Grandes y pequeñas, llenas de mesas y sillas, algunas con bancos de madera y con pizarras enormes. En algunas se dan clases.. otras están vacías.
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Autor: Nina Farraday el Lun Mar 24, 2008 7:11 am
Cuando un chico la vio continuar por aquel pasillo, conocido por tener varias aulas deshabitadas, esbozó una sonrisa que a Nina le dijo más de mil palabras. Ella la correspondió con desparpajo, haciéndolo sonrojar; era preferible que se pensara que se estaba acostando con alguien, para no recibir ningún tipo de interrupción con Dante.
Era fácil saber donde estaba, a veces, porque parecían siempre gustarle los mismos lugares en Hogwarts, algunos que ella conocía. Además, las chicas del comedor después de la cena le dieron una clara aproximación del último camino que lo vieron recorrer. Que se perdiera la cena se le hizo extraño. -Tendrá hambre-, pensó, mientras miraba dentro de su bolso algunos bollos envueltos en servilletas, galletas, un sándwich que preparó apresurada con el asado y alguna que otra fruta que le podría resultar apetitosa.
Se paró en una de las puertas, la cual tocó con cuidado. La abrió y no lo encontró allí. Encogió los hombros, tentada de lanzar una carcajada al ver que se había confundido. Pero no por mucho tiempo porque, tenue, escuchaba los primeros acordes que la conducirían hacia él. Apresurada, siguió hasta el lugar. No se molestó en tocar, tan sólo abrió la puerta con cuidado, pasando con tranquilidad y viéndolo de espaldas. La música volvía a rodearlos, una calma que hasta podría dormiría sin temor a equivocarse.
-"Me agrada esa canción", comentó, intentando llamar su atención.
((Privado))
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Nina Farraday
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Autor: Dante Anniken el Mar Mar 25, 2008 7:00 pm
((Hola, recuerda lo de los guiones xDD))
Afinar la guitarra le relajaba. Le hubiera gustado más tener un piano a mano pero era imposible traerlo desde su casa a menos que fuera el que le regalaron cuando tenía cuatro años: un piano de juguete de laca rosada y con ositos pintados. Aún lo guaradaba como un tesoro en su cuarto en Londres. Habría sido un poco violento traerlo sabiendo que la gente no tiene la mente tan abierta como él.- Y ahora mismo no tengo ganas de que se empiecen a cuestionar mis gustos... Bastante lio tengo ya en la cabeza...-. Aguzó el oído cuando apretó la última clavija y la tensión de la cuerda metálica llegó al punto justo. Pellizcó la cuerda y un mi sonó. Ahora ya estaba lista pero ¿y él?
Posicionó las manos y cerró los ojos, mientras inclinaba la cabeza hacia delante, y cruzaba una pierna sobre la otra. Solía tocar sentado en el suelo, sin importale si se manchaba o estaba demasiado frío. Apoyó las espalda contra la pared. Su cuerpo estaba listo pero ¿y su mente?- Nina...-. Había pasado más de una semana y aunque habían hablado, el tema de la última noche pasada juntos no había vuelto a surgir. No habían vuelto a quedarse solos, evitándolo conscientemente. - Un caballero no saca los trapos sucios de sus amigos. No pregunta, solo comprende y asiente... aunque no le guste la respuesta... Aún necesito tiempo...-. Sus dedos comenzaron a tocar sin su permiso, recreando una de sus canciones preferidas. 'Don't dream its over' tenía más años que él pero le gustaba su melodía y su significado. La mano derecha aún le dolía del golpe que le dio a la pared, vendada, pero no importaba.
Respiró hondo. No solía cantar a menos que estuviera completamente solo, le daba demasiado vergüenza que le vieran. Ni siquiera delante de Nina. Ella había escuchado como tocaba pero nunca le había visto cantar. -Ahora puedo...aunque suene como un gato al que le han pisado la cola...-.Su voz era suave con aquel ligero acento que era imposible que fuera inglés, dando un toque exótico a su forma de hablar.
