Noviembre [Nivel Básico]

Un aula amplia localizada en el primer piso, de extremos y aromas extraños, con una decoración un tanto sobrecogedora y oscura.

Moderador: Baltazar Owley

Noviembre [Nivel Básico]

NotaAutor: Invitado el Sab Ago 16, 2008 7:15 am

Esta vez no estaba de humor, con los eventos de la fiesta de Halloween, había estado oscilando entre las instalaciones del Castillo y el Ministerio de Magia, no bastaba enviar lechuzas para archivarlas en trámites burocráticos de la ineptitud reinante. La actual Ministra actuaba con excesiva lentitud y el director del Colegio no había logrado absolutamente nada, no había dormido absolutamente nada en esos últimos días, estaba pendiente de posicionar varios encantamientos protectores y detectores, pero con la intrínseca curiosidad de varios estudiantes resultaba ser un obstáculo irritante. Definitivamente su aspecto era más atemorizante, y no estaba absolutamente dispuesto a permitir nada. Afortunadamente tenía preparada la clase con bastante antelación.

En el salón, en lugar del escritorio del maestro, había una mesa algo más larga, cubierta con una sábana blanca, varios picos y algunas siluetas agregaban a aquella tela blanca y polvosa, la impresión de que cubría algo. Muchas miradas se apuntaron curiosas, e incluso parecía que un par tenía la idea de ejercer curiosidad. Pero la presencia de Owley saliendo de su oficina, con un rostro que parecía digno de un inquisidor, de haber un potro en el aula, más de uno se estaría viendo sufriendo de la tortura. Carraspeó y bajó las escaleras con algo de prisa, movimientos agresivos, más de los que normalmente se verían en él, y se posicionó detrás de la mesa. Observó en silencio los rostros de todos, que marcaban un interrogante, uno que nadie se atrevía a expresar, pero que todos querían hacer saber al profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras.

"Señores, sus ridículos rostros llenos de angustia y preocupación solo me dicen la poca atención que prestan a las clases útiles, así como sus patéticos intentos por escribir un corto ensayo que dejo de tarea..." comenzó, una frase ácida y cargada de desdén hacia todos "... No hablaré de lo sucedido en el Gran Comedor durante la celebración de Halloween, pero puedo asegurarles que sus irracionales miedos no tienen absolutamente ningún fundamento, no quiero vigías fuera de las normas, ni valientes, Hogwarts es un sitio seguro, y eso, lo deberían saber ya todos ustedes, claro, suponiendo que las pocas neuronas que no usan para comer o para romper el reglamento, las empleen para leer libros de Historia de la Magia." y así dio por terminado el comentario, sin calmar demasiado, pero dejando en claro que no oirían nada más al respecto. "¿Preguntas?" y la clase permaneció en un absoluto silencio.

"Ahora, regresando a la clase, hoy veremos algo de teoría sobre objetos hechizados. Aprenderemos como identificarlos, y la diferencia entre un objeto encantado y un objeto maldito. Algo que sus pequeños cerebros no entienden todavía, me lo demostraron ya a través las ridiculeces que escribieron en sus ensayos eran dignos artículos de ese pasquín sensacionalista, el Quisquilloso" comentó mientras repasaba la mirada sobre todos su alumnos "sus habilidades de escritura dan lástima señores" definitivamente el maestro no iba a tener paciencia. "Alguno quiere levantar su mano e interrumpirme? quien lo haga, puede recoger sus pergaminos y salir inmediatamente de la clase, no quiero absolutamente ninguna molestia mientras doy la teoría señores, ya tendrán tiempo de hacer preguntas estúpidas" dijo y se aclaró la garganta. Su ceño permanecía fruncido.

"Bien, los objetos hechizados, son elementos que tienen magia sobre ellos y que modifica sus propiedades, sus efectos de una manera permanente o al menos durante algún tiempo. Una capa con un encantamiento desvanecedor sobre ella es un claro ejemplo, y como todos bien deberían saber, tras algún tiempo el encantamiento empieza a perder efecto. Y con eso pasamos a la aclaración, sutil por cierto, de que no todos los hechizos son iguales, y se diferencian en su objetivo y el efecto sobre el objeto objetivo. Como bien saben de que se trata esta clase, nosotros nos centraremos en efectos peligrosos, parte de los fundamentos de la defensa, antes de combatir maldiciones directas, deben saber combatir las indirectas. Y con esto que acabo de decir, alguien tiene alguna pista de en que se diferencia un efecto de encantamiento y uno de maldición?" y miró, varios parecían querer responder pero lo dudaban, no estaba seguros si el maestro estaba dentro de un elaborado monólogo, donde su ritmo era más rápido y vertiginoso que otros, o si se trataba de una clase más interactiva. "Si, eso supuse" añadió amargamente sin sonreír sarcásticamente, o de manera burlona, como se podría esperar.

"Los objetos encantados, tienen efectos que cambian las propiedades y efectos del objeto sobre el que se hace el encantamiento, sin hacerlo peligroso, no obstante, los efectos colaterales deben tratarse con cuidado, aturdimiento o efectos que puedan afectar la integridad física de quien use o se acerque al objeto, no necesariamente indican que el objetivo de un hechizo sea hacer daño. El mejor ejemplo es el perchero de la clase, al que todos tienen cierto aprecio masoquista, no obstante el origen de su encantamiento, que resulta ser bastante fuerte, no tiene como objeto herir de gravedad o con maldad a sus usuarios. Hasta ahora no contamos con víctimas, aunque un par de alumnos tercos han terminado en la enfermería al ensañarse en una venganza contra..." y hubiese sonreído de no estar tan poco dispuesto "... un objeto inanimado" Un silencio de pausa en la clase. "En contraposición, los objetos malditos, tienen sobre sí, maleficios o maldiciones, que aunque similares, tampoco son las mismas, un maleficio provoca daño sobre la integridad física o psicológica de alguna forma, aunque sea ridícula, y una maldición siempre deja fuertes secuelas, o incluso la muerte misma. Señores, no existen métodos completamente eficientes para descubrir maldiciones, y más si estas son sutiles, aunque hay un par de encantamientos útiles, en esta clase veremos el Verdimillius, que revela cuando un objeto tiene un conjuro sobre sí, aunque no revela la naturaleza del mismo. En sesiones más avanzadas aprenderán como emplear el Specialis revelio, que es mucho más certero." dijo sacando la varita y señalando hacia la entrada del salón. "por favor, fijen sus miradas a un ejemplo, solo uno" y una floritura hacia el frente, pronunció un claro "Verdimillius" un halo de luz azul-verdosa salió hacia el perchero, quedándose sobre él durante unos instantes. "Sentirán una pequeña sacudida en su varita, que les indicará el resultado positivo, en efecto, el perchero está hechizado" comentó para todos.

