Esta torre no se utiliza desde hace tiempo. Llena de muebles antiguos cubiertos de polvo, hace mucho olvidados en aquel rincón. Desde aquí hay una preciosa vista del lago.
Moderadores: Daynes, Profesorado
Autor: Nadine Lilienthal el Sab May 09, 2009 8:17 am
Necesitaba salir de allí. Notaba las miradas, los comentarios malintencionados llegaban hasta sus oídos pues eran dichos sin disimulo, nadie la miraba directamente a los ojos y en el aire se podía oler el desprecio que sentían por ella. Realmente se ahogaba en su propia sala común. No podía creer que ese día había llegado, ese día que siempre había temido y ella misma había hecho llegar para algunos de sus compañeros había llegado a su vida. Se levantó del sillón donde estaba sentada fingiendo leer el libro de historia de la magia y tomado sus cosas se dirigió a la puerta. Su orgullo era lo único que la movía a salir de su sala común,no iba a darles el gusto de verla caer en su presencia. Una sonrisa apareció en su rostro cuando al salir escuchó claramente cómo el volumen de las conversaciones subía al salir de allí, haciendo que un pequeño de primero que regresaba a la sala a descansar la mirara como si estuviera loca. Armándose con toda la entereza que le quedaba cruzó los pasillos atestados de estudiantes, sonriéndoles a algunos como si no pasase nada. Caminaba sin rumbo fijo, casi sin darse cuenta de dónde pisaba. No sabía a dónde iba solamente que debía escapar de los demás, ir a un lugar solitario donde pudiera pensar con claridad. Sus pasos la llevaron a la torre Sur, un lugar que cumplía con esa característica manteniendo en todo momento su rostro impasible. Pero en cuanto llegó y cerró la puerta tras de ella su máscara cayó. Apretó con fuerza los dientes y los labios para que ningún sonido se escapara y respiró hondo. Sin embargo no pudo evitar que dos gruesas lágrimas resbalaran por sus mejillas cuando cerró los ojos con fuerza.
Por su mente pasaban miles de cosas. Después de la cena de Halloween todo había tomado un mal camino. Desde esa noche todos sus compañeros la veían como la traidora que salía con un Gryffindor y los rumores malintencionados que había esparcido Sue no hacían más que empeorar la imagen que tenían los demás de ella. Pensaba que todo se calmaría un poco después de las vacaciones de navidad, pero no había hecho más que empeorar. Y lo peor de todo, las mismas vacaciones no le habían servido como descanso, no con Magda pegada a ella todo el tiempo. Se llevó una mano inconscientemente al hombro izquierdo. No, no quería recordar esas vacaciones. Su mente divagó por un momento hasta recordar a William. Ahogó un sollozo mientras más lágrimas le caían por las mejillas. Era esa sensación que sentía cada vez que veía a William por los pasillos, notaba un nudo en el estómago y después se evaporaba, literalmente, podía sentir las cosquillas de las burbujas que provocaba. No podía comenzar a sentir ‘algo’ por nadie en esos momentos, era peligroso y lo sabía.
Una nueva lágrima cayó por su mejilla y volvió a tomar una bocanada de aire para impedir que cualquier otro sonido se le escapase. Se dirigió hasta detrás de un sofá viejo y lleno de polvo, no quería ser descubierta en ese estado al primer vistazo de alguien que entrase por equivocación. Pegó su espalda a la fría pared y se deslizó por ella hasta quedar sentada en el suelo. Respiraba profundamente, dejando que sus pulmones se llenasen de aire por completo y aprisionándolo hasta que su cuerpo clamaba por una nueva bocanada. Debía tranquilizarse y mantener la mente fría. Pero no podía, su mente saltaba de una cosa a la otra con velocidad inusitada relacionando el gesto de desprecio de Sue con la nota que había encontrado en uno de sus libros y saltando después a la imagen del unicornio y después recordando lo sucedido en la torre de adivinación. Vampiros, unicornios, miedo, arañas, Sue, Kath, Magda, Adolff, William y finalmente su abuelo Kaspar. Imágenes aleatorias pasaban ante sus ojos a pesar de mantenerlos fuertemente cerrados. Por eso no se dio cuenta de que alguien entraba, estaba demasiado atormentada por sus demonios internos como para darse cuenta de que la puerta se abría.