"There is freedom within, there is freedom without
Try to catch the deluge in a paper cup
There's a battle ahead, many battles are lost
But you'll never see the end of the road
While you're traveling with me
Hey now, hey now
Don't dream it's over
Hey now, hey now
When the world comes in
They come, they come
To build a wall between us
We know they won't win..."
Una voz femenina cortó la canción y se hizo un lio con las cuerdas al meter la mano entre ellas arañándose los dedos y rozando la venda que ocultaba la herida. " ¡Auchh! " Miró por encima de los pupitres que tenía delante y la vio.- No, ella ahora no...Por Merlin, y me ha visto cantar.. que horror-. Sonrió tontamente sin hacer caso a su dolorida mano. " Esto...Hola...¿qué haces tu por aquí?" Tragó saliva, notando como se sonrojaba de golpe.- ¿Y ahora que me pasa?... Sonrojarme por Nina... que estupidez.. Sigue siendo mi amiga...pero...-. Necesitaba más tiempo para poder hablar con ella a solas.
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Dante Anniken
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Autor: Nina Farraday el Dom Mar 30, 2008 12:52 am
La sonrisa pequeña no cambió, ni siquiera al escuchar ese '¿qué haces aquí?', que le había lanzado, cuando ya estaba acostumbrada a que le pregunte dónde había estado o por qué no llegaba antes alguna reunión previamente pactada. No hizo caso a sus gestos, a la sorpresa o lo que sea que fuere, de verla allí, aún de pie sin pasar aún. Se animó a hacerlo, con su voz todavía en la cabeza, tan suave y tranquila que le recordó a esos momentos que disfrutaba estando sola. Su música siempre lograba eso, pero ahora había especial; sintió que podría escucharlo todo el día, sentada en algún rincón y en silencio. Sin embargo, no lo pidió, pero si entró al lugar por fin, cerrando la puerta a su espalda.
"No fuiste a cenar", explicó concisa, con una expresión un poco más neutra, caminando hacia él. Era extraño el silencio que se había formado ahora, al mismo tiempo que se dejaba caer en el suelo, sentándose sobre él con las piernas extendidas y apoyando su costoso bolso sobre ellas. Lo miraba de lado, sin colocar los ojos por mucho tiempo en ese rostro sonrojado que no terminaba de ser normal para ella; la canción y la guitarra quedaban de lado en su cabeza, sin intención de sacar el tema a la luz, pero lo guardaría en un lugar especial. Uno donde estaban todos los buenos recuerdos, mayormente ocupados por ese chico de un acento algo particular que a ella se le hacía agradable.
Dejo de lado la cartera, colocando sobre su regazo las distintas cosas que había traído consigo. En ningún momento su intención real fue llevarle algo de comer, sino directamente estar a solas un momento con él; la comida era una excusa que se había presentado tan perfecta que creyó que el destino se la brindaba en bandeja de plata. El destino quería decirles que siguieran adelante, que olvidaran una noche tan rara. No estaba segura de poder, pero lo intentaría. Si que lo haría. "No pude traer bebidas por que no encontré ninguna botella vacía", comento, extendiéndole varias de sus galletas favoritas en una servilleta de tela.
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Autor: Dante Anniken el Dom Abr 06, 2008 5:45 am
- Tengo mis razones para no haber ido a cenar..-. Pensó mientras la veía caminar hacía él. ERa demasiado pronto para poder hablar con ella tranquilo. La manos empezaron a sudarle, al igual que un escalofrío le recorría la columna vertebral desde la nuca hasta el final cuando ella finalmente lelgó hasta él y se sentó a su lado, despreocupada.- ¿Cómo puede estar tan tranquila? No loentiendo, se supone que ella también deberías esquivarme, es más, twndría que evitarme mças a mi que yo a ella pero en cambio...-. Volvió la mirada hacia su amiga, que sacaba de su mochila un paquetito que rebeló tener galletas en su interior. Sonrió, aunque los nervios seguían demasiado de cerca lo acontecimientos.* Gracias, pero no deberías haberte molestado...". Dejó la guitarra a un lado y se atrevió a levantar algo más la mirada y fue el peor error que pudo hacer.
