Encuentro furtivo.

Moderador: Profesorado

Encuentro furtivo.

NotaAutor: Lyan Hund el Lun Dic 15, 2008 10:57 pm

[{Se desarrolla una semana antes a las vacaiones antes de Navidad.}]


Deberían ser las ocho de la tarde y hacía más de un cuarto de hora que se encontraba arrodillado a los pies de una de esas bañeras comunales. Con los brazos apoyados en el mármol y la vista clavada en su propio reflejo, repasó mentalmente y de manera cautelosa los pasos para llenar una bañera; Poner un tapón para impedir que el líquido se escapase. Seleccionar la temperatura. Esperar a que se llenase lo suficiente, cerrar el paso del agua y... Poner las sales. Si era así de simple... ¿¡Por que mierda el agua le salía de un color turbio!?.

" Tsk..." Enervó el cuerpo con la ayuda de las manos sin despegar su enfurruñada mirada del agua culpándole a ella del color en el que se veía tintada, seguramente a causa de las viejas tuberías. Su cuerpo ya había sido previamente despojado del ropaje y ahora únicamente una desgastada toalla de color gris le cubría la cintura, por lo que estaba expuesto a la temperatura ambiente; Ligeramente más fría a lo deseado. Inhaló profundamente en una desesperada búsqueda de paz interna. Últimamente, todo salía tan turbio cómo el agua que ahora, desde la bañera, parecía burlarse de él. – A la mierda, paso. – Dio la espalda a esa bañera que en un principio había su método de auto-relajación y procedió a rebuscar entre su revoltijo de ropa dejada de cualquier manera sobre el suelo la camisa con la que había entrado.

Estaba comenzando a perder los estribos y su rubio tenía la culpa. Se había negado a dejarle en el castillo por Navidad de manera tajante poniendo de pretexto que ya había hecho reserva en el mejor restaurante para la fecha señalada, pero, por Dios. ¿Desde cuando eso importaba?. Podía haberse visto acompañado de cualquiera de sus amantes... Pero no. Gruñó desde su fuero interno y enfundó su puño derecho en una de las mangas de la arrugada camisa, haciendo que la tela se colocase correctamente en su brazo tendido, imitó el gesto con el otro y pronto tapió todo rastrojo de su pectoral acomodando tan sólo los botones centrales para que la tela únicamente se viese unida por la parte central.

El eco de unos pasos aproximándose le hizo salir de su discusión interna. ¿Un profesor? O aún peor... ¿Una profesora?. Revisó la ropa y agarró lo fundamental, pasando de los calzoncillos y quitándose la toalla que envolvía su cintura procedió a enfundarse los pantalones, poniendo especial atención en que la cremallera no le pillase nada indebido. El picaporte estaba roto y adelantándose a los pensamientos de algún alumno, había dejado colgada la corbata estampada en los colores de su casa a modo de advertencia y esta no parecía haber sido eficaz, pues, el chirrido de la puerta le hizo volverse hacia la misma. "Joder! ¿Es que no has visto la...?" Dejó de formular la pregunta al apreciar entre el molesto vaho que reinaba en la zona de quién se trataba realmente.

La razón por la que no quería abandonar en la época navideña el centro había irrumpido su intento de baño y era consciente de que el otro no sería capaz de adivinar la obsesión que su cuerpo había creado en él. No le conocía, no sabía su nombre, podía intuir el año, adivinar su casa... Pero en él había nacido un irrevocable deseo hacía el no tan desconocido cuerpo que permanecía frente a él. Pues... ¿Por qué negarlo?, había estado observándole de cerca.



[{ Thread privado. }]
Lyan Hund
 

NotaAutor: Lawrence Wittelsbach el Mié Dic 17, 2008 4:18 pm

Vaya que ese había sido un día pesado.

Excluyendo las horas de clase que tuvo en la mañana y en la media tarde, luego del almuerzo, se debía haber pasado al menos dos horas tirado en su cama, en los dormitorios de los chicos, viendo su baúl abierto y vacío, esperando que en él se destinase la pequeña pila de ropa y algunos libros que estaban desperdigados por el suelo. Se pasó las dos horas mirándolo, sin mover un solo músculo y con el rostro completamente adormilado, ‘descansando los ojos’ de a momentos, y sin salir de la cama. En algún momento la ropa aprendería a caminar sola y se metería, ¿cierto?