Se movió hacia uno de los extremos de la mesa cubierta "Y bien, es el momento de que ejerciten la teoría señores, si es que algo ha quedado en sus cabezas." y retiró la sábana con un rápido movimiento. "Este es su trabajo del día de hoy, sobre la mesa hay diez objetos, y recordándoles que se puede hechizar cualquier cosa, incluso elementos muggles..." un cierto dejo de desprecio se pudo sentir "... he traído algunas cosas, se acercaran y seleccionarán tres, los evaluaran como crean convenientes, y por los medios que tengan a su disposición, pueden tocarlos, probarlos, olerlos, deben presentarme posteriormente un informe de los resultados, diciéndome cuales de los tres objetos que eligieron, estaban encantados o estaban malditos. Les aconsejo tengan precaución, una identificación eficaz es la diferencia entre reconocer el peligro y evitarlo, o caer como borregos en una trampa, ahora, todos, harán una fila a mi izquierda, uno por uno, pasarán y elegirán lo que examinarán. No olviden, en tinta negra la tarea, excelente ortografía señores!!" y en seguida dio paso a la examinación.

Después de un par de minutos, de examinaciones, efectos, gritos, sorpresas, todos terminaron su turno. "Señores, a trabajar, la ignorancia es atrevida y la imprudencia condenable, la clase se ha terminado por ahora, pueden retirar su patética presencia, y dedicarse a estudiar." todos salieron con un aire entre resignado e intimidado, una clase dura con un maestro que parecía no estar en sus mejores días, con lo recién sucedido en Hogwarts. Baltazar volvió a cubrir la mesa con los objetos, cerró la puerta del aula y se dirigió a su despacho, entrando con un portazo que arrancó un aullido al hombre lobo del retrato.

**

Los objetos sobre la mesa son los siguientes:

Un ojo de tamaño considerable, cabe en la palma de la mano, unos cinco centímetros de diámetro. Su pupila es de un color verdoso. Tiene aspecto desagradable.

Una pluma clavada sobre la madera de la mesa, tiene un color que antes parecería escarlata, pero que ha perdido intensidad, aparentemente por el paso de los años.

un pequeño broche de color cobrizo, con prendedor incluido. Tiene grabado en el metal algo que parece una espiral.

Una caja pequeña de madera, cerrada, para abrirla se debe hacer un poco de fuerza.

Una moneda de oro, por un lado tiene gravado un trébol de cuatro hojas, por el otro un ojo.

Un candelero de 5 brazos, de color negro oscuro, sin velas, se ve viejo y polvoso, sus uniones sobresalen.

Una mano blanquecina, como si hubiese sido cortada, de aspecto tenebroso.

Un medallón cerrado, de color dorado con su cadena.

Un Pesado libro (al menos mil páginas) con una cubierta de color café en cuero, bastante pesado, con varios remaches sobre su cubierta, sin título visible.

Un silbato de árbitro de quidditch, de color grisáceo.


Se puede elegir tres de estos para la tarea, se debe interpretar también el efecto que causa y como se examina. A continuación, lo que cada uno produce:

El ojo: No reacciona fuertemente al verdimillius (casi no reacciona). Su tacto es baboso y sumamente desagradable, además de la impresión de ser un anormal ojo grande.

La pluma: Reacciona al verdimillius. Al desclavarla, comienza a picar con su punta a quien la haya liberado, incluso dejando heridas como picaduras. La única forma de detenerla, es clavarla o hacer que se clave sobre una superficie sólida.

El Broche: Reacciona suavemente al verdimillius. Quien lo ponga en la palma de su mano, sentirá un silbido suave en sus oídos, que además le impedirá oír lo que suene o se diga a su alrededor. Al soltarlo, cesa el efecto inmediatamente.

La caja: No reacciona al verdmillius por fuera, por dentro si. Al abrirla, el usuario oirá unos desgarradores y fuertes gritos de terror, no obstante nadie más los podrá oír, muy cerca de él, incluso después de cerrada, el usuario seguirá oyéndolos durante varios minutos. Una experiencia angustiante al ser él el único que pueda sentirlo.

El Candelero: reacciona al verdimillius. Al tocarlo, se cierra sobre el brazo del responsable, de manera fuerte, sus uniones metálicas son las que podrían causar raspaduras y dolor si se forcejea. Para soltarse, es necesario que 'el capturado' se tranquilice.

La mano: Reacciona fuertemente al verdimillius. Al tomarla y levantarla, sus dedos producen una llama fría pero iluminadora.

El medallón: No reacciona por fuera al verdimillius, pero si por dentro. Al abrirlo y observar la fotografía, se siente una sensación de vértigo y mareo que se va agudizando entre más se mantenga así. Demasiado tiempo hará desmayar al observador. una vez cerrado nuevamente, por más que lo intente, es imposible describir o recordar la fotografía vista.

El pesado Libro: Reacciona fuertemente al verdimillius. No tiene nada escrito en sus páginas, no obstante al llegar a una página de un color oscuro (más oscuro que las otras) casi en la mitad, el libro se cierra violentamente, podría golpear la mano o los dedos del usuario con peso.

El silbato: Reacciona al verdimillius. Una vez se toca, empieza a silbar fuertemente, es molesto o incómodo, pero no insoportable. Deja de silbar en cuanto se suelta nuevamente.

La moneda: reacciona medianamente al verdimillius. No pasa nada si se toca con el dedo, o superficialmente, no obstante, al apretarla con la mano se calienta hasta el punto de quemar la mano si no se suelta inmediatamente.