Sus ojos quedaron atrapados por los de ella, como si tuvieran un hechizo de paralización. Era tan azules que quedó perdido en ellos. Parpadeó y sin decir nada cogió una galleta, apartando de nuevo la mirada - No, ella es mi amiga, mi amiga del alma... No volverá a ocurrir nada que pueda dañarla entre nosotros...-.Pero cada vez que la veía era más difícil pasar de todo aquello. por eso evitaba estar más tiempodel necesario a su lado mientras comín o iban a clases y por unos días había dejado de lado el pasear con ella, excusandose de una y mil maneras si ella preguntaba o simplement escapando de su vista comoa quella vez- Es difícil pasar desapercibido cuando se tiene un encanto como el mío...- ¿Qué òdçia hacer él cuando casi podía jurar que si Nina había preguntado a las chicas, algunas estaba claro que había estado pendiente de sus movimientos y que se lo había dicho sin problemas.
No se dio cuandota de que se había quedado quieto,mirando la galleta hasta que su estómago refunfuño pidiendo que dejara de jugar con ella y se la echara a la boca. " Lo...lo siento...Y no te preocupes por las bebidas."EL estómago gruño más fuerte." Parece que... que sí tengo hambre...". Se hubiera podido mirarse a un espejo en aquel momento, hubiera salido corriendo de aquella cara tan acalorada que no parecía ni suya. Le dio un mordisco a la galleta. Sabía a vainilla.
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Autor: Nina Farraday el Sab Abr 12, 2008 10:49 pm
Odiaba cuando se disculpaba sin tener un motivo; parecía que esos 'lo siento', 'lo lamento' fueran las palabras más repetidas cuando conversaba con ella. ¿No se daba cuenta que no era necesario? ¿Qué jamás había necesidad de eso? No comentó nada, acostumbrada al retiro de su mirada desde aquella noche, desde que el silencio ya no era cómodo y las palabras no sonaban igual que siempre. -No es nada igual que siempre-, se dijo, soltando una pequeña risita al escuchar el gruñido de su estómago. Sonaba real, si que lo hacía, como las de todos los días, pero tan sólo constituía una excusa para calmar el ambiente.
La tensión era tan palpable y concisa que dudaba que una tijera pudiese cortarla con facilidad.
-"También traje otras cosas". Tomó entre sus manos tanto alimento envuelto y pensó en dejarlo sobre el regazo de Dante. Sin embargo, esa cercanía empeoraría todo por completo. Los dejó allí, en medio de los dos, mientras que desenvolvía algunas cosas, dejando una gran servilleta por debajo como mantel.
Su respiración era tranquila, intentando que la de él se contagiara y se dignara a volver a la normalidad. Incluso, le dieron ganas de ceder ante el impuso, cogerle del cuello de la camisa y removerle hasta que reaccionara y se comportara como siempre. Como un estúpido, un niño, como lo que él quisiera, pero que apartara por fin esa expresión de su rostro. Al fin y al cabo, era ella. Y en sus manos, no había un cuchillo a la orden para asesinarlo ante el menor movimiento.
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Autor: Dante Anniken el Dom Abr 20, 2008 8:24 pm
Masticó tranquilamente, aún sintiendo el calor de sus mejillas en cada trozo de la galleta. Unos días antes había comentado algo con Ashling Rander, una encantadora chica de Hufflepuff. El consejo había sido que habalse con ella y que le obligase a demostrar que si estaba enfada con él. Por que a pesar de que era él quién se escapaba de ella por los pasillos, estaba más que seguro que estaba enfadada con çel y que de un momento a otro se desquitaría totalmente con esa mirada fría y cortante que solía regalarle cuando se pasaba de la raya. Era como su conciencia, poniéndo límite a lo que llamaba sus tonterías.