...Lástima. Se equivocó. Dios, ¿Por qué tenia que empacar? Es decir, sí, se iría para las navidades pero… si fuese por él, sería capaz de llevarse uno o dos libros, más un bolso pequeño de mano y gracias. – Pero nooo… papi quiere que empaque para ver las cosas que he hecho hasta ahor este año – pensó, exhalando un suspiro algo molesto y cerrando sus ojos. Se acomodó en la cama, quedando boca arriba, y llevando su brazo hasta su ojo derecho, tapándolo y cerrando el otro. “Más que empacar, debería dormir… eso siempre ayuda, pero, empacar, ¿a quién ha ayudado en su vida? Naah…” susurró entre vocablos y balbuceos, con toda la intención de dormirse y con toda la vagancia del universo en su frágil cuerpo. Siendo sinceros, no había ni asomo de ganas de empacar.

En primer lugar, él había querido quedarse allí, como su primo… y nuevamente. – pero nooo… papi no quiere que me quede dos años seguidos – de pronto pataleó un poco con sus piernas, cerrando sus ojos y apretándolos en una leve actitud de berrinche. Afortunadamente estaba solo en el cuarto, sus compañeros estaban… bueno, por ahí, suponía. Su rostro no se veía muy alterado, excepto por la mueca de sus labios, por lo demás, solo se veía adormilado. Entreabrió sus ojos, mirando con sus cejas arqueadas el reloj de pared de la habitación, propiedad de Hogwarts. “¿Ya son las 8?... Ah, p-pero… ¡empecé a hacer esto hace dos horas…!” protestó, rindiéndose y bajando su brazo, apoyándose en sus antebrazos sobre el mullido colchón. Bueno… empezar era un decir, claro está.

Subió una mano y se tapó la boca con pereza, bostezando delicadamente, pues aunque estaba solo, prefería no andar haciendo caras raras, sin considerar que su rostro tan neutro se veía extraño cuando lo hacía. A regañadientes, se levantó de la cama, y en cuanto quiso ir a darse una ducha al baño del dormitorio, descubrió que ALLI estaba alguno de sus compañeros. – Genial… tendré que ir al de afuera…- no es que le molestase, en realidad… pero, le daba un poco de impresión que fuese tan ‘público’, que digamos… no le gustaría estar bañándose y que de pronto alguien irrumpa… una de dos, o le agarraría un paro cardiaco, o el que entra terminaría recibiendo botellazos/hechizos hasta salir. Tomó lo que necesitaría (toalla, una bata para salir, un jabón especial que se veía obligado a usar por su piel sensible, etc.) y finalmente salió del dormitorio. Pasó por la Sala Común de las serpientes y luego subió al primer piso, donde estaban los baños de chicos.

Ni bien terminaron las clases de la media tarde, se había quitado la corbata, claro que su túnica tenia el escudo de su casa bordado, por lo que era igualmente fácil de reconocer (sin mencionar, que no había muchos albinos que digamos en la escuela… y ya uno solito resaltaba bastante). Llegó a las descuidadas puertas del baño, notando no solo que el picaporte estaba roto, sino que tenía una corbata en él. “¿Ah? ¿Qué hace esto aquí?” alzo sus ojos un poco, tomando la corbata con su mano derecha y pestañeando mientras la examinaba. Quizás era de algún Hufflepuff que como a él, no le gustaba usarlas… ¿pero dejarla ahí? Qué raro…

Se encogió de hombros y volvió a medio bostezar, pero aún más sutilmente por estar ya en ‘la superficie’, como le gustaba llamar a lo ajeno a las mazmorras. Teniendo aun la corbata en una de sus manos, tomó el picaporte roto y empujó la puerta, escuchando el chirrido que ésta hacia, casi suplicando por un poco de aceite, o mínimo, algo de lubricante. Ni bien abrió la puerta observó que había vapor en el ambiente, empañando el gran espejo que estaba colgado de la pared, ya habiéndose dado cuenta de que, o alguien se había estado bañado hacia poco, o alguien se ESTABA bañando…
Pero no pudo llegar a reaccionar como para salir, pues antes de que se diese cuenta, ya había escuchado las ‘amables’ palabras del susodicho, ante las cuales arqueó una ceja inexpresivamente, ayudado por su rostro. Él era amable, sí, y gustaba de serlo… excepto cuando no lo eran con él. “...¿Disculpa?... ¿Cómo se supone que voy a saber que una corbata significa ‘me estoy bañando’?... era más fácil dejar una nota, o mínimamente cerrarlo con un ‘Fermaportus’… tu eres de 5to, ¿no? deberías conocerlo…” espetó, ya habiéndolo reconocido y observando que gracias al cielo, había tenido la decencia de vestirse al escucharlo llegar.