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Fuera de Interpretación:

Las reglas al respecto de las puntuaciones de la clase, están aquí

Sigan las instrucciones de la clase para la actividad, la tarea es el informe que se les solicita. Se envía por lechuza como se ha mencionado varias veces.

Al aplicar el encantamiento Verdimillius sobre los objetos, no necesariamente tienen que reaccionar como deberían, ya que muchos (sino todos) es las primera vez que emplean este encantamiento. Esto podría agregarle argumentos de confusión a su personaje. Como siempre, está a la elección de ustedes.
Última edición por Invitado el Dom Ago 17, 2008 4:41 am, editado 1 vez en total
Invitado
 

NotaAutor: Guillame Stephan el Sab Ago 16, 2008 9:21 am

Iba más o menos desanimado a su clase de Defensa Contra las Artes Oscuras. Hacía un frío horrible en las grises mazmorras, para variar se había perdido el desayuno y no tenía ninguna gana de verle la cara a su Jefe de Casa luego del castigo que le había impuesto.

Entró al salón sin fijarse mucho, notando de reojo que ya bastante chicos habían llegado. Por lo visto nadie había querido llegar tarde a clases.

Distraído como iba, pasó a tropezar con una pata de madera de algún mueble. Se iba a girar a ver que había pateado sin querer cuando recibió un fuerte golpe en el estómago que le hizo retroceder y sujetarse con algo de dolor, gimiendo y cerrando un ojo.

"¿Qu-qué Demonios...?" maldijo mirando y viendo como el Perchero del Demonio volvía a su lugar, con su inocente apariencia. Guillame estuvo seguro de que de haber tenido boca y cuerdas vocales, se hubiera estado riendo. “¿Con qué esas tenemos? Ya vas a ver…” se echó la bufanda hacia atrás y se iba a arremangar la túnica cuando escuchó el característico sonido de la puerta del Despacho de su maestro, por lo que antes de siquiera darse cuenta, estaba sentado en el primer banco desocupado que halló, que estaba, malditamente, en la primera fila.

Vio como el Jefe de la Casa Slytherin bajaba a paso raudo las escaleras y finalmente su vista se pegó en aquella larga mesa cubierta por la tela, la cual había reemplazado a la mesa del profesor.

-¿Qué habrá allí?- pensó para si mismo, apoyando la mejilla en su mano, mirando inquisitivamente la sábana, -Conociendo al viejo es capaz de traernos cualquier cosa. ¡Hey! Quizás son objetos malditos- recordando el trabajo de la clase anterior, -Espero que no sean mortales, aún no me como todas mis Galletas de Coco-, sollozó mentalmente, devolviendo su mirada al maestro, el cual comenzó a hablar de lo mucho que le divertía ver sus rostros angustiados. Bueno, no era exactamente eso lo que dijo, pero se le notaba. Y mucho.

-Y eso del Reglamento fue un hachazo a mi, seguro- suspiró mentalmente, dejando su posición relajada, y poniéndose derecho, sabiendo que estaba en la mira del maestro. -Y demasiado cerca de su alcance, para mi gusto- lloró internamente.

Guillame estuvo tentado de levantar la mano solo para decirle que eso de ser ‘Lo Mejor entre lo Lastimosamente Malo’ (por su bonus de la mejor tarea) le había ofendido un poco. Pero definitivamente quería saber que era lo que había debajo de esa sábana, así que se quedó callado y bonito, mirando al Profesor como cualquier alumno ansioso de oír la siguiente lección -Ewwww-.

Nuevamente se vio tentado a levantar la mano. -¿Sabe donde puedo aprender a hacer un hechizo Desvanecedor a una capa? O algún lugar donde las vendan ya encantadas, cualquier me sirve-. No, definitivamente no podía preguntarlo. Sobre todo pensando que por quien más quería ocuparla era por culpa de ESE maestro.

Cuando Owley preguntó, él quiso responderle. Era tan sencillo que casi era ridículo. -Por supuesto que la Intención con la que se haga el hechizo es lo que lo vuelve Hechizado o Maldito. Aunque un Hechizo mal hecho también puede ocasionar un Objeto Maldito-. Era tan sencillo que le parecía absurdo que el profesor de verdad lo estuviera preguntando, así que simplemente debía ser una pregunta retórica. Razón por la que se sorprendió al oír ese leve tono de decepción en la voz de él. Por primera vez Guillame se acomodó en su asiento y miró directamente a su profesor con algo de ansia. ¿Él había querido que alguien le respondiese? Eso significaba que no los tomaba a todos por idiotas, como Guillame siempre había creído que les tomaba. Eso significaba que el profesor de verdad quería que aprendiesen, que avanzasen. El pelirrojo tuvo de golpe un nuevo sentimiento de aprecio hacia el Jefe de su Casa, aprecio que nunca había tenido realmente. Ahora si quería enorgullecerlo. No sabía realmente la razón, pero ese simple cambio en la voz había ocasionado que dejase de verle como el arrogante y serio profesor, y lo viera como su Maestro.

Carraspeó suavemente, sintiendo que sus mejillas enrojecían. Eso había sido un ataque directo. Dio una mirada al perchero. Si, definitivamente le debía una, aunque después de lo dicho por su maestro comenzaba a sentirse tonto por tener esa batalla con el objeto inanimado. Un poco tonto. -Pero definitivamente me las pagará ese Perchero del Demonio-.

“Verdillimus” susurró Guillame, no mirando el perchero, si no que analizando el movimiento de mano de su maestro. La forma en que tomaba la varita, la posición de los dedos, la presión en ella, la inclinación de la muñeca y su ligera desviación hacia la derecha, hasta que el movimiento acabó y él se giró a ver el resultado, la luz verde-azulosa que se había quedado rodeando al perchero. -¡Claro que está encantado! Si aún me duele el estómago- se lloriqueó.

-Wow, tenía razón… Como amo tenerla siempre- se sonrió viendo como el profesor destapaba los objetos que estaban en la mesa. Cual se veía más asqueroso que le anterior, aunque habían un par que le llamaban poderosamente la atención.