((Privado))
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Nadine Lilienthal
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Autor: Willie Jackson el Dom Jun 07, 2009 12:51 am
((Perdón por el retraso, pero ya estoy aquí))
Tras su larga estadía en la enfermería, William había pasado de todo y todos, excepto de Edgard, llegando a ignorar a Nadine, esa dulce serpiente rubia de ojos verdes, a la que se moría por sacar todo su veneno. Aunque algo en su interior le decía que había hecho bien al pasar de ella, puesto que ahora ella probaba su propia medicina, ya que a pesar de que sólo se les habái visto juntos en el baile de Halloween, sus 'amigas' se habían encargado de expandir el ridículo rumor de que ambos ''salían juntos''.
-Ignorantes- había pensado William- yo no salgo con nadie, sólo utilizo y tiro- En cuanto estas palabras surgieron a su mente al salir de la enfermería su típica sornisa de medio lado se había dibujado en su rostro como una burla al resto del mundo, una burla que sólo él entendía. Había dejado los días pasar, desde luego, en su sala común nadie se atrevía a cuestionar ningún asunto sobre su vida privada, ni en su presencia ni sin ella. A pesar de todo eso, desde lejos, seguía observando a Nadine, a Dine, desde lejos, esperando. Esperando que ella se atreviera a dar el siguiente paso, por le tocaba a ella, él ya la había invitado al baile, ya la había cortejado en el baile, a su modo, pero la había cortejado. Aunque todo tuvo que estropearse.
Una vez más, estaba en uno de los pasillos, esperando a su serpiente rubia, para admirarla, para dejarse ver, para hacer que ella se desequilibrara deseándolo pero sin atreverse a acercarse a él. Llegaba el momento. Llegaba su momento, en el que Nadine estaría desecha, humillada por sus supuestos amigos, abandonada, triste... Llegaba el momento en el que ella se escaburlliría a lamerse las heridas en solitario, y no se equivocaba. Ese día había llegado.
La vio moverse como un zombie por los pasillos, con su máscara puesta, esa máscara falsa de frialdad que tanto le hacía hervir la sangre por la hipocresía que mostraba. La siguió en silencio hasta la Torre Sur, observando cómo entraba en una sala llena de muebles viejos, cerrando la puerta tras de sí. Llegó hasta la puerta y esperó. Esperó hasta que por fin sintió que la máscara que tanto cuidaba la serpiente se rompía en miles de pedazos. Esperó para darle algo más de espacio, para que por una vez dentro de ese castillo, fuera ella misma y que así, al verle, no intentara reconstruirla, sino que se mostrara de una vez por todas, como la chica frágil y vulnerable que realmente era.
Con su frente apoyada en la puerta de madera, supo que había llegado el momento, cuando su mente se vio invadida por imágenes ajenas, imágenes que no pertenecían a su vida ni su mente. Sonrió abriendo la puerta lentamente, por fin era su momento. De la misma forma sigilosa que había abierto la puerta, la volvió a cerrar, introduciéndose silenciosamente en la habitación, buscándola con la mirada, pero fue un pequeño sollozo que intentaba no serlo, el que le alertó. Su sonrisa se amplió. Había llegado su momento. Esta vez, no podría huir.
Caminó suavemente hasta llegar a ella, oculta tras un sillón, apoyada en la pared, con los ojos cerrados y llorando. Se arrodilló delante de ella, colocó su manos en la pared, para apoyarse, a cada lado de la rubia cabellera, se inclinó. Dejó saliir su tibia lengua para recoger con ella una de las lágrimas de Nadine, bebiéndola, para después acercarse a su oído, pudiendo así susurrarle con su suave voz.
"Ya estoy aquí, no tienes porqué seguir llorando"
((En serio... qué creído es el nene...))
"Qué patéticos sois. No sois más que piezas prescindibles y no os dáis cuenta de ello"
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Willie Jackson
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Autor: Nadine Lilienthal el Vie Jun 12, 2009 10:30 am
No podía ni quería abrir los ojos, no creía que la realidad fuera mejor que las imágenes en su cabeza. Imágenes que la hacían cerrar los ojos fuertemente con la idea infantil de que así iban a desaparecer. Parecía como si un dementor se hubiera materializado cerca de ella, sólo faltaba la sensación de frío y de no poder volver a sonreír de nuevo. Pero sabía que era temporal, que en un par de horas podría volver a su sala común con la sonrisa de siempre y volver a soportar los cuchicheos por lo que les durara el chisme. No creía que sus ‘queridas’ compañeras, por muy malvadas que quisieran ser, pudieran mantener el rumor sobre ella por más de un par de semanas más, demasiadas cosas habían sucedido como para centrar toda la atención en ella. Quizás si no fuera por Sue todo eso habría pasado ya a la historia, pero haber ‘rechazado’ su compañía en la cena de Halloween era una falta que estaba pagando muy cara.