No sabia como era exactamente su nombre, pero sí lo registraba en su ‘base de datos’, siendo de esa clase de personas a las que Lawrence prefería no acercarse. No porque fuese mala persona, sino porque… bueno, no le gustaban las costumbres que había escuchado el Hufflepuff tenía. “Como sea… discúlpame, no me di cuenta” terminó susurrando, arrepintiéndose como siempre de su tono levemente ofensivo y desviando su rostro, ladeando su mirada por la embarazosa situación. Retrocedió un paso y pensó en dejarle la corbata en el suelo, cuando su ojo pudo localizar no muy lejos la ropa interior de éste, haciéndolo sonrojarse y escondiéndo sus mejillas tras sus largos cabellos del frente. “...V-Volveré a colgarla” pronunció, refiriéndose a la corbata, y con toda la intención de volver por donde vino.

((Hola ^w^ ya llegue xD por cierto, el 'Fermaportus' - Colloportus originalmente- es el que cierra o sella las puertas^^ segun la lista, a partir de 5to se aprende^^ por eso lo que dijo Lawrie xD))
Lawrence Wittelsbach
 

NotaAutor: Lyan Hund el Vie Dic 19, 2008 11:39 pm

Pestañeó reiteradas veces cuando aquél comentario, el primero, le sacó a patadas de su pequeño estado de letargo y le dejó caer de bruces a la realidad. Fue el tono utilizado al hablar lo que más le desconcertó y le hizo, incluso, fruncir ligeramente los labios en una mueca temperamental; El gatito de sus fantasías parecía tener bien perfiladas las uñas. Lo mejor de eso era que el albino parecía no cohibirse incluso en una situación semejante, pues, aunque había atinado a vestirse antes del encuentro ambos seguían estando en el baño. Solos. Dónde tal vez los gritos de ayuda no serían escuchados. Dónde quizás su cuerpo podría dar rienda suelta a lo que por noches, tras un casual encontronazo, había estado deseando. – Calmate, joder...- Aspiró, con fuerza. ¿Dónde mierda se había metido el aire?. El vaho que empañaba el ambiente no le facilitaba la tarea de mantenerse frío, no. Quemaba los pulmones. “Suele usarse la imaginación para ése tipo de cosas.” Terció con aparente calma. Y lo cierto era que sus padres utilizaban la técnica de la corbata en las habitaciones cuando... Bueno, cuando él no ‘podía’ entrar.

Su antes gesto de ‘enfado’ se disipó tan rápido cómo anteriormente se hubo formado y pronto mostró su sonrisa más descarada. Dio un imperceptible paso hacia delante, uno y solo uno. Aún debía tantear el terreno, sospesar la situación. –Calma.- Pf, calma, claro. “¿Sabes que soy de quinto?” –Punto a favor. Pasas a ser de un desconocido depravado a un conocido con tendencias raras.- Ensanchó aún más la sonrisa por propio deleite y goce interno. “Mucho me temo que hasta el segundo semestre deberé ir dejando corbatas colgadas de los pomos.” Por primera vez hasta el momento apartó la mirada del angelical rostro adyacente y fue bajando gradualmente su atención, reparando entonces en cómo sus delgados y níveos dedos agarraban con firmeza aquella corbata que él mismo había abandonado. “Hasta entonces asegurate que recuerdas mi norma; Corbata igual a baño.” Subió nuevamente su atención a aquel par de ojos prácticamente incoloros... Sí, mucho mejor. La puerta abierta había hecho su función, ahora no sólo se podía respirar, también se podía ver; El vaho por fin dejó de hacer acto de presencia.

“No.” Pretendió no sonar brusco, pero no terminó de saber si su voz había salido con el tono adecuado. Quería retraerle, un poco, sólo un poco más. –Sé amable.- “...Fue culpa mía. Costumbres raras.” Se encogió de hombros conforme iba hablando. –Raro. Todo tu eres raro.- Su maldita conciencia le recriminó con crueldad una vez más, pero su sonrisa no cedió ni un ápice. Volvió a acortar distancias; Ya eran dos pasos. Dos. Pero ahora venía la contradicción. Él había avanzado y el otro retrocedido. ¡Oh, vamos! No se había mostrado pervertido ‘aún’, no había dicho nada fuera de lugar y tampoco... Miró repentinamente hacía dónde el Slytherin había postrado la mirada y entonces, comprendió. –Mierda.- Era su más indecorosa manía, la de dejar la ropa desperdigada, pues bien, ahora era el turno de avergonzarse de ello... Nah. Avergonzarse no serviría de nada.

