo mismo (aunque con una apuesta de por medio es difícil negarse). Pero por esas razones que sólo se justifican en Hogwarts había terminado allí, en esa sala minúscula llena de polvo, con un cuadro aburrido, una silla incómoda que dejaría con problemas vertebrales a cualquiera y ahora, para hacerlo aún más novedoso, una chica con un supuesto caldero que ofrecía una seuda conversación igual de confusa que la nota que había recibido.

Mientras no estuviera en sus planes atentar contra su integridad, podía considerarse un domingo inofensivo. Además tenía a su favor que hasta el momento ningún destello de desquicio parecía salir de ella. Hizo ademán de asomarse discretamente por el espacio libre que quedaba, pero lo único que alcanzó a ver fue parte de la ropa de la chica.
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NotaAutor: Hikari Kónogan el Mié Jun 18, 2008 5:52 am

Bueno, al parecer no lo había convencido del todo, pero al mismo tiempo creía que aún estaba latente la duda ante la posibilidad de que el caldero en realidad existiera. Le sorprendía bastante, porque dudaba que alguien pudiera andar por el colegio con un caldero en domingo. Sin embargo ella asintió fervientemente, casi creyéndose sus propias palabras y corporizando de manera casi real el objeto en su mano. Hubiera matado por tener uno de verdad, pero jamás en su vida se le hubiera ocurrido andar con uno por allí como si fuera su gato a quien sacaba de paseo.

Le vio pararse y extrañamente se sintió identificada con esa forma lánguida de andar, era relajante en cierta manera y le provocaba una pereza de la que mejor ni hablar. "¿Mhmm? Hablar... También puede resultar una alternativa" Musitó, con una sonrisa serena mientras no se le pasaba por alto que el muchacho comenzaba a acercarse. "En efecto, los calderos pueden servir para muchas cosas" comenzó, sin sacar su mirada de los movimientos del muchacho "Para hacer pociones hasta para defensa personal". Lo cierto es que si hubiera tenido uno cerca, ya lo hubiera utilizado alguna vez, o por lo menos eso creía. Aunque, probablemente hubiera utilizado algo más chico y no tan propenso a romperle el cráneo a alguien, pero debía admitir que muchas veces darle con un caldero a alguien podía ser muy tentador.

Le vio acercarse e intentar ver más allá de la puerta. Ella se movió de manera que pudiera bloquearle cualquier paso para descubrir que en realidad tenía las manos vacías. "¿Qué intentas hacer?" Cuestionó mientras reía y lo alejaba un poco con la mano en su pecho "Resultaste ser bastante incrédulo, ¿verdad?" Agregó, pero con la convicción reflejada en sus ojos de que tenia total y absolutamente claro que el aún conservaba la duda con respecto a su palabra. Sin embargo, le llamaba la atención toda la historia que se estaba armando por un simple caldero, como si de verdad hubiera estado esperando que le respondiera eso, o peor aún, que tuviera uno real y palpable. Pero sabía, que si un cuestionamiento de esos llegaba a salir de su boca en esos momentos, perdería toda credibilidad.

Se preguntaba a qué se debía tanta curiosidad. ¿Qué tan interesante podía ser un pedazo de metal con forma? A menos que fuera un fanático de las pociones o un coleccionista, pero lo dudaba mucho. Aunque, en Hogwarts, nada era demasiado imposible.
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NotaAutor: Ludovico Szewski el Sab Jun 21, 2008 6:23 am

- ¿Defensa personal? - justamente era algo por el estilo lo que temía escuchar, como si fuera el preludio de que el hecho mencionado por sus compañeros tomara forma y realidad en ese lugar. Por un instante dudó en acercarse demasiado; tenía buenos reflejos, pero contra un calderazo bien dado no podía hacer nada, quedaría tumbado sin remedio. Haciendo honor a su lado más infantil, no sólo reflejó en su rostro una cuota de vacilación, sino que de verdad estaba considerando la posibilidad de que algo así sucediera.

No ofreció resistencia al leve alejamiento, observando la mano de la chica y luego su rostro. Aquella risa lo había desconcertado y corroboraba una vez más que no entendía nada de nada de lo que ocurría ahí, ni mucho menos como habían llegado a ese enredo con el caldero. "Mirar, obviamente" respondió encarnando una ceja e inclinando un poco la cabeza hacia el lado contrario para intentar comprobar la existencia del caldero. "¿Incrédulo?" repitió estúpidamente las palabras de ella. Entonces cayó en la cuenta. "No tienes nada ahí atrás, ¿cierto?" volvió a preguntar fingiendo sentirse vilmente engañado, con un tono de voz que no concordaba con los gestos del rostro. Desvió la mirada hacia el pasillo, por arriba de la cabeza morena de su acompañante, sin afán de revisar nada, sólo porque siempre tendía a mirar a cualquier parte; tenía una mirada inquieta y aunque prestaba poca atención a lo que observaba, era justamente eso lo que le permitía golpear y apuntar certero las bludgers. De todas formas, no había nadie en el pasillo que se iluminaba por el bailoteo de las antorchas que colgaban de las paredes.

"Entonces…" comenzó posando la mirada sobre el rostro pecoso que tenía en frente y sacando las manos de los bolsillos del polerón sólo para cambiarlas a los del pantalón. "… la nota de hoy en la mañana..." anunció como si fuera a dar una conferencia al respecto, pero se quedó en el título con aires de continuar. Se reconocía realmente incompetente para sacar información sobre eso y recién comenzaba a entender lo absurdo de la situación. ¿Qué iba a preguntar si el mensaje sólo decía la ubicación de la sala y otras dos palabras: 'te conviene'? Había pensado que se podía tratar de alguna forma fácil de sortear los informes que venían o algún material de quidditch difícil de encontrar a un buen precio, después de todo lo conocían o por andar al tres y al cuatro con los ramos o por su fanatismo por el quidditch. A los ojos de Ludovico no había otras opciones convenientes.

"Quizás debería preguntar por qué estás aquí" comentó como si estuviera conversando consigo mismo e intentando obtener una respuesta a otra pregunta disfrazada. Su modo era así, algo evasivo para algunos y dependiendo de la ocación hasta irónico. Se quedó allí parado, a la mitad de la tarima, con la espalda sutilmente encorvada como solían andar los adolescentes y la mirada posada sin mucha intensidad sobre la chica esperando un indicio que le permitiera dilucidar la razón de su estadía allí.
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NotaAutor: Hikari Kónogan el Sab Jun 28, 2008 5:28 am

Sonrió divertida al ver aquella leve cuota de vacilación y credulidad en su rostro. Sin embargo, no lo hacía con desquicio o con algún dejo de picardía en ella, solo mostraba sus dientes con inocencia. Al parecer lo había preocupado un poco con alguna de las cosas que había dicho, no podría estar segura con cual exactamente, pero la perspectiva de algo pareció no serle demasiado agradable, por eso principalmente era que había optado por establecer algún tipo de tregua. La idea nunca había sido asustarlo, aunque en realidad no parecía estarlo, sino más bien ver hasta donde podría llegar con su mentira.

Su irónica sinceridad le hizo sonreír de nuevo, negando la cabeza levemente, recordando varios momentos que con aquel gesto se le hicieron muy familiares. Por supuesto, eso no tenía nada que ver con quien tenía en frente pero ella usualmente tendía a distraerse con banalidades que la llevaban momentáneamente hacia cosas que le gustaría hacer en ese momento o en un futuro próximo. Regresó lo suficientemente rápido hacia la realidad para oír la palabra empleada por ella unos segundos antes transformada en pregunta. Sus labios no se despegaron, pero la distancia entre sus comisuras volvió a ensancharse mientras asentía lentamente. Ya estaba acostumbrada a la neutralidad en la voz mientras los gestos mostraban otra cosa totalmente distinta, sin embargo no pudo evitar el sentimiento de familiaridad nuevamente. “¿Te sentirías muy decepcionado si te digo que no?” Preguntó retóricamente mientras se hacía a un lado para permitirle ver hacia la mitad de su cuerpo que se encontraba oculta. Por un momento había pensado que estaba buscando por sí mismo una respuesta, pero al seguir la línea de sus ojos hacia la nada comprendió que en realidad no parecía prestarle mucha atención a aquello, por lo que decidió mostrarle ella misma la solución.

Enarcó una ceja mientras le miraba, contagiándose levemente de su confusión anterior. Alzó los hombros mientras su rostro mostraba desentendimiento “Eso ya es otro cantar…” declaró mientras cruzaba el marco de la puerta para entrar completamente a la habitación “… yo de notas enviadas hoy a la mañana no se nada” Completó, dándole toda la información al respecto, que por supuesto era muy escasa. Al parecer había caído donde esperaba a alguien que, evidentemente, no era ella (además, ni siquiera Hikari esperaba terminar allí). Bueno, eso resultaba ser una novedad bastante curiosa, se preguntaba de qué podría tratarse.

“Mmm…” Comenzó con una sonrisa pícara, divertida por la evasión de quien tenía en frente a no hacer cuestionamientos concretos. “Sería una buena pregunta en caso de que la formularas” dijo, quizás agregándole un poco más de suspenso, dejando la frase en el aire mientras el tiempo pasaba. Le daba gracia el leve aire misterioso que parecía haberse formado alrededor de toda la situación. “En realidad ni yo sé que hago aquí…” Comenzó con una sonrisa mientras su mirada vagaba por el lugar “… caí de pura… casualidad, diría yo” Se detuvo unos momentos y tampoco se movió del lugar, pero si comenzó a balancearse sobre sus pies “¿Esperabas a alguien?” Preguntó. Ella la mayoría de las veces, al contrario del chico que tenía en frente, resultaba ser bastante directa y sin andar con rodeos.

“¿O el alguien de la nota?”
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NotaAutor: Ludovico Szewski el Sab Jul 12, 2008 2:41 pm

Ludovico miró el espacio vacío tras la chica una vez más. En efecto, no había caldero. Al menos algo de todo lo que habían 'conversado' había quedado claro: no existía tal caldero. "¿Honestamente?" respondió usando el mismo método que ella "No" dijo concisamente. Después de haberse imaginado toda clase de catástrofes provenientes del dichoso caldero, no podía más que expresar toda su alegría ante su inexistencia. Claro, a su manera, como siempre. Al menos la morena había dejado de estar dentro de la clasificación de mujer potencialmente peligrosa y Ludovico comenzaba a tornarse algo más accesible. No es que fuera tímido, en realidad no creía encontrar esa palabra en su diccionario personal, era sólo que dentro de todo era reversado y desconfiado.

Por la cara de confusión de la muchacha entendió que no sabía más que él del asunto y sus próximas palabras no tardaron en corroborarlo. Sonrió tranquilo al notar el nivel de caos que se había formado en torno a nada. "Eso explica muchas cosas" agregó en tono de burla. Se mofaba de las paranoias colectivas de sus compañeros y sobre todo de su fantasía propia con el caldero. Lo mejor de todo es que no tendría que pagar por concepto de apuestas a sus amigos porque claramente ella no era la persona de la nota.

"Bah… es lo mismo, ¿no?" respondió al comentario de ella. No era la primera vez que le mencionaban el hecho de que no preguntaba directamente las cosas, pero era algo de toda su vida. Aunque solían armarse varios malentendidos a su alrededor gracias a eso. De todas formas eso no venía al caso ahora, lo que quería saber ya lo sabía y era que ella no era la persona de la famosa nota. Además, a modo de condimento, ni siquiera ella sabía que hacía allí, lo cual no sabía si era alentador o no. "Ya somos dos" acotó bajándose de la tarima dándole la espalda a la chica mientras se encaminaba al puesto que había ocupado antes de que ella hiciera aparición. Se sentó en la misma silla, posando los pies sobre la mesa y regresando al balanceo pausado de antes. Escuchó las preguntas en silencio e incluso hizo esperar la respuesta. Miró a la chica escudriñándole el rostro. No eran las preguntas, sino que era la forma de preguntar. Quizás estaba hilando demasiado fino o deliberadamente estaba obsesionado ese día con encontrar cosas absurdas en el aire… pero tenía la leve impresión de que la persona que tenía en frente era una preguntona profesional.

Luego de una pausa se digno a responder. "En teoría" bajó la guardia mientras se encogía de hombros "Se supone que estaría aquí". Golpeteó la mesa con los dedos y bajó los pies de la mesa cesando el movimiento de la silla, reflejando cierta impaciencia inusual en el chico. "Quizás la posibilidad del caldero le hubiera dado algo de acción a la espera" comentó casi como si estuviera sugiriendo traer un caldero real y jugueteando con el fascículo que antes había dejado sobre el mueble.
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NotaAutor: Hikari Kónogan el Mar Jul 22, 2008 12:48 am

Le observaba con un poco de curiosidad mientras caminaba o hablaba. En cierta manera le era contagioso, como si lograra que ella se adaptara a su ritmo, bastante más lento que el propio. En cierta manera parecía prestarle poca atención a las cosas, pero era evidente por las cosas que decía y hacía, que era bastante despierto... O lo era con aquello que incluía su salud física y mental.
No le recordaba a nadie que hubiera conocido antes y eso significaba, tal vez, que era alguien de un trato más normal: eso no significaba 'llevadero', sino que era más sencillo cruzar tres palabras sin que pudiera considerárselo como peligroso. No es en vano mencionar que era tedioso tener que estar siempre bajo el escrutinio de los demás, y menos aún el hecho de tener que huir de un par que querían descargar sus frustraciones en la primera persona que se les cruzaba por enfrente.

Le observó moverse y cambiar de posición un par de veces. Esas cosas solía hacerlas ella, pero porque básicamente estaba en su naturaleza. Pero al verlo unos minutos antes hubiera dicho que hasta le daba pereza moverse de esa forma y que eso se debía algo, o quizás estaba viendo de más a pesar de que siempre solía ver de menos. Se encogió de hombros, un gesto más destinado a ella misma que a él, resignándose. Lo cierto es que le daba un poco de pereza prestarle demasiada atención a la gente, principalmente porque era bastante dispersa y tendía a perderse las cosas a la mitad de la oración, por eso es que le agradaban las frases cortas y concisas. Y, aparentemente, el chico que tenía en frente no era de largos discursos.

"Me cuesta entender la relación de todo" Musitó mientras le miraba. Aún no había encontrado la concordancia entre una nota y un caldero (¿o es que se suponía que la nota era para darle un caldero?), tampoco por qué la idea de uno se le había hecho tan desagradable (¿detestaba pociones?) y menos aún por qué no sabia quien había sido la persona que había enviado ese aviso.

Se sentó en la tarima mientras sonreía ante su comentario, pero no era una mueca torcida, ni maliciosa, ni nada que demostrara segundas intenciones y pudiera hacer que la catalogaran como desquiciada. “Si te estás aburriendo y quieres acción se puede solucionar” Dijo, simplemente con la voz neutral. Había sonado mal, tenía que admitirlo, pero esperaba que el chico que tenía enfrente hiciera un esfuerzo por entenderle. Por su mente vagaron un par de imágenes, en donde el caldero misteriosamente se había transformado en una pelota. “Algo como voleyball” Comentó en voz alta sin mirarlo y con una mano sosteniendo su mentón. Hikari solía asociar diferentes cosas al deporte y practicarlo siempre que podía con las cosas más estúpidas que a uno pudiera ocurrírsele. El ejercicio venía muy arraigado a ella, especialmente si era de origen muggle.
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NotaAutor: Ludovico Szewski el Mar Jul 29, 2008 10:35 pm

Alzó ambas cejas ante la tentativa de hacer algo y observó a la delgada chica que se mantenía sentada en la tarima como si recién reparara en que se trataba de una alumna del colegio que había entrado allí por accidente. Notó su sonrisa y la carencia de malas intenciones en sus facciones. El chico nunca había tenido tacto para observar a la gente, lo hacía sin disimulo y aunque no tenía una mirada penetrante ni cargada de análisis exhaustivos seguramente si servía para poner incómoda a más de una persona.

Cambió su gesto de vago desconcierto por el de un esbozo de sonrisa casi de burla, pero que pretendía ser de agradecimiento. "Pensé que ya nadie recordaba esos juegos de antaño" dijo con voz teatralmente nostálgica como si no los hubiera practicado hace más de cincuenta años. La muchacha había dado en el clavo. Después del Quidditch, cualquier otro deporte, inclusive muggle, siempre ocupaba un lugar de preferencia en las prioridades del chico. Durante su breve estadía en la casa de sus tíos algunos veranos, Ludovico había tenido el tiempo suficiente para tomarle el gusto a ciertas actividades muggles. Se levantó de la silla haciendo propio ese aire cansino que lo rodeaba y olvidándose completamente del folletito. "Volleyball no suena mal" dijo adoptando una visión global del lugar donde estaban, esperando encontrarse ingenuamente con un balón.

Cuando se dio cuenta que era algo difícil encontrar una pelota allí, miró las mesas con aire pensativo "Dudo que sea cómoda de lanzar" dijo "sobre todo por las patas" ironizó levantando la mirada de la superficie del mueble. Sacó la varita y carraspeó levemente. Estuvo un momento en silencio intentando recordar que era lo que se decía para transformar algo en un balón. Inútilmente pronunció unas palabras ininteligibles que acabaron en nada. El chico golpeó levemente la mesa con la varita logrando que ligeros destellos azulados salieran de la punta de esta. Miró con rostro de resignación a la chica "Me temo que sólo se hacer aparecer balones explosivos..." reconoció mientras se encogía de hombros.

En realidad, era una lista de hechizos un poco más extensa, pero para fines prácticos decir 'explosivas' resumía que no eran precisamente objetos inofensivos. Se apoyó en una de las mesas de la primera fila jugueteando con la varita que hacía mover entre los dedos de su izquierda, con una expresión que hacía entender que pensaba en algo, cuando realmente sólo esperaba.
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NotaAutor: Hikari Kónogan el Lun Ago 04, 2008 3:04 am

Sonrió ampliamente, mostrando sus dientes, cuando escuchó la primera frase de aquel chico. Había pensado que en ese castillo jamás escucharía a alguien decir una frase tan sagrada como aquella. Lo cierto es que Hikari no se dedicaba activamente al voleyball como lo hacía con el baloncesto, pero en el verano y más aún en la playa era infaltable un balón de esos. No había deporte que avisara de la llegada del sol pleno como ese y por eso le gustaba tanto, como todo el resto de los juegos que existían. La única excepción era el Quidditch que, por más que le encontrara fascinante y el resultado de una mezcla de deportes muggles exquisita, no podía vencer su temor a las alturas y, por ende, a las escobas y todo lo que implicaba volar separando los pies del suelo a más de un metro.

Se sintió entusiasmada por la ausencia de negativa del chico, tenía que admitir que no tener clases de Educación Física en Hogwarts lo hacían todo un poco más aburrido. Se levantó con ganas y rió bastante ante su comentario del mueble, en ese aire desganado que tenía. Observó sus movimientos y se llevó una mano instintivamente hacia el bolsillo, sacando su propia varita y observándola como si esperara que sola hiciera aparecer un balón. Luego las chispas de la varita del chico le hicieron recordar a la de otros alumnos en donde siempre salían del color de la casa que pertenecían ¿seria de Ravenclaw o se trataba de una teoría absurda? Eso le hacia acordarse, también, que no tenía ni una aproximada idea de cómo se llamaba. Abrió la boca para hacer uso de su habilidad para preguntar, pero luego le escuchó hablar y se le olvidó lo que iba a decir "Explosivos..." Repitió tontamente mientras se llevaba una mano hacia el mentón para analizar la situación. No le asustaba demasiado la idea, a decir verdad.

Le observó por el rabillo del ojo mientras pensaba. Como primera medida no le daba demasiado temor el tema de los balones explosivos, quizás porque le ponía más dinamismo a todo el asunto: algo así como el juego de la matanza pero con un balón que dañaba de verdad. Lo segundo era que en un lugar como ese sería un suicidio y ni hablar si por alguna de esas aparecía algún profesor con la excusa perfecta para sacarle un millón de puntos a Gryffindor por atentar con la vida de todos los estudiantes del castillo, o eso es lo que diría el viejo Owley, aunque no le interesaban demasiado los puntos sino el castigo. Chasqueó la lengua hasta que se le ocurrió una idea. Comenzó a acercarse hasta el chico con una sonrisa y tiró suavemente de su manga "Lo de los balones explosivos le da chispa, pero quizás seria mejor en los terrenos, la nieve amortiguaría bastante todo en caso de caer al suelo" sonrió un poco más, mirándole expectante "¿Qué opinas?" Hizo una pausa.

"Además no creo que quieras un castigo de Owley por hacer estragos esto"
A fin de cuentas, todo es un chiste.
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Hikari Kónogan
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NotaAutor: Ludovico Szewski el Lun Ago 04, 2008 7:42 am

"Ajá" apuntó "explosivos" reafirmó como si creyera que ella no entendía la palabra. A decir verdad, no era precisamente una pelota de volleyball explosiva, sino más bien una parecida a una quaffle. Sería interesante ver que resultaba de eso. Como esa vez junto con sus primos que habían agrandado una bola de masticable muggle hasta el tamaño de bludger para jugar un intento fútbol. Aún recordaba a su tía intentando quitar la goma pegajosa de toda la sala.

Recorrió el aula con la mirada y terminó con ella sobre la chica. Parecía estar evaluando sus opciones. Dejó de mover la varita y la guardó en el bolsillo. La estadía en esa sala lo había aletargado y eso se notaba en la poca rapidez de razonamiento que estaba presentando. Se daba cuenta porque se sorprendía a si mismo volviendo a la realidad, como si hubiera estado perdido pensando en cosas que ya no recordaba. Por él, un juego con explosiones sería lo suficientemente reconfortante para componerse del todo.

Entonces se le acercó sonriendo, al parecer ya se le había ocurrido algo que hacer. Arqueó levemente la ceja ante el tirón mientras posaba su vista en la mano de la chica. Luego la miró al rostro pecoso como si estuviera debatiéndose ante un hecho realmente complicado de decidir… cuando en realidad sólo eran expresiones exageradas que solían dejarse traslucir. Se encogió de hombros de nuevo ante la prolongación de su sonrisa. "Cómo quieras" respondió haciendo gala de su amplio vocabulario. Los terrenos no sonaban una mala opción y para ser sincero, prefería mil veces el exterior que estar encerrado en esa sala…

… Y esta idea se volvió aun más atractiva cuando ella mencionó al profesor Owley; su rostro sin duda debió haber reflejado sus pensamientos. Después de que le quitara casi la mitad de sus entrenamientos anuales por un asunto con el armario de pociones, no podía sino acordarse de Owley con algo de resentimiento poco sano. Más allá de los castigos impuestos, que se habían vuelto una constante en su vida escolar, el hecho de que le quitaran sus entrenamientos y lo imposibilitaran de volar era precisamente cómo lograban sacarlo del papel indiferente al que siempre jugaba.

Esta parte del castillo parecía estar tan abandonada, ya sea por el aspecto de las salas como por el de la mantención en el pasillo, que claramente dudaba que alguien, además de ellos dos, se apareciera por allí. No ponía las manos al fuego por su buena suerte, porque por algún motivo siempre terminaba castigado, pero de que era poco probable, lo era.

Se despegó del apoyo que le daba la mesa hasta ese momento "Creo que conozco un buen lugar" anunció con inusitada decisión. La idea de ver a Owley de verdad que no le hacía gracia y no le sorprendía que si lo encontraba haciendo explotar cosas terminaría de tallar la imagen de bándalo que tenía de su persona y haría lo imposible por enviarlo hasta Azkaban. Avanzó hacia la puerta con paso desarmado, pero entonces se le vino el rostro de la chica a la mente, se volteó antes de salir y se rascó la nuca con duda "¿Tú no estás en pociones?" preguntó sin estar del todo seguro.
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Ludovico Szewski
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NotaAutor: Hikari Kónogan el Lun Ago 04, 2008 11:22 pm

A veces creía que el destino se empeñaba en hacer que se cruzara con personas de escaso dialogo. No estaba segura de por qué (corrección: obviamente no estaba segura) pero debía tratarse de un intento por hacer que se le quitara lo charlatana y así dejar de atormentarle el ambiente a lo que fuera en que se materializaba el Destino. Jamás se olvidaría del fatídico día en que había perdido una apuesta, cuya prenda consistía en andar callada un día entero, le habían aplicado un hechizo para que cumpliera. Por lo menos había podido reírse, de otra manera de verdad se hubiera encontrado en apuros y no se imaginaba la forma en que canalizaría toda esa energía. Sin embargo, a pesar de quejarse bastante, se había acostumbrado más que a cualquier otra cosa a recibir respuestas de no más de tres palabras.

Rió levemente ante su expresión la mención de Owley. El viejo Jefe de Slytherin provocaba esa reacción en el 99,9% del total del alumnado. No le culpaba, había que admitir que Balthazar cuando quería escarmentar lo hacía de veras y siempre dejaba el sabor amargo en aquellos que caían en sus manos a la hora del castigo. Además, Owley aparte de inoportuno traía mala suerte y siempre tomaba la imagen de quien fuera como un bándalo. Estaba segura, por su parte, que ella no le caía muy bien, especialmente porque no era de las personas más oportunas y se sabía su largo expediente de castigos y puntos perdidos para su casa.

Luego del momento en el que el chico se separó de la silla y anunció un lugar para su futura actividad, ella se perdió ligeramente en sus pensamientos. Quizás su mente traspasó el océano que le llevaba a casa, al verano y a la playa junto con sus amigos, el voleyball y los castigos más terribles que había tenido. Las clases rudas de Owley y las insoportables de Historia de la Magia. Todo, probablemente, por el simple hecho de estar en un aula vieja, hablando de un profesor y estando dispuesta a hacer algo que probablemente le jugaría una mala pasada si les encontraban. Se encogió de hombros y recordó que debía seguir al chico aquel si quería saber en donde se encontraba ese buen lugar del que le hablaba.

Se detuvo en sus cavilaciones para observarle con el aire distraído que le rodeaba siempre que se perdía en donde estaba para prestarle atención a otra cosa que, generalmente, no se encontraba físicamente presente en ese instante. Alzo la vista y también un poco las cejas, casi que pidiéndole que repitiera lo que le había preguntado. Aunque no hizo falta porque, tarde pero seguro, su cerebro había comenzado a procesar toda la frase a tiempo. Solía pasarle eso de tener que repetir lo que había dicho en su cabeza para que las palabras tuvieran sentido. "Pociones, si" Admitió asintiendo ligeramente "¿Te conozco de allí?" Preguntó, pensando que quizás por eso se le hacía algo familiar. Luego metió las manos en su bolsillo y se acercó a él, para seguirle a donde fuera el lugar mencionado.

"Te sigo"
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Hikari Kónogan
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