No esperó a que se lo dijeran dos veces y, aprovechando que se había sentado en el primer asiento, se apresuró para ser el primero en poder examinar los tres objetos que tenía permitidos.

Luego de hacerlo, finalmente la clase acabó y Guillame, con un dedo adolorido y los oídos zumbando, decidió silenciosamente con el Perchero el dejar la batalla para la siguiente clase, por que una pelea con un cuasi-convaleciente no sería nada, pero nada justo. Y obviamente el Perchero aceptó.
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NotaAutor: Sandrine Gollan el Sab Ago 16, 2008 11:47 pm

No le gustaba aquella clase. Bueno, la asignatura sí, le parecía, cuanto menos, fascinante. Le encantaba sentir que se estaba preparando a conciencia por si se topaba con algo que pudiera hacerle daño; saber defenderse contra el peligro. Era muy emocionante. Pero es que el profesor… demasiado desagradable a veces. De vez en cuando era, simplemente, seco, y eso lo soportaba. Ahora, esos desplantes que hacía a algunos alumnos, como que iban con ella.

Afortunadamente, a Sandrine nunca la había tratado mal en medio de la clase, ni fuera tampoco. Aun así, iba a sus clases con cierto medio metido en el cuerpo. Siempre se sentaba en la segunda fila. La primera le parecía demasiado cercana al profesor, pero la segunda estaba bien. Se enteraba de todo. Ese día no era diferente.

En lugar de la mesa del profesor, había otra más grande. La cubría una sábana blanca, y parecía que debajo había cosas que no podía adivinar. Cuando llegó el profesor, aparentemente más cabreado que de costumbre, Sandrine, inconscientemente, se sentó muy recta y carraspeó, por si acaso.

Cómo no, había que tomar el tema de Halloween. Sandrine, claro está, había ido a la fiesta, pero se fue a la cama muy pronto; no tenía ánimos para mucho, se sentía extraña, vacía y sola. Por eso se perdió lo ocurrido, pero se había enterado inevitablemente, ya que todos hablaban de lo mismo.

La verdad es que, tenía que reconocerlo, se había asustado mucho cuando lo contaron, pero poco a poco se fue convenciendo de que no había sido más que una broma. Y las palabras del profesor Owley la estaban ayudando a tranquilizarse aún más. Nadie hizo preguntas, muy probablemente porque en la mirada de aquel hombre se leía perfectamente que no quería oírlas.

Como siempre, antes de que el profesor entrara en el aula, Sandrine ya había sacado el libro, pergamino, tinta y pluma, todo perfectamente colocado sobre el pupitre. Arriba de la hoja escribió, con letra algo más grande de lo normal y una cuidada caligrafía: ‘Objetos hechizados’, y lo subrayó con la tinta negra que estaba usando.

‘1.- Cómo usarlos.

2.- Diferencia entre objeto encantado y objeto maldito.’

A ella le gustaba el Quisquilloso, no entendía por qué había tanta gente que echaba pestes de él. Era mucho más entretenido que El Profeta, que apenas leía porque se aburría enormemente.

Mientras el profesor los ponía de vuelta y media, la morena se relajó. Estaba acostumbrada a que en cada clase los tratara como rebaño, así que ya no se sentía aludida. Recordó lo mal que lo pasó en primero, intentando mejorar en cada tarea, hasta que comprendió que eso no serviría para nada. Desde luego, a Sandrine le entraron ganas de levantarse y largarse, porque le molestaba que les hablara de aquella manera, como si ellos fueran tontos y él fuera lo más de lo más. Lógicamente, no lo hizo, porque era una alumna modelo siempre que su conciencia se lo permitía.

Comenzó a copiar todo lo que Owley iba contando sobre los objetos hechizados. Cuando hizo una pregunta, Sandrine quiso levantar la mano. Y en otra clase seguramente lo habría hecho y habría respondido, pero con Owley… era mejor callar y pasar desapercibida. Aunque, siendo sincera con ella misma, le hubiera gustado hablar y responder correctamente, para callarle la boca.

Luego continuó copiando sobre los objetos encantados. Por lo visto, el perchero, según Sandrine totalmente inútil, que había en la clase era un objeto encantado. Ella nunca jamás había colgado nada allí, ni pensaba hacerlo mientras viviera. Después vino la diferencia entre maleficio y maldición, y a esas alturas la morenita ya estaba dándole vueltas y haciéndose un lío. Al parecer, esta tarde tendría que repasar bien esos apuntes para dejarse las cosas claras.

‘Verdimillius: te dice si un objeto tiene un conjuro sobre sí, aunque no revela la naturaleza del mismo.

Specialis revelio: mucho más certero que el Verdimillius (buscar en la biblioteca, aún no lo hemos dado)’.

Tras la demostración de Verdimillius que hizo el profesor, Sandrine volvió a la definición de éste y añadió: ‘Si la varita da una sacudida, el resultado es positivo’.

Finalmente, llegó la parte práctica de la clase. El profesor destapó la mesa y dejó ver la hilera de objetos que había sobre ella. Cuando dijo la palabra ‘muggle’ Sandrine sintió un pellizco en la boca del estómago, pero de los malos. Tragó saliva. Si ese hombre supiera de su origen, quizás no la aprobaría nunca.

Sandrine se puso en pie para acudir a la fila de alumnos a la izquierda del profesor. Se empinaba un poco para ver qué objetos eran los que estaban allí. Tenía que elegir tres objetos. Cuando llegó a la mesa se paró frente a ella y los observó. Al ver el silbato, rápidamente lo escogió. Le recordó inmediatamente a Cliff, y con una mezcla de tristeza y alegría, una emoción rara e intensa, le hizo un Verdimillius. La varita dio una leve sacudida, pero Sandrine no sabía si era porque tenía un encantamiento o, simplemente, porque le ponía nerviosa saber que había personas esperando a que ella terminara. Por segunda vez, lanzó el hechizo y, esta vez un poco más fuerte, notó la sacudida. Sonrió tímidamente, hasta que recordó que ahora le tocaba averiguar qué le pasaba al objeto. Entonces su sonrisa se borró. Nada más tocarlo, el silbato empezó a sonar muy fuerte, al menos para su gusto. Como un acto reflejo, lo soltó sobre la mesa, y todo quedó en silencio. Volvió a sonreír y pasó a otro objeto.