Rió suavemente y los pasos que antes tan indeciso se había mostrado en dar los acortó con suma entereza; No permitiría que se fuese ahora que gracias al malogrado destino había logrado intercambiar palabras (Aunque no del todo agradables) con el objeto de su obsesión. “ ¿Sabes? Voy a quinto y...” Le condujo a placer dónde deseaba, sólo tenía que avanzar para que el otro retrocediese y así fue cómo, juntos, llegaron cerca de la puerta que se había dejado olvidada, entreabierta. “ ...No sé colocarme correctamente una triste corbata.” Guió una mano hacía la madera y ésta volvió a gemir con ahogo cuando fue obligada a ajustarse al marco y quedar nuevamente sellada. Volvió a retomar sus pasos, llevándose consigo el cuerpo del más pequeño y se detuvo cuando escuchó el sonido sordo de esa espalda al golpearse contra la puerta.

“Podrías ayudarme.” Su palma prosiguió inerte sobre la madera mientras su cuerpo terminaba de encararse al otro en lentos movimientos. Paró y se deleitó con la escena. Hasta ahora no había reparado en lo bajo que era el otro (O lo alto que era él), se veía obligado a mantener la cabeza gacha con tal de seguir vislumbrando aquellos luceros que lejos de parecerle extraños, encontraba en ellos un fascinante diamante en bruto, ojos que, junto al color que anteriormente habían tomado sus mejillas contrastaban divinamente.
La mano que le había quedado libre vagó por el cuello de la camisa del otro, no hizo presión o tocó su piel, pero si rozó con todas y cada una de las yemas los bordes de la ropa, rondando justamente por la zona ausente de corbata. “Aun que... Parece que tu tampoco gustas de ellas.”


(( ;_; Sorry por la INCREIBLE tardanza. El PC a petado, estoy en de mi padre. T_T Si algo no te agrada, avísame por MP, por favor que cambiaré/rectificaré/moriré/quemaré/destruiré {XD} *Se pondrá a hacer clase de DCAO antes que Dev le mate* ;_;UU))
Lyan Hund
 

NotaAutor: Lawrence Wittelsbach el Mié Dic 24, 2008 9:02 pm

No le molestó en lo absoluto la expresión que nació en el rostro del Hufflepuff al momento de sus palabras, claro, él sabía que había sido algo duro, pero a fin de cuentas, él no había comenzado con ese trato en un principio. Alzó un poco su rostro, mirando como éste parecía estar nervioso –aunque cómo culparlo con la situación...- e intentaba tranquilizarse, hasta vocalizar finalmente palabras en referencia a su propio mal trato. “Mhh… pues, como verás, no soy alguien muy imaginativo” susurró, controlando en todo momento su tono de voz, razón por la cual sonó tranquilo y simplemente neutral, hablando con naturalidad y más que nada, con sinceridad.
En pocas palabras, él no era alguien que trabajase con ‘posibilidades’, prefería trabajar con lo conciso y seguro, cosas en las que nunca cabía lugar a dudas, a diferencia de lo que podía ocurrir cuando uno dejaba las cosas seguir su camino ‘libremente’.

No. La imaginación se la dejaba a quien la necesitase para escapar de su realidad.

Pronto sus cejas se alzaron, luego ya de haberse disculpado y observado aquel detallito de prenda tirada a un costado, se vio invadido por una leve mezcla de confusión y sorpresa ante el repentino cambio de actitud en el mayor, que en más de un aspecto estaba comenzando a hacerlo sentirse intimidado, y razón por la que justamente sus primeras palabras habían sido dadas con pizcas de superioridad. “Claro que lo sé… además, usualmente suelen juntarse por cursos en el Gran Salón, es fácil de averiguar” susurró, mirándole con una ceja fruncida y la otra arqueada, con el cuerpo tieso y toda la intención de retroceder, cosa que de hecho hizo al ver que el otro avanzó. ¿Para que avanzaba? Ya le había dicho que su bufanda se la dejaría en la puerta como antes…”Sí... gracias por advertirme, lo recordaré” no sabía bien como responderle, era obvio que luego de haber entrado allí y encontrarse con él, cada vez que, de ahora en adelante, viese una corbata colgada, haría cualquier cosa, menos entrar.