Casi sin darse cuenta se acabó la galleta y su mano, sin tan siquiera mirar, palpó sobre el mantelito que ella había puesto entre los dos y tomó otra, ensimismado en si mismo, intentando encontrar el valor necesario para lanzarle a decirle que le regañara, que le gritara, que le pegara si quería, pero algo que dejara de hacerle sentir tan mal. quería que todo volviera a ser como antes, sin ese raro palpitar bajo su camisa, sin el calor que se concentraba en la cabeza y sin que sus mejillas se conviertieran en semaforos rojos cada vez que ella le hablaba. El día anterior, a pesar de haber escapado de ella mientras le preguntaba a una chica algo sobre el tema que había dado en pociones, se dio la vuelta y se fue, arguementando que iba a los lavabos de las mazmorras... tres pisos más arriba de los normal. Podía escuchar como ella le llamaba intentado que se volviera ... tres pisos más arriba de lo normal. ¿Cómo era posible que entre tanta gente fuera capz de escuchar su voz con toda nitidez? tenían que ser cosas de la magia de aquel castillo, por que sino no lo entendía.
- Venga... Dante... ¿Eres o no eres un gryffindor? -. El trozo de la galleta que quedaba en su mano se deshizo en migajas bajo su puño. Ya no era momento de dejarlo para más adelante. Había tomado la decisión. Se volvió hacia ella y la agarró de los hombros, encontrándose con sus ojos.
"¡¡ Por favor Nina, dime que me odias, que soy un imbécil, un idiota rematado, un miedica deprimente que no sabe que hacer para que todo sea como antes... para que... para que... !!". La mirada era llorosa, deseperada e infantil, la cual solía poner cuando se sentía desequilibrado en la vida. Eso era, tenía que encontrar de nuevo ese equilibrio."... para que... volvamos a ser... como hermanos". Hermanos, aquella última palabra le quemó en el paladar, pero era lo correcto. Sí, estaba haciendo lo correcto. Borrón y cuenta nueva.
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Autor: Nina Farraday el Dom Abr 27, 2008 2:34 am
Por un momento, deseó dejarse llevar, levantar los brazos, rodearlo con fuerza y decir 'todo estará bien'. Una y mil veces, todas las que fueran necesarias, con tal de que se tranquilizara y apartara de su rostro esa expresión triste, que quedaba mal en alguien a quien siempre estaba acostumbrada a ver sonreír. Tal vez, con un poco más de empeño de su parte, podría haberlo hecho, claro que sí, hacerle sentir lo que su corazón quería y arrancarle, de algún modo, esa risa que escucharía durante horas. Que tranquilizaba.
Pero aún el alma estaba endurecida y, a las palabras de Dante, la frase 'qué ridículo' se levantó, sobrepasando cualquier otra idea y dejándolas sumidas en el olvido. ¿Por qué maximizaba las cosas de esa manera tan profunda? Era un niño, un niño muchas veces insoportable, como sucedía con las personas que, desacostumbrados a ellos por mucho tiempo, les parecían adorables a los primeros minutos y, después, tan sólo querían que sus madres volvieran por ellos. Detestaba ese show barato que podría llamar a la lástima de cualquiera, y a la suya, si es que estuviera tan desarrollada como para sobresalir de algún modo real hacia la superficie. Era un idiota, un ser deprimente por momentos que le provocaba golpear para que reaccionara de una vez; con llanto nada se resuelve y ella lo sabía más que nadie. ¡Que miedica insoportable, qué imbécil! Su rostro fue reprimido severamente para que el gesto que acompañaba esos pensamientos no relucieran de modo fatal. Pero si algo era cierto era que, a pesar de cada una de esas cosas... No podría odiarlo.