Luego escogió el libro, quizás por su afición a la lectura. Realizó el hechizo y su varita dio una fuerte sacudida que no dejaba lugar a dudas. De nuevo sonrió, muy satisfecha, tranquila porque no pensaba qué cosa tan horrible podría tener un libro. Lo abrió por la primera página... la segunda... la tercera... un taco de páginas y nada, ni siquiera había nada escrito. Comenzó a pasar páginas muy rápidamente, luego de taquito en taquito, pero no pasaba nada. Cerró el libro, le dio vueltas y vueltas... nada. Con cara de concentración, optó de nuevo por buscar en el interior. Al pasar las páginas rápidamente le pareció ver, en un golpe de vista, algo diferente. Despacito, pasó página por página hasta llegar a una de un color más oscuro, y ¡zas!, el libro se cerró. Al menos le dio tiempo a retirar las manos con un pequeño gritito. -Vale, ya sé qué hace el libro-, pensó, y se dispuso a elegir el tercer objeto. Finalmente, se decidió por la caja.

Ahora más confiada, lanzó el Verdimillius y nada pasó. Primero se quedó algo quieta, y después decidió lanzarlo de nuevo. Otra vez, no pasó nada, así que supuso que ese objeto no estaba encantado ni nada parecido. Los otros dos objetos no quiso tocarlos, pero segura de que el tercero no tenía nada que pudiera dañarla, lo tomó en sus manos y quiso abrirla. Estaba un poco dura, así que se guardó la varita y lo intentó con ambas manos.

Nunca debió abrirla. Unos gritos horribles, espantosos, desgarradores se le metieron en el cerebro. Era insoportable, angustioso hasta el máximo. Le entraron ganas de llorar. Algunos de sus compañeros la miraban y preguntaban qué le ocurría, y ella no entendía cómo ellos no podían oír lo mismo que ella. Se dio prisa en cerrarla, aunque no sirvió de nada. Los gritos seguían metidos en su cabeza, pensó que iba a volverse loca. Dando trompicones se fue hasta su pupitre y se sentó, con las lágrimas saltadas. “Que pare, que pare, que pare”, se repetía a sí misma, sin responder a las preguntas de preocupación de sus compañeros.

Enterró la cabeza entre los brazos, buscando un consuelo que no encontraba, y así estuvo unos minutos, hasta que las voces desaparecieron. Levantó la cabeza, con un par de lágrimas resbalándose por las mejillas, y respiró profundamente. Se secó la cara con las mangas y recogió sus cosas. La clase había terminado, y el profesor claramente los estaba echando.

Salió del aula muy pálida, con cara de susto, asintiendo a los ‘¿estás ya bien?’ de algunos compañeros. Esperaba reponerse lo antes posible.
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NotaAutor: T. Asriel Murakami el Dom Nov 02, 2008 12:38 am

Noviembre era un asco. Merecía llevarse el trofeo de oro al Excremento de Troll. Le gustaría el poder tirarse al lago y olvidar todas las humillaciones que ha estado sufriendo este último mes, pero eso sería mucho más indignante… además, no quería tener más problemas con su Jefe de Casa. Owley siempre ha sido bastante agradable con él, pese a que estaba conciente de que no aprobaba demasiado a su padre, con el tenía un buen trato y sabía que lo consideraba un buen alumno. El haber sido regañado y sorprendido por este la otra noche aún le desalentaba un poco, al tan solo pensar que Owley podía haber cambiado su perspectiva sobre su persona… Fueron 10 puntos.

Se quedó de pie frente a la puerta del salón antes de ingresar, arrugando un poco su nariz ante el característico olor de comida de troll descompuesta, ignorándolo como siempre, pero viendo a ambos lados del aula en busca de cierta personita que no quería mirar. Suspiro con un deje de tristeza al no verlo, no quedaba demasiado para que iniciará la clase, y en su manía de ocultarse de Ashura –por si llegaba- fue a sentarse en un lugar poco acostumbrado para él, atrás, al fondo, en la esquina, muy lejos de la vista del profesor y tapado por otros compañeros de casa, recargando su cabeza en el banco con abatimiento.

Cuando notó que la persona a unos bancos de él se erguía en su lugar, hizo lo propio acertando en su presupuesto de que Owley había ingresado a la salón, y recién cayó en cuenta de la larga mesa que estaba en lugar del escritorio del maestro, cubierta por un blanco mantel. Sus hombros cayeron, y por primera vez, no era participe de la curiosidad y expectación de los de más, mirando hacía la entrada por si veía a Ashura… Sus ojos rojizos vieron al profesor con desinterés, e hizo una mueca con sus labios recordando recién entonces el incidente ocurrido en Samhein. Lo había olvidado por completo, pues justo después de aquello había ocurrido su discusión con el trenzado, y olvidándolo al mismo tiempo pues su Jefe de Casa le aseguraba ‘seguridad’ y el le creía, tampoco tenía humor para no hacerlo… aunque si llegase a ser victima de aquella criatura…

Asriel se hundió aún más en la silla cuando Owley hablo sobre su patético ensayo digno del Quisquilloso, le había costado bastante el poder redactarlo y dejarlo medianamente decente, se notaba que no podía hacer nada bien… Lanzó otro suspiro, mientras tomaba un pergamino y untaba la pluma en tinta para comenzar a escribir, se sentía curiosamente más insignificante que nunca… No alzó el rostro y ni se inmuto ante la pregunta retórica de Owley, dibujando un pequeño hombrecillo en la esquina del pergamino que se ahogaba en el mar. El aula se le hacía densa y su cuerpo casi de plomo, no quería estar allí. Escuchaba el incesante parlotear de Owley, pero por primera vez en tres años, no le interesaba…