Y ahí estaba el otro, avanzando hacia él y disculpándose, haciéndole retroceder casi instintivamente. -¿Pero que quieres ahora…? – se preguntó, comenzando a mirarlo con desconfianza y terminando por girar su rostro, avergonzándose ante la prenda tirada que había por ahí. Notó que el chico Hufflepuff también siguió su vista, y entonces sorprendió al albino, ¿cómo rayos no se avergonzaba de algo así?... Es decir, al menos, ALGO, una mínima muestra de pudor tenía que tener. –qué ego…- se boca se torció en una mueca, algo que usualmente no ocurría en él al apenas conocer a una persona, pues cuando apenas la conocía preferiría simplemente examinarla para ver si sería lógico acercársele o no. Y su conclusión sobre aquel chico era obvia: no tenía que acercársele.

Poco a poco el mayor siguió avanzando, ante la mirada del chico que cada vez se volvía más desconfiada y sometida, comenzando pronto a subirle el ritmo cardiaco y aumentarle los latidos, nervioso, y sin entender qué rayos hacía que seguía acercándose a él, mientras Lawrence retrocedía. Se sorprendió en cuanto escuchó el ruido de la mano ajena chocar contra la puerta, y el otro comenzaba a hablar, para su disgusto, acortando cada vez más la distancia, hasta terminar por chocar su propia espalda contra la ahora cerrada y rechinante puerta.
Le hablaba de corbatas, pero el albino no era imbécil ni mucho menos. “Deja de hablar… ¿Qué es lo quieres?” conciso, sí, completamente. La situación lo ameritaba, estaba poniéndolo nervioso y ya todos los poros del chico habían dado la señal de alerta, haciéndole temblar los labios por los nervios y cubrirse de un rojo carmín mucho más fuerte que el anterior, al cual había logrado controlar para que menguase y no se contrastase tanto. Era algo que hacía por inercia ante el color evidente que solía predominar en él.

Por todos los medios intentaba esquivarle la mirada, no soportaba que el otro clavase tan intensamente su vista en él, en sus ojos… Su paranoia acomplejada se despertó. ¿Qué estaba mirando? No podía haberse dado cuenta de nada. No, es decir… estaba rojo, lo sentía y su sangre no quería salir de allí… pero eso no significaba que pudiese darse cuenta de lo que ocurría con su ojo derecho, era imposible…- Imposible…-
La simple idea le hizo saltar el corazón contra su pecho, sintiendo aún más nervios que antes y apenas mirándolo debido a su sonrojo, pero viéndose medio obligado a hacerlo, ya que debido a la altura si no subía su rostro, se sentiría aún más intimidado de lo que ya estaba. La mano del mayor llegó hasta su camisa, pasando suavemente la yema de los dedos por allí y pronunciando unas cuantas palabras que al fin hicieron reaccionar al nervioso chico, que lo miró a manera de advertencia. “M-mira… número uno: no pienso ayudarte en nada relacionado a una corbata, yo las odio…y número dos: si no te alejas ahora mismo, no veré ningún otro remedio más que el romper una regla escolar” No podía creer que hasta el pulso de su mano estuviese temblando, pero lo hacía, y aún así la acercó hasta uno de los bolsillos de su túnica, donde se encontraba su varita dentro.

Una de las reglas de Howgarts era no utilizar magia en los pasillos (o en este caso, en el baño)… pero no pensaba quedarse manso y tranquilo mientras un desconocido –porque eso es… Sí, sin duda- se le arrimaba de esa manera, como si lo conociese desde hacia añares, y más aún… como si entre ellos dos hubiese un ‘algo’ especial. - No, gracias…-

Ya había escuchado de las costumbres de aquel chico, y por su madre juraba que no tenía ni tendría ningún cartel denominado ‘Juguete’ colgando de su cuerpo.

((Al contrario ^^U perdoname a mí, tarde dias... es que ya sabes, entre el dentista y Navidad, quede x__x... pero no te preocupes, que yo te espero nomas ^w^ Lo mismo, si hay algo que cambiar, me avisas))
Lawrence Wittelsbach
 


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