Se sobresaltó notablemente al sentir un roce tibio en su mejilla y abrió los ojos de golpe. Su corazón latía a mil por minuto y un sudor frío la hizo estremecerse, tenía miedo de encontrarse con todos sus demonios materializados. Pero no, frente a ella estaba la persona que menos quería ver en ese momento, William Jackson, el Gryffindor por cuya causa había comenzado todo. Si tan sólo no se lo hubiera cruzado ese día en las escaleras, si sólo no hubiera aceptado pasar la cena de Halloween con él, si tan sólo... El ya familiar nudo en el estómago comenzó a formarse mientras lo observaba sin poder mover un músculo. Su cercanía la ponía más nerviosa y no quería volver a perderse en su mirada profunda que siempre parecía querer ver más allá de su piel. ¿Cómo la habría encontrado? ¿Tan predecible era? El escaso control que tenía sobre sus lágrimas volvía a ser historia, su visión se volvía a encharcar. Cerró los ojos intentando apartar su mente de él sintiendo cómo dos nuevas lágrimas recorrían sus mejillas.
Sus palabras suaves parecían querer ser el bálsamo calmante de todos sus pesares, pero tenían el efecto contrario. Un sentimiento de enojo fue creciendo en su interior, tenía ganas de saltar sobre su cuello y clavar lentamente sus cuidadas uñas en él, quería lanzarle un crucio y que sufriera lo mismo o más que ella. Pero estaba cansada, estaba muy cansada, y de no ser por ese sentimiento de ira que le oprimía el pecho lo habría simplemente ignorado. Pero no, había desviado la mirada, fingiendo estar muy interesada en una mancha en el sillón, dejando desprotegido el oído dónde se había a cercado a susurrarle.
“¡Oh, gracias! Por fin ha llegado mi caballero de brillante armadura a rescatarme.” Musitó sarcásticamente. “Pero no necesito de tus servicios, vete a cubrir tu cuota de ‘Salvar doncellas en apuros’ a otra parte.” La había pillado desprevenida y totalmente indefensa, eso era lo mejor que lo podía hacer en esa condición. Patético, realmente patético. Pero todo es válido para salvar un poco de la dignidad perdida, aunque ni siquiera fuera capaz de mirarlo a los ojos.
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Nadine Lilienthal
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Autor: Willie Jackson el Dom Oct 25, 2009 2:07 am
Sin duda alguna, la chica estaba mal. Tenía muchas cosas en la que cabeza que para opinión de William, la hacían distraerse de lo que realmente importaba: ÉL. Sonrió al notar el sobresalto de Nadine al notar cómo acariciaba su mejilla, abriendo los ojos de golpe. Se estremeció bajo ese toque. Ella le echaba la culpa a él de todo, se notaba en su mirada, pero eso a William le daba igual. Algo en su interior hacía que quisiera demostrarle que estaba equivocada, que la culpa no era de él, ni tampoco de ella. Al menos, no era una culpa exclusiva, sino compartida por el resto del mundo que la hacía sentir así. Poco a poco los nervios iban creciendo dentro de ella volviéndola a hacer llorar.
Sus palabras, en vez de calmarla, hicieron justo lo contrario, enfadándola, haciéndole desear muchas cosas pero se le notaba cansada. William tenía la sensación de que hacía días que la chica no descansaba debidamente, cosa que le preocupaba, aunque jamás lo admitiría ni ante ella, ni él ni nadie, así le sacaran los ojos. Sin embargo, ella, no podía ser menos, debía demostrar una supuesta superioridad ante él, dejando de mirarle a los ojos como hasta ese momento, permitiendo así, que él pudiera seguir observando sus bellos ojos verdes.