Infantil, desesperado, algún lado de ella misma renació y apoyó sus manos sobre las de él, una sobre cada hombro, entrelazando los dedos entre ellos, presionándolos. Un 'Estoy aquí' tácito fue escrito y no era ella quien se movía a plena conciencia. Ese mismo responsable fue quien la hizo sonreír un poco, animada por las palabras que escuchaba. Volver a ser hermanos. -Volver a la normalidad-, se dijo, cerrando los ojos por un momento, sobrepasada por primera vez ante la idea de que eso no volviese a suceder después de esa noche equivocada en donde todo había sido fuerte. Aún ella buscaba entender cómo sus piernas habían reaccionado, su cuerpo, como si Dante fuera cualquier desprevenido del montón. "No era necesario decirlo". Sin saber cómo, su voz sonó real, en un susurro calmado, calmante. Su cabeza se adelanto, sus manos soltaron las del muchacho y las obligaron a bajar de a poco, a apoyarse sobre su regazo de forma casta, propia cuando se trataba de él. Se adelantó hacia él, buscó su pecho y se apoyó allí, de modo fraternal. Buscó su abrazo, tal como lo hacía en pequeños momentos de debilidad y cuando él ni siquiera sabía por qué lo estrechaba tan fuerte. Por Dante, si podría pasar por sobre cualquier idea retorcida de su cabeza, deseo de represión o cualquier cosa que la detuviera.
Una vez más lo hizo, como tantas tardes y noches en el pasado, rodeando su cintura con los brazos, casi recostándose un poco en su cuerpo. Miró un poco hacia arriba. "Jamás podría odiarte", le reveló y le pareció que era la primera vez que le decía eso, o que le hablaba con tanta sinceridad en tan breves palabras. "Somos como hermanos".
Pero no supo por qué eso le supo extraño.
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Autor: Dante Anniken el Jue May 22, 2008 3:50 am
Cerró los ojos mientras ella le abrazaba, mientras él la abrazaba.- Jamás podría odiarte...Somos como hermanos...-. Subió una de las manos a sus cabeza y comenzó a acariciar sus cabellos, dejando que ella reposara contra su pecho. Lejos ya de la mirada de ella abrió los ojos. - Hermanos...-. Sí eso era lo correcto. Desde que se conocieron en el tren, desde que les tocó la misma casa, desde que empezaron a sentarse juntos en todas las clases que compartían, eran como siameses. Él siempre detrás de ella, corriendo tras sus pasos, protegiendola aunque a ella no le gustara, regalandole una y mil cosas que a él le parecían extrañas como las recordadoras y otros cachibaches y que para ella eran de lo más normal. Al fin y al cabo , él era mestizo y su madre lo había criado como a un muggle hasta que dio muestras de magia. Sonrió al recordar como había pasado eso. Tenía siete años y su madre intentó que se comiera una patata cocida, algo suave por que estaba mal de la barriga. Las odiaba. Cerró la boca y se negó a comer, aguatando la respiración. Empezó a ponerse azul, morado pero después se puso verde y acabó blanco a topos negros como un dálmata, y cuando se vio así, se puso a llorar como un desesperado. Tuvieron que llamar a un medimago, el cual dio el diagnostico que el niño había sufrido una simple rabieta. Le dio una piruleta y todo volvió a la normalidad, hasta que empezó a hacerlo de forma natural para que le dieran una piruleta. Su madre y su padre aquella vez llegaron a la misma conclusión: iba a ser todo un reto criar a un mago como él.- Pero les salió bien, sino no estaría aquí...y no habría conocido a Nina-. Suspiró y la abrazó aún con más fuerza, como si temiera que ella se escapara.
