¡Cuidado! Pt.2

La larga sala, totalmente acristalada por altos y antiguosventanales, contiene numerosas camas separadas por biombos. Su enfermera te ayudará a recupearte, desde un corte hasta una petrificación.

Moderadores: Ava Lieberman, Profesorado

¡Cuidado! Pt.2

NotaAutor: Zia Callahan el Lun Mar 30, 2009 8:47 am

((Titulo alternativo: Qué titulo ponerle al post cuando no se te ocurre ninguno xDDDDDDDD))


Se quedó de una pieza. El Quidditch servía demasiado para demostrarle a uno claramente los límites del cuerpo humano y cómo el mismo podría destruirse con mucha facilidad. A los doce años, edad en la que entró al equipo, ya conocía brazos rotos, otros carentes de huesos, chicos de años superiores que se escindaban al hacer una mala aparición con el fin de llegar rápido al partido más importante de la fecha. Ella misma había sufrido más accidentes gracias a la suma de sus actividades deportivas con sus experimentos de pociones... Pero jamás vió algo como lo que le mostraba Ochoa.

Tenía un aspecto casi gangrenado. Podría marear con aquel color tan antinatural de la piel. Ni que decir del agujero de su mano. A cualquiera le produciría asco, lo sabía, y Zia no fue la excepción; se llevó una de las manos de inmediato a los labios, como si presintiera que en cualquier momento devolvería todo el brebaje. Si la anterior vez no se pudo acercar mucho, ahora no sólo estiró su brazo sino que aproximó su cuerpo hacia el lado donde estaba él. Toco un poco de aquella piel azul y se llevó los dedos instintivamente hacia la nariz; quería confirmar si su primera idea era cierta y no tenía el sentido del olfato atrofiado por lo que le acababa de dar la enfermera: no despedía ningún aroma extraño. Se tuvo que alejar para no aturdirle. ¿Con qué?

-"¡Enfermera!", la llamó, mirando hacia donde estaba directamente. Hablaba alto, con decisión, para que aquella mujer no pensara siquiera ni por un minuto que se trataba de un grito de alarma desesperado, propio de las personas que no sabían sus condiciones medicas pero tendían a exagerar cada uno de sus males.Viró hacia Ochoa otra vez, mirándolo directamente. "¿Cómo pudiste traerme con el brazo así? ¡Yo pensé que no estaba tan mal!".

Lieberman llegó rápido al lado de ambos mientras Zia seguía preguntándole '¿cómo se había hecho eso?' e intentaba salirse de la cama para cedersela a él. En comparación, sus dolores le parecieron una ridiculez.

((Viene con Chris Ochoa desde los Pasillos))
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Zia Callahan
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NotaAutor: Chris Ochoa el Mié Abr 29, 2009 2:13 am

Abrió y cerró la mano un par de veces, más extrañado que asustado. No era la primera vez que tenía un accidente mágico, pero desde luego nunca había tenido uno tan raro. A traves del perfecto redondel de su palma, pudo ver a Zia taparse la boca con expresión horrorizada. Ella, al parecer en estado de shock, alargó la mano, tocó la piel de Chris y se llevó los dedos a la nariz, como olfateando la extraña afección. El lobo seguía observando maravillado cómo su mano funcionaba perfectamente aun con un par de tendones literalmente desaparecidos.

La chica se recuperó rápidamente de la esperpéntica visión, llamando con voz firme y enérgica a la enfermera. Con el mismo tono de voz, le espetó el que la hubiera llevado en brazos en ese estado. "No sabía que tuviese el brazo así... y aunque lo hubiera sabido, te hubiese llevado igual. Si tampoco me duele tanto..." era cierto, pero aunque no lo fuera, lo hubiera dicho igual. Su sangre de macho ibérico estaba siempre presente, sin permitirle mostrar un momento de debilidad. "No te preocupes, será una tontería" trató de tranquilizarla.

La enfermera llegó enseguida a examinar su mano damnificada. Él seguía hablando con Zía tranquilamente. "Me lo hice en el Invernadero, por culpa de una planta. Creo. Si no, no sé que puede ser..." observó a la pelirroja intentar irse de la cama. Con el brazo que tenía libre, la detuvo. "Oye, eres tú la que se ha golpeado todo el cuerpo, yo sólo tengo un brazo mal... puedo estar sentado. No te preocupes, estoy bien..." le dedicó una sonrisa blanquísima, mientras la enfermera, ocupada en su trabajo, analizaba la extremidad afectada desde todos los puntos.
"¿Quieres que conservemos una dulce memoria de este amor? Pues amémonos hoy mucho y mañana digámonos, ¡adiós!"

G.A. Bécquer.
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Chris Ochoa
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