El tono sarcástico no le extrañó, hubiera sido el hecho de que no fuera sarcástico lo que le hubiera extrañado. Quisera o no, sus defensas habían caído ante él. Se acercó un poco más a su oreja, ahora desprotegida para volver a susurrarle, dejando que su aliento rozara esa piel, que sus labios la acariciara, mientras una mano se seguía apoyando al otro lado de la cabeza de la chica, cortándole una posible huída, la otra le retiraba el pelo hacia atrás, dejando más piel expuesta ante William.
"Estás segura de que quieres me valla?" Sus labios habían acariciado la oreja de la chica al hablar, pero ahora bajanban un poco más, hacia su mandíbula. "Yo no lo creo" Depositó un suave y dulce beso. "Ambos sabemos que por mucho que lo niegues, me has echado de menos. Aunque simplemente para echarme a la cara y la culpa de todo lo que te pasa" Ahora sus labios volvían a su oreja. "Dime... si la doncella que me necesita y que quiero salvar está aquí, porqué tendria que irme?"
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Autor: Nadine Lilienthal el Mar Nov 17, 2009 7:08 am
Adoraba ser vista por el resto del mundo, que la gente notara que estaba allí. Su entera existencia, o por lo menos lo que ella recordaba, se había enfocado en ser siempre el centro de atención. Pero odiaba que la observaran, como en ese preciso momento. Podía sentir la mirada de William en ella, como si no hubiese nada más. Realmente la estaba volviendo loca. Su breve ataque de ira iba desapareciendo poco a poco, siendo reemplazado por un sentimiento de incomodidad por su presencia que la instaba a alejarse de su inquisitiva mirada. Sin embargo sabía que no se iría a ninguna otra parte, no sólo porque no tuviera la fuerza para hacerlo, si no porque por alguna extraña y retorcida razón que no comprendía del todo no quería hacerlo.
Su aliento tan próximo la hizo estremecerse ligeramente, su corazón se aceleró cuando su mano comenzó a retirar su cabello e instintivamente cerró los ojos por un momento al sentir la caricia en su oreja. Pero no dejó de asentir ligeramente cuando preguntó si quería que se fuera, lo poco de dignidad que aún le quedaba no la dejó reaccionar de otra forma. Hizo un mohín de desagrado cuando dijo tan directamente lo que ella misma se había estado ocultando, que se convirtió en un gesto parecido a una sonrisa cuando sintió sus labios subiendo hasta su oreja de nuevo. Sí, quizás lo hubiera echado de menos, pero nunca se lo diría, ¡JAMÁS! Al escuchar su última frase en su oído intentó apartar su rostro del de él, pero lo único que consiguió fue darse de bruces con su otro brazo. Volvió a concentrar su atención en la mancha del sillón como si no lo hubiera escuchado, intentando fundirse con la fría pared de piedra que tenía detrás. “¿Qué...? ¿Qué pasaría si la doncella no quiere ser salvada?” Preguntó en voz baja y temblorosa mirándolo fugazmente antes de volver a clavar la mirada en el sillón.
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Autor: Willie Jackson el Vie Ene 22, 2010 12:37 am
William volvía a sonrerír con de esa forma tan característica suya. Acarició la cara de la joven con una mano, con cuidado, rozando su mejilla antes de llevar la mano hasta su pelo, jugando con él suavemente. Quería tranquilazarla, porque sólo hacía falta mirarla para saber que estaba nerviosa e incómoda con su cercanía, con su mirada. Le gustaba que la joven se estremeciera por el contacto de su aliento en su suave piel, retirándose elpelo de la cara, asintiendo levemente cuando él preguntó que si quería que se marchara. Un risa ronca y bajo salió de su garganta.
-Pero realmente no quieres que me vayas- le susurró al oído de nuevo.-Sabes que me has echado de menos, tu sonrisa me lo dice- siguió susurrando al ver su gesto.
Se inclinó un poco más sobre ella justo cuando ella retiraba el rostro, golpeando ligeramente su otro brazo, así que se acercó más para responder a su pregunta, sin dejar nunca de susurrar. -Lo que le ocurre a mi princesa es que no quiere ser rescatada, pero es demasiado orgullosa como para permitírselo a cualquiera... pero yo, no soy cualquiera.
Esa vez no la dejó escapar, no le permitió escapatoria alguna y puso sus labios suavemente sobre los de ella, sin forzar nada, sólo acariciando los de ella con los suyos.
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Willie Jackson
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