Se percató que muchos alumnos agarraron sus varitas, e imito la acción enfocándose más en el profesor para poder aprender a realizar el hechizo ‘Verdimillius’, anotando la luz azul-verdosa en su memoria. Owley descubrió la mesa y sobre ella había diez objetos, con los cuales deberían ‘experimentar’ para ver si estaban encantados o malditos. Una clase sencilla, al menos, pensó el Slytherin deprimido, mientras se levantaba. En la mansión Murakami habían tantos objetos malditos, que casi podía reconocerlos con la mirada, en más de una ocasión Dave o él fueron presa de estos artefactos, que lo llevaron inclusive a pasar tres meses internado en San Mungo. Fue junto con el resto del curso a la mesa que se encontraba enfrente, luego de haber terminado de escuchar a Owley, probablemente un poco más despierto al estar frente a una actividad en la cual fuera bueno. Al menos llevaba dos años y medio sin sufrir percances de ningún tipo. Miró los objetos, era un ojo de tamaño considerable y que te miraba con sus pupilas verdes, una pluma de un color escarlata gastado, un broche cobrizo, una caja pequeña de madera, una moneda de oro, un candelero de cinco brazos, una mano blanquecina, que hizo que Asriel hiciera una mueca de desagrado y un libro de cuero. Tomó su varita y práctico el hechizo con los objetos, recordando mentalmente las reacciones fuertes, evitando a toda costa los objetos malditos, que reconocía por el ligero cosquilleo que sentía al estar en presencia de ellos, y por la reacción más fuerte del Verdimillus. Los cuales eran la caja, el medallón, la pluma y la moneda, decidiendo probar suerte con los demás. Tomó entre sus manos al pequeño broche de color cobrizo, y todos los murmullos a su alrededor cesaron. Parpadeó y miró a un lado, fijándose como una chica estaba gritando y el no oía nada. “Verdimillus” dijo, señalando al medallón que reacciono suavemente. Encantado, como lo suponía.

Prefirió descartar el ojo pues no estaba dispuesto a tocarlo, muchos menos hacerlo con la mano y por lo que miró a los tres objetos restantes y se decidió por tomar el silbato, que le parecía el menos peligroso de ellos, cerrando sus ojos inmediatamente al escuchar el pitido molesto que este soltaba, dejándolo inmediatamente en el lugar “definitivamente… buena elección” mascullo, irritado, sacudiendo su cabeza para intentar olvidar el ruido.

Y finalmente, El candelero o el Grueso Libro. La experiencia le decía lo peligroso que podían llegar a ser ambos objetos, por lo cual de que saldría con alguna herida lo daba por firmado. Miró pensativo, antes de decidirse por fin por el candelero de cinco brazos de color negro oscuro, recordando que en la mansión había uno parecido cuando tenía seis años y su gracia era bailar y alejarse de ti. Lo tomo entre sus manos, y apenas sus dedos rozaron al objeto este se torció y se enrosco sobre el brazo “¿Qué?” Asriel lo agito, provocando que el agarré fuese más fuerte, desesperándose “¡¡Muévete!!” le grita, adolorido, y asustado, moviendo el brazo de un lado a otro, viéndolo ya bastante rojo “¡déjame!” grito, pasando a llevar el brazo con la mesa “¡¡AY!!” Gritó, mientras se llevaba la mano a sus labios y le daba besos esperando que se fuera el dolor, con lagrimitas en sus ojos, viendo como al quedarse así, el candelero cesaba el agarré y caía…

Parpadeó un par de veces, para entonces mirar su brazo, levantando la tunica y viendo como su camisa blanca tenía unas pequeñas manchas rojizas “… Sabía, sabía” se queja, mientras desabrochaba el botón de la manga y veía los raspones. Miró el candelero en el piso con rencor, fijándose entonces que debería dejarlo sobre la mesa, hizo una mueca al solo pensar en tener que tomarlo nuevamente. No le pasaría el brazo izquierdo de nuevo… tampoco el derecho, por muy ambidiestro que fuera. ¡Oh! Se le había ocurrido una forma “wingardium leviosa” convocó con la varita, levitando el objeto y dejándolo en la mesa sin más contratiempos. “Verdimillius” hizo de nuevo sobre el objeto, viéndolo reaccionar ante el hechizo y haciendo una mueca confundida, anteriormente no había vibrado tanto “… ¿No me abrías amputado el brazo, verdad?” Pregunta, desconfiado, pues su brazo aun le dolía.

Gruño de mal humor cuando el profesor dio por finalizada la clase, sobando su brazo quejumbrosamente, mientras se apresuraba a correr a los puestos finales por sus cosas y salir igual de rápido de la zona, con el fin de que Ashura no lo abordará, en el caso de que el no lo hubiera visto en el lugar, o si llego tarde y no entró y estaba fuera, no tuviera que topárselo.
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NotaAutor: Lucid Atray el Dom Nov 02, 2008 4:21 am

En su mente había solo una palabra para describir aquel día: espléndido.

Como cada vez que tenían clases con Owley, salía algo más temprano de su habitación, no se había fijado si sus compañeros ya se habían levantado, pero no le importo mucho, después de todo, era su problema si llegaban tarde, no el suyo. Le dejó algunas ranas de chocolate a su minino, atrapándolas él mismo porque Liam no podía, y luego partió hacia las mazmorras.

Amaba Noviembre y su cruel frío, que atravesaba los huesos, los calaba hasta lo más profundo, y luego volvía a salir por el otro extremo. Le encantaba la sensación de tener sus orejas y nariz frías, sus mejillas sonrosadas y la tez pálida como una hoja por la reacción alérgica, no es que le gustase la alergia, pero si adoraba el frío.

Claro que no se comparaba con Diciembre, pero en esa inquietante mazmorra la temperatura bajaba unos cuantos grados, lo cual se notaba enseguida al poner mínimamente un pie fuera de ella.

Llegó al aula y entro sin más, sentándose en su lugar de preferencia: la primera fila, siempre intentaba llegar rápido por ello también, aunque extrañamente, la mayoría prefería no sentarse allí.- mejor, así no tengo cerca de la bola de inútiles…- pensaba siempre al ver como casi todos intentaban sentarse en las siguientes filas, las de más arriba o más alejadas del profesor.
Él en cambio estaba a gusto allí, no le molestaba en lo mas mínimo estar en la mira de un profesor que imponía tanto respeto.

