[LIBRE]
El olor de la comida había guiado a Kim ciegamente. Tenía tanta hambre que estaba segura de que podría empezar a practicar canivalismo sin el menor atisbo de escrúpulos.
Entró al Gran Comedor con la baba a punto de derramárse de su boca. Se había despertado únicamente por el impulso animal de comer y como resultado tenía sus normalmente sedosos pelos alborotados y una gran cara de pan.
Se sentó como pudo y saludando con un seco "...mnos días..." se puso a comer cualquier cosa al alcance de su pálida mano. El ritmo de "engullición" fue bajando a medida que se iba saciando (nadie sabía como demonios entraba tanta comida en un cuerpo tan delgado) y poco a poco se fue haciendo consciente de su alrededor.
El Gran Comedor estaba a rebosar y era difícil oirse unos a otros sin elevar el tono dos octavas y chillar un poco, pero a Kim eso le importaba poco. La necesidad primaria había sido satisfecha, ahora podía disfrutar del ambiente un poco, aunque pronto se dio cuenta de lo poco arreglada que estaba y a pesar de que nadie la estaba prestando atención las mejillas se la encendieron. Con lo blanca que era su piel, se ponía roja con una gran facilidad, lo cual la abochornaba aún más.