"Aunque nuetras sangre no sea la misma siempre seremos hermanos...". -Hermanos...-. Se le hacía pesada esa palabra pero tendría que acostumbrarse de nuevo a ella y tragarla como una patata cocida. Era lo que había, o lo tomaba o lo dejaba. Jamás la abandonaría. "Siempre estaré a tu lado. Por muy lejos que esté algún día, solo llámame y me tendrás a tu lado al instante...". La voz tranquila y dulce, casi como si estuviera consolándola. No había sangre que los ligara pero se sentía unido a ella más que a alguno de sus verdaderos hermanos. Solo Karolina y Thorstein habían sido más que hermanos para él. Era el pequeño de la casa. Con ella se llevaba quince y con él siete, la mayor y el más pequeño hasta que él llegó de improviso, y parece que eso marcó su carácter.
Se separó un poco de ella, le levantó el mentón con una mano para que le mirara y le sonrió, sereno desde que ella había entrado por aquella puerta. " ¿Sabes que nos parecemos un poco y todo? El pelo rubio, los ojos azules, los mismos gustos por los pijamos, por que, reconocelo, tu preferido es mi pijama de ositos...". Hablaba medio en serio medio en broma, sin dejar muy clara cual era su verdadera postura pero ella sabría ver la verdad. Le dio un toque en la nariz, le guiño el ojo y de pronto, le dio un abrazo pesado de oso, mientras empezaba a reirse de si mismo, tan sincero como siempre. Era lo mejor para rebajar aquella tensión que aún sentía en la boca del estómago y estaba seguro que no era por hambre.
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Autor: Nina Farraday el Mié Jul 02, 2008 7:43 am
En realidad, odiaba aquel pijama de ositos. O el de pelotas, o cualquiera de los pijamas que usaba Dante, los cuales parecian haber sido hechos con las telas más infantiles que alguien podía crear. Pero como siempre, se limitó a asentir con una de esas sonrisas que sólo a él le podía brindar. A esas sin malicia, hasta con gracia. Se dejó abrazar con fuerza, intentando corresponder de la misma forma aún cuando sus brazos eran más débiles y su estatura, pequeña a comparación de la de él.
Oír su risa era un placer, porque sonaba sincero, sonaba como siempre. Reconocía su risa en un salón lleno de gente ya que, a sus ojos, sólo un ser con tanta pureza podía sonar tan sincero, con tanta vitalidad sana y limpia. Y es que, siempre, sería un ser limpio. No intentó imitar su gesto; cuando ella reía, todo adquiría un cierto tinte astuto. Antes de pensar '¿qué es tan gracioso?', cuando la escuchaban, nadie podía evitar preguntarse cual era su próxima maldad o quien era la próxima víctima. -Gajes del personaje-.
Fue Nina la que aflojó los brazos y se fue separando de Dante, aún con aquella sonrisa abierta en el rostro, sólo por él. -Siempre por él-. Nadie podía hacerle sentir de esa manera, tan calmada. Porque, al estar junto a él, todo parecía estar olvidado y la calma llegaba como si nada estuviese sucediendo. Él tenía ese efecto y se preguntó si también otras personas sentían lo mismo al estar junto a él. -Seguramente, ¿por qué tendría que suceder solo a mí?-. A diferencia de ella, Dante hablaba con muchas personas más y, de más de una, sería un entrañable amigo.
"Eso de los pijamas... Me hizo recordar que tenía que comprarme uno nuevo; el que me gusta y uso siempre, se ensució cuando volqué un frasco de tinta permanente sobre él", hizo mención, aún con las manos en su pecho y no tan alejada de él. "¿Me acompañarás a Hogsmade en la primera salida? Te invitaré una cerveza de mantequilla", ofreció. Él no había dicho nada todavía, pero los dedos de Nina se posaron en sus labios, pidiendo silencio. "Y no vengas con eso de que en Tres Escobas no dejan ingresar a nadie que tenga menos de 17 años. Igual, nadie dijo que iremos a Tres Escobas por esa cerveza".
Terminó con un guiño el cual, como si fuera un reflejo, le imprimió una cuota de seducción patentada por ella con una mirada que parecía querer decir más. La blanqueó de a poco, sin darse cuenta de lo que había hecho.
"Ahora sí comerás, ¿no?".
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Nina Farraday
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