Esperó unos minutos y enseguida comenzaron a llegar los demás, instalándose y esperando en conjunto al profesor. Como era su costumbre ignoró a aquellos y sacó la pluma junto al tintero, y algunos pergaminos para anotar. Abstrayéndose en su propio mundo, apenas notó cuando el profesor bajó de su despacho por las escaleras, excepto por el ruido que produjo la puerta al ser azotada, recién entonces miró hacia él y arqueó sus cejas: a simple vista, no parecía ser su mejor día.

La razón era más que obvia, en realidad, con lo que había ocurrido en Halloween, seguramente había tenido bastante trabajo extra, y la verdad es que Lucid, poniéndose en su lugar, querría matarse - o mejor aún… matar a los alumnos- pensó enseguida, esbozando una media sonrisa algo divertida. Él no serviría jamás para enseñar.

Apenas entró, Owley pronunció unas cuantas cortantes y tajantes palabras referentes justamente a lo ocurrido en la fiesta, era cierto que muchos se veían asustados, Lucid no estaba exactamente asustado, no hubiese sentido nada de no ser por aquel animal… los animales eran queridos para él, especialmente uno tan puro como un unicornio. Aún recordaba la sensación de náuseas y mareo que tuvo que reprimir aquel día, por estar en frente de otros, y mientras él se sumergía en aquella nauseabunda sensación, el profesor daba por terminado el asunto con uno de esos discursos que a Lucid encantaban.

Al fin se pronunció el tema del día.- ¿objetos encantados y malditos?- repitió en su mente las palabras que había dicho Owley, y anotó rápidamente aquello en el pergamino, su letra cuando se trataba de apuntes, era algo desprolija, porque él recordaba lo dicho simplemente escuchando, pero a veces anotar algunas cosas no estaba de mas.

La explicación oral del tema había empezado, y prácticamente soltando la pluma, Lucid miraba fijamente al profesor, concentrado en sus palabras, y no en escribirlas, porque en vez de ayudarle, eso le distraería. En cierto momento hizo una pregunta que no tuvo intención alguna de contestar, de hecho, él prefería no participar de la clase, al contrario, si pasaba desapercibido, mejor – no se necesita hablar para demostrar que se es mejor - ese era su firme pensamiento. No le gustaba hablar o responder a ninguna pregunta que hiciese el profesor, por más experto que fuese en el tema, en caso de lo que fuese, sino que prefería demostrarlo de otras formas, por ejemplo, en los exámenes.

Pudo percibir un tono algo distinto en las palabras que siguieron a esa pregunta que para él, había sido casi retórica, arqueó sus cejas ante aquello, pero solo unos momentos, luego regresó a su rostro habitualmente neutro. Era de esperarse que Owley tuviese algo de esperanza en algunos de los alumnos, unos pocos al menos, o eso creía Lucid – no todos son tan patéticos, después de todo… - susurró para sí mismo, refiriéndose mas que nada a algunos slytherins y a algunos ravenclaws, la única casa respetable para él, sin contar obviamente a las serpientes.

La clase prosiguió con las explicaciones sobre los objetos encantados, los malditos, y la diferencia entre maleficios y maldiciones, que era en verdad una diferencia muy sutil, pero si uno lo pensaba, era más que lógica. Puso como ejemplo al perchero, momento en el que el de cabellos violetas viró su mirada con atención, él apenas había colgado cosas allí, pero el perchero le había golpeado una sola vez: la primera vez que estuvo en Hogwarts, en primero, que por inexperto e idiota, sin querer se tropezó con el objeto, cosa que fue tomada como un acto de violencia por éste, y acto seguido recibió un golpe en la espalda que le hizo caer de rodillas al suelo, debido al cuerpecito que tenia.

Después de concluir la explicación, que había sido muy certera, por cierto – como siempre, el profesor Owley sabe perfectamente lo que dice - observó en sus pensamientos con una media sonrisa, una manta fue retirada de la mesa reemplazante del escritorio habitual, ya había visto la manta antes pero no se había fijado mucho en ella, ya que él siempre estaba distraído, al menos hasta que un profesor llegase.

Cuando el mayor retiró la manta, unos diez objetos fueron revelados, y Owley explico que debían ahora probar el recién aprendido conjuro –Verdimillius- para comprobar si estaban encantados, malditos, o ninguna de las dos.

Ni bien puso sus nubosos ojos en los objetos, la mirada se le iluminó de solo ver aquel extraño libre, tenía algo que llamaba su atención… sí, sabía que debía tener un hechizo fuerte encima, pero eso solo le aumentaba los deseos de tenerlo entre sus manos, y admirar su poder. Tenía algo de experiencia en objetos encantados o malditos, por la coloquial mansión de su padre, con tantos objetos raros que ésta tenia, sin embargo, como hacia tiempo no iba, seguramente había perdido la práctica, contaba solo con su instinto en un general, así que eligió lo que más llamó su atención.

Como estaba en la primera fila, fue unos de los primeros en poder elegir, y lo hizo sin poder ocultar su emoción, sin duda, Defensa Contra las Artes Oscuras, siempre sería su asignatura favorita. Alzó su varita de la forma elegante en que siempre lo hacia, y susurró, porque no le gustaba hablar en voz alta “Verdimillius” pronunció sobre la gruesa tapa de cuero sin nombre, y afortunadamente, la luz azul-verdoso salió disparada de su varita en ese intento, rodeó el objeto y sintió una intensa vibración que le hizo sonreír expectante.

Tomó el libro, y aunque no lo demostrase, abrirlo le costó. Su fuerza física era pobre y ello se notó en cuanto sus manos se desequilibraron, pero al final, pudo acostumbrarse, curvando sus labios en una sonrisa de presuntuosa satisfacción: no tenía titulo, no tenía escritos, no tenía nada, las hojas pasaban y el libro estaba en blanco, pero no por eso Lucid se veía aburrido o disconforme, por el contrario, corría las hojas con más deseo a cada momento, quería saber, ansiaba conocer el poder de aquel hechizo.

Llegó a la mitad rápidamente, y notó el cambio de color en la hoja central, se lo quedó observando menos de un minuto, y sin que pudiese darse cuenta siquiera, el libro se cerró en su mano sin más. “¡a-ah!... ¿pe-ro que…?” exclamó con un tono de voz algo más alto que el usual, sin mencionar adolorido, gracias a sus reflejos había evitado que le comiese la mano entera, pero no había llegado a quitarla enteramente y dos de sus dedos habían quedado presos, al final pudo sacarlos, aunque estos se veían rojizos, por lo que se los masajeó con su otra mano con una mueca algo molesta.

Siguió con el recorrido sobre los objetos y se detuvo en otra más de su gusto: aquella caja pequeña y de madera, que estaba tapada. Suspiró un poco y tomó nuevamente la varita, pronunció el conjuro y esperó a que aquella luz saliese de la punta de ésta, pero nada sucedió.

Lucid arqueó una ceja confundido, ¿cómo es que ya no funcionaba, si al primer intento, sí lo había hecho? Se irritó. Odiaba fallar, no había peor cosa para él que fallar, él NO PODIA fallar, e iba a volver a intentarlo con aquella mano, cuando sintió un entumecimiento en ésta que le hizo dejar caer su varita. Pudo tomarla con su otra mano antes de que cayese, y entonces levantó su brazo derecho, aquel que tenía los dedos de la mano hinchados “claro… debe haber sido por eso…” susurró audiblemente para otros, aunque en voz baja y luego suspiro, irguió su mano izquierda y apuntó a la caja con el rostro serio. No se podía permitir otra falla mas, y no le importaba su otra mano, para algo era ambidiestro.

“¡Verdimillius!” dijo esta vez algo más enérgico, y enseguida la luz se disparó hacia la cajita, pero la varita no vibró, cosa que extraño bastante a su usuario. Observó la varita y su mano nuevamente, pero esta vez, no había error, estaba seguro.-quizás…- pensó para sí mismo, tomando la cajita e intentando abrirla. No era pesada, pero por alguna razón, no la pudo abrir con su mano izquierda, entonces utilizó ambas, sin importarle sus dedos entumecidos, y luego de ejercer algo de fuerza, la abrió.

Repitió el conjuro, y ante su presumido y satisfactorio rostro, la varita reaccionó con fuerza esta vez, pero esa felicidad se apagó al instante en que unos insoportables ruidos que parecían desgarrar hasta la parte mas recóndita de su ser invadieron sus oídos, y no pudo evitar jadear, tapándose la boca con un mano mientras sostenía la caja con la otra. Era insoportable… no quiso saber más de aquellos dolorosos gritos, así que tapó enseguida la caja, pero para su pesar, el ruido continuó unos minutos más, logrando que se marease.

Finalmente, llegó el turno del último objeto, en realidad, el de cabellos violáceos no estaba en sus mejores condiciones, pero eso solo lo podría decir quien lo conociese MUY bien, es decir, nadie que estuviese presente. Su último objeto fue el medallón, con el cual, al pronunciar el conjuro, ocurrió lo mismo que con la caja: no reaccionaba.

Ya previendo algo así, directamente lo abrió y como antes, la varita sí que sintió la vibración en esta ocasión, una bastante fuerte, por cierto. Observó la fotografía detenidamente, pero mientras lo hacia su cabeza había comenzado a dar vueltas, sostuvo su frente con una mano, esforzándose por seguir observando, pensando que el mareo producido por la caja seguía vigente… un pensamiento que, segundos después, abandonó, cerrando el medallón al darse cuenta que si seguía, caería redondo al suelo.

Había terminado apoyado en una pared, su rostro se veía casi impasible, aunque su mirada estaba algo perdida, estaba algo angustiado por no poder recordar aquella imagen…

No necesitaba anotar lo que había ocurrido con los objetos, ya era obvio para él cómo realizar el informe. Al anunciar Owley, con el mismo humor del principio, que la clase terminaba, tomó sus cosas y se retiró primero que cualquiera, necesitaba tomar agua, aunque en realidad, se conformaba con una buena bolsa para vomitar.
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NotaAutor: Baltazar Owley el Mar Nov 11, 2008 3:56 am

((Señores, estoy implementando la "retroalimentación" de la tarea, que es un comentario de Owley a sus alumnos por la tarea, no lo tomen personal, todo dentro de la interpretacion))

Guillame Stephan
+5 puntos por presentarse a la clase
+5 puntos por presentar la tarea
+7 puntos por originalidad del post
+6 puntos por originalida de la tarea

total: 23 puntos

Nota de la tarea: Aceptable
Comentarios del Profesor: "Su redacción parece un deprimente cuento de hadas señor Stephan, esto es Defensa Contra las Artes Oscuras, no historias extraordinarios"

Sandrine Gollan

+5 puntos por presentarse a la clase

total: 5 puntos

Nota de la Tarea: Sin entrega
Comentarios del Profesor: "Señorita Gollan, si desea aprobar mi materia, le aconsejaria dejar de temerle a las plumas y usar sus manitos para la escritura"


Asriel Murakami
+5 puntos por presentarse a la clase
+5 puntos por presentar la tarea
+5 puntos por originalidad del post
+5 puntos por originalidad de la tarea

total: 20 puntos

Nota de la Tarea: Aceptable
Comentarios del Profesor: "Señor Murakami, debería dejar de escribir como si tuviera 7 años, solo le hizo falta adjuntar sus lágrimas a la tarea."

Lucid Atray
+5 puntos por presentarse a la clase
+5 puntos por presentar la tarea
+7 puntos por originalidad del post
+7 puntos por originalidad de la tarea
+10 puntos por mejor post
+15 puntos por mejor tarea

total:49 puntos

Nota de la Tarea: Supera las Expectativas
Comentarios del Profesor: "Menos vueltas y mas al punto,su ensayo es neutral, lo felicito señor Atray, de vez en cuando parece lograr cosas brillantes"

Totales

Casa mas participativa: Slytherin +10 puntos

102 puntos para Slytherin!
5 puntos para Ravenclaw
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Baltazar